El talento de Sainz puede con Al Attiyah
La presión del madrileño llevó al líder qatarí a cometer un error y sufrir un accidente, con lo que Carlos es virtual ganador de la prueba

Son las ocho y cuarto de la mañana en un poblado perdido del desierto de Karakum, en Turkmenistán. Un ruido ensordecedor llega hasta los caballos de pura raza Ahkal Teke que corren, nerviosos, entre las dunas. Al Attiyah es el primer Volkswagen que aparece como un disparo, parece tenerlo claro y en el primer cruce coge el camino de la izquierda y rueda como un demonio por la montaña de arena. Error. Tres minutos después Sainz, con el coche saltando a cada metro, pasa por el mismo sitio y gira a la derecha, por el rumbo correcto. Después, De Villiers hace lo mismo. Y Mark Miller. Y el primer camión. A los pocos minutos, de nuevo se ve el Touareg del madrileño que regresa y sigue la senda marcada por el qatarí. Se ha equivocado.
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Pero a veces un fallo se convierte en acierto. Sainz y Lucas Cruz, su eficaz copiloto, estuvieron toda la etapa de ayer siguiendo al piloto árabe. Cerca, cada vez más cerca. Al límite del pilotaje, más allá de lo que aconseja la razón en un raid. Hasta el kilómetro 283. Ahí, de repente el español ve en el aire al coche que va delante de él: una, dos y tres vueltas de campana. Se paran. Al Attiyah y su acompañante dicen que están bien, completamente aturdidos. La táctica ha funcionado. Sainz, que comenzaba con casi cinco minutos de desventaja, se va a convertir, tan sólo acabando el enlace de hoy, en ganador de la Ruta de la Seda.
Quizá el sentido común aconsejaba a Nasser dejar pasar a Sainz y seguir su estela, pero también es cierto que el madrileño ya le sacaba tres minutos y con un pinchazo podría haber perdido la prueba. Tenía que arriesgar y le salió mal. El maestro ganó la partida de ajedrez. Como en Brasil. Y con otro triunfo de etapa. Y eso que a Sainz y su copiloto, Cruz, aún les queda trabajo de compenetración. Hoy, ante Medvedev, presidente de Rusia, y sus homónimos de Azerbayán, Kazahstán y Turkmenistán, un español se proclamará rey en el desierto.
