Motociclismo | El Mundial llega a Japón

Serviá "Tuve miedo, pero hay que ayudar a Japón"

Los pilotos de MotoGP ya están en Motegi pese a las reticencias a viajar a Japón por la radiación. Oriol Serviá compitió allí hace una semana en la Indy. El viaje fue "satisfactorio" pese a un seísmo de 6,2 grados en la escala Richter

<b>EN LA INDY. </b>Oriol Serviá, con su equipo Neuman/Haas.
Héctor Martínez
Subdirector de AS
Nació en Madrid en 1969. Licenciado en Ciencias de la Información (Periodismo) por la Universidad San Pablo CEU. Entró en el Diario AS en 1991. Hasta 2017 ejerció como redactor en las secciones de Baloncesto, Cierre, Más Deporte, Fútbol y Motor. En 2016 es nombrado redactor jefe de la sección de Motor. Desde 2017 es subdirector del diario.
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Los pilotos del Mundial de MotoGP ya están en Motegi, pisan su tierra y su asfalto, donde hace nada brillaron nuestros campeones de trial (con Bou a la cabeza) y la pasada semana, sin ir más lejos, Oriol Serviá. Allí se disputó la 16ª prueba de la IndyCar, marcada por el temor a la radiactividad. Algo que ya pasó. "Fuimos con el mismo temor que ahora tienen Rossi y compañía. En mi caso, no por la radiactividad en sí, ya que los informes publicados hablan de un nivel mayor en Roma o Madrid, sino porque los alimentos pudieran estar contaminados, por el agua, etc... Afortunadamente, todo salió bien", reconoce el piloto catalán desde Los Ángeles.

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Aunque todo, todo, no fue tan bien. En su segunda jornada en tierras japonesas, un terremoto de 6,2 grados en la escala Richter sacudió Motegi, situado a 120 kilómetros de la central nuclear de Fukushima. Y el miedo aceleró. "Estaba en mi habitación, con el ordenador, y la pantalla empezó a vibrar. Fue fuerte. Y yo pensaba, bueno, va a parar, ahora, ya, pero no lo hacía...", relata Serviá, que en el trazado asiático firmó un quinto puesto que le permite ser cuarto del campeonato. El hotel en el que estaban alojados los pilotos difundió una nota para tranquilizar a la familia de la Indy, cuya directiva ya había garantizado "seguridad absoluta" antes de volar a Japón. En dicho hotel, la carne procede de fuera del país y todos los alimentos superan un riguroso chequeo.

Esta semana, sin embargo, la IRTA (Asociación Internacional de Equipos de Competición) ha prohibido a las escuderías del Mundial de MotoGP llevar alimentos desde sus países de origen. Serviá comenta que "en el trayecto del aeropuerto al circuito nada hace ver que allí han sufrido un terremoto y un tsunami", que "se respiraba tranquilidad" y que los pilotos regresaron a EE UU satisfechos de cómo salieron las cosas: "Por el momento nadie parece tener tres orejas... No, ya en serio, si los organizadores deciden seguir adelante con la competición es que se dan las condiciones de seguridad necesarias". Tras Motegi sólo quedan dos pruebas de la Indy 2011: Kentucky (este fin de semana) y Las Vegas (16 de octubre). Dos óvalos en los que Oriol confía en "mantener el colchón de puntos sobre Kanaan y acabar cuarto el campeonato", un éxito que acercaría su renovación ("eso y un patrocinador, claro") para 2012. Habrá tiempo para hablar de ello. Por lo pronto, recuerda Motegi. La carrera. La experiencia: "Japón necesita un poco de amor y el deporte es una ayuda. Hay que contribuir a que vuelvan a vivir con normalidad".

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