Mundial de Rallys | Suecia

El último finlandés volador, el heredero de Henri Toivonen

Comenzó a conducir con ocho años.

Latvala, ayer en el podio.
Pipo López
Redacción de AS
Actualizado a

Cuando Henri Toivonen conseguía el triunfo que le convertía en el ganador más joven de la historia del Mundial de rallys en el RAC de 1980 con 24 años, Jari Matti Latvala ni siquiera había nacido. Lo hizo cinco años después en Toysa (Finlandia) y 22 más tarde batía el récord de su compatriota al ganar en Suecia 2008, un triunfo que repetía ayer. No se llegaron a conocer: Toivonen falleció en un accidente en el Tour de Córcega cuando Jari Matti sólo tenía un año.

El veneno de la competición le picó a Latvala casi desde que nació. Su padre corrió rallys durante 25 años y así lo recuerda: "Cuando le veía compitiendo, simplemente quería hacer lo mismo. Recuerdo que el primer rally que vi fue en 1989, con cuatro años, cuando fui con mi madre a ver a mi padre". Tras fajarse con un buggy de plástico, con ocho años ya condujo un Ford Escort Mark I y con nueve, un Talbot Sumbeam, el mismo coche con el que Toivonen logró el hito que él batió. Después pasaron por sus manos un Opel Ascona, un Escort Mark II y un Toyota Corolla GT.

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Como en Finlandia no se puede correr hasta los 18 años, tras asombrar a todos con 16 en un test organizado por el líder de los finlandeses voladores, Timo Jouhki, se fue a Gran Bretaña, donde sí que está permitido competir a partir de los 17. Y ya a esa edad debutó en el Mundial en la cita británica y desde entonces ha corrido en un total de 107 pruebas, de las que ha ganado seis, ha logrado siete segundos puestos y trece terceros. La verdad es que en más de una ocasión cedió el triunfo a Mikko Hirvonen, el hombre al que batió ayer, por órdenes de equipo en Ford.

Pero si Latvala es conocido por su elevadísima velocidad, también lo es por sus accidentes. Por ejemplo, el brutal vuelco de Portugal 2009, en el que dio 21 vueltas de campana cayendo ladera abajo. Muchas veces tenía el triunfo en sus manos y un accidente lo impedía. Pero es que por sus venas no corre sangre, sino gasolina, ya que el negocio familiar es una tienda con un tramo de test de rallys y un circuito de kárting.

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