Motociclismo | El último adiós

Conmovedora despedida a Simoncelli en Italia

Miles de personas siguieron el funeral de Marco en la iglesia de Santa María de Assunta, en Coriano, muy próxima al circuito de Misano, para rendir un sentido homenaje al piloto fallecido el domingo en Sepang.

<b>UNO DE LOS NUESTROS. </b>Paolo y Martina, el padre y la hermana de Marco, se abrazan ante el féretro de su hijo acompañados de la multitud que rindió tributo al guerrero caído.
Mela Chércoles
Redacción de ASEnviado especial de AS a los GGPP de MotoGP
Mela Chércoles nació en Madrid en 1975 y accedió a AS en 1996. Es enviado especial a los GGPP de Motociclismo desde 1999. Colaborador de la SER. Licenciado en Periodismo por el CEES, en la actualidad UEM. También ha cubierto el Dakar en 2004, la información del Real Madrid y la Selección Española de fútbol.
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Entender la muerte como una parte más de la vida, y asumir que ese capítulo ronda más cerca cuando uno es piloto de carreras, es la mejor manera de encajar la irreparable pérdida de Marco Simoncelli. Así lo volvió a transmitir ayer al mundo la familia del piloto fallecido el pasado domingo en Sepang, sus padres, Paolo y Rossella, su hermana, Martina, y su novia, Kate, durante el multitudinario funeral celebrado en la iglesia Santa María de Assunta de Coriano, en Italia, muy cerquita del circuito de Misano.

Su aforo para 400 personas se quedó pequeño, porque fueron millares los que se trasladaron al pueblo en el que vivía Super Sic para acompañarle en su último viaje. Dentro estaban los más allegados, con los familiares en primer plano, junto a los que se sentó Rossi. Eran como hermanos y su cara de incredulidad era la de toda la familia mundialista, pero el abrazo cálido de Rossella le hizo sonreír.

Asistieron muchos compañeros del campeón de 250cc de 2008, sin necesidad de que les uniera una gran relación dado que la solidaridad entre moteros es ley. Un buen ejemplo de ello fue la aparición de Jorge Lorenzo, cuyas letras en el libro de firmas lo decía todo: "Siempre te recordaré. Perdona por haber discutido contigo".

Otros nombres ilustres, Capirossi, Dovizioso, Corsi, De Rosa, Spies, Simón, Elías, De Puniet, Melandri Agostini, Crivillé, Schwantz, Poggiali, Gibernau, Cecchinello, Puig, Preziosi, Suppo, Nakamoto, Uncini, Guareschi o Pasini, que estaba tan unido a Marco que se ha tatuado en la muñeca un visible 'Sic 58'. "Así cuando salude todos lo tendrán presente", dice.

La llegada del féretro a la iglesia deparó imágenes tan escalofriantes como conmovedoras, y una emotiva ovación se extendió por espacio de media hora acompañando su ascensión por la escalinata. Lo portaban los miembros de su equipo, el Honda Gresini, que ya afrontaron una tragedia similar en 2003, cuando falleció Daijiro Kato fruto del accidente sufrido en la carrera de Suzuka de MotoGP.

También fue de carne de gallina la salida del féretro, rumbo al cementerio a la vez que sonaba su canción favorita: 'Siamo solo noi' (Sólo estamos nosotros) de su amigo Vasco Rossi.

El departamento de prensa de su equipo emitió después un comunicado agradeciendo las incalculables y reconfortantes muestras de cariño recibidas, que calificaron "de otro planeta", a la vez que imaginaba lo que habría dicho su piloto al ver el tributo que se le rindió en su funeral: "¡Dios, cuánta gente! Tanta gente realmente me quería así de bien".

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Las estimaciones hablan de 10.000 visitas a la capilla ardiente instalada el miércoles el teatro de Coriano e "incalculable" el número de aficionados que siguieron en vivo el funeral, ya fuera por las calles del pueblo en el que vivía Super Sic o a través de las pantallas instaladas en el circuito de Misano.

Francesco Lambiasi, obispo de Rimini, dirigió la homilía y lamentó haber tratado sólo una vez con Marco. Los que lo hicieron con frecuencia sabían bien que, fuera de la pista, tenía un corazón que no le cabía en el pecho, pero quedará para todos por igual un recuerdo imborrable. Ya es leyenda.

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