Un cuarto de siglo sin Gilles Villeneuve
Hoy se cumplen 25 años del fallecimiento en un accidente en Zolder del piloto sin corona más admirado de la historia. Su increíble pilotaje aún tiene muchos adeptos

La historia de la F-1 se detuvo un 8 de mayo de 1982. Gilles Villeneuve iba desatado a bajar el tiempo de su compañero en Ferrari, Didier Pironi, durante los entrenamientos de calificación del GP de Bélgica en el vetusto circuito de Zolder. El francés y él no se hablaban desde que, en la carrera anterior, Ímola, Didier no respetara las órdenes de equipo y le arrebatara la victoria en la última vuelta. En el podio, el bravo canadiense se negó a celebrar esa segunda posición ("Didier y yo teníamos un acuerdo para no adelantarnos"). Y por ese acuerdo tácito en Ferrari, Gilles no pasó a Yodi Sheckter en 1979 en varias ocasiones y perdió sus opciones de ser campeón. Además, desde boxes les pusieron el cartel de 'Slow' a ambos pilotos. Con el agravio del GP de San Marino en mente se acercó a toda velocidad al March de Jochen Mass y, al intentar adelantarlo por el interior tocó su rueda trasera, que ejerció de catapulta y lanzó por los aires al Ferrari 126C2 con el número 27. Dio varias vueltas de campana y el asiento se desprendió, lanzando a Gilles mortalmente contra las protecciones.
Su fallecimiento a los 32 años se produjo varias horas después. La curva Terlamenbocht quedaba inscrita para siempre en la historia negra de las carreras, al igual que las faldillas aerodinámicas, causantes del efecto suelo, prohibido en 1983 por su facilidad para hacer despegar los monoplazas.
El padre de Jacques, que luego se proclamaría campeón en 1997, pilotaba siempre al límite y los fans de Ferrari le consideraban capaz de los logros más increíbles. Nadie olvidará su regreso a boxes en tres ruedas en el GP de Holanda de 1979. Fue todo lo deprisa que pudo y se quedó en boxes a la espera de que repararan el coche. No hubo milagro, pero su carácter luchador no tenía parangón. Sólo estuvo cinco años en F- 1 y apenas alcanzó seis victorias, pero magistrales, como la última, en el GP de España de 1981, con cuatro pilotos presionándole en el mismo segundo. O esa segunda plaza tras un duelo mítico con Arnoux en el GP de Francia de 1979.
Para Enzo Ferrari, Il Commendatore, su pérdida fue una tragedia similar a la muerte de su vástago Dino: "Hace años perdí a un hijo, ahora acabo de perder a otro". Nunca más volvió a vivir con la misma ilusión los grandes premios tras el fallecimiento de su piloto favorito.
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Trompetista y pianista
Desde algún lugar del cielo, Gilles debe sonreír ahora que su hijo Jacques acaba de sacar su primer disco. El canadiense era un gran trompetista y manejaba con soltura el piano. Iba rápido en todo, ya fuera un coche o una lancha y hasta llevaba a sus hijos a ver el Rally du Var. Su amigo Patrick Tambay, que le sustituyó en Ferrari, así lo recuerda: "Gilles llevaba de lado un Fiat 131 Abarth y detrás Jacques, que tenía siete años gritaba: '¡Más rápido, papá, más rápido!".
