Juan Porcar nos descubrió el sueño del Dakar
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Ahora que nos hemos habituado a un Dakar de grandes estrellas, presupuestos multimillonarios, una organización impecable, un seguimiento masivo y todo aquello propio de una competición de su tradición, en ocasiones nos olvidamos de los orígenes de una prueba que tenía más de aventura que de carrera. No diría yo que fuera mejor o peor, aunque sí muy diferente... Y, como en cualquier otro deporte, España también tuvo su precursor en el desierto: Juan Porcar. En 1982, cuando en este país apenas unos pocos sabían lo que era el entonces París-Dakar, este catalán cogió una moto española, una Ossa Pioneer (no podía tener nombre más acertado el modelo) y se plantó en África, supongo que ni siquiera teniendo muy claro a lo que se iba a enfrentar.
Tengo grabada desde entonces en mi memoria la portada que la revista 'Solo Moto 30' le dedicó a Porcar. En cuclillas delante de su Ossa, sobre la que se apoyaba una mochila naranja con todo su material, un plato metálico en las manos e intentando recuperar fuerzas en la noche cerrada tras otra jornada maratoniana. Sin asistencias, sin GPS, sin apenas recambios, sin grandes patrocinadores, ni muchos medios... Aquella imagen me fascinó y entonces entendí, cuando yo ni había cumplido los dieciséis años, que el Dakar no era una carrera cualquiera... ni sus participantes tampoco. En realidad se trata de una fábrica de sueños, los mismos que hoy, tanto tiempo después y con tantas diferencias, muchos siguen persiguiendo. Pero Juan fue el primero, el que nos mostró el camino y deberemos agradecérselo siempre.
