Ni blanco, ni negro...
Si ser campeón del mundo de F-1 fuera fácil, lo intentaría hasta yo. Ferrari y sus pilotos van a crearle complicaciones a Alonso, pero de momento es el español quien va por delante. Así que tampoco seamos tremendistas, porque nada está perdido.

No iba a ser tan fácil.
¿Queríamos emoción? Pues aquí la tenemos. Quienes pensaban que el título estaba ganado cuando Alonso se paseaba por los circuitos estaban equivocados, pero tanto como quienes crean ahora que la debacle es inevitable y que Schumacher sumará su octava corona mundial a costa del asturiano. Entre el blanco y el negro están todos los matices de gris, cada uno es muy libre de elegir si el suyo es más o menos oscuro pero sin llegar, digo yo, al tremendismo. Estamos hablando del Campeonato del Mundo de Fórmula 1 y aquí el más tonto hace relojes de madera. Lo que ocurre es que Fernando nos había acostumbrado muy mal y parecía que el suyo iba a ser el siguiente monopolio tras el rojo de Ferrari.
Quien avisa...
Me vienen a la cabeza aquellas declaraciones, tan criticadas por algunos, en las que el asturiano cuestionó la competitividad de su monoplaza e instó a Renault a no relajarse lo más mínimo. En plena orgía de triunfos, sus palabras sonaron a impertinencia de un jovencito que comete la arrogancia de creer que su éxito es personal y no fruto de un trabajo en grupo. Apreciación errónea. Lo que ocurre es que Alonso sabe mejor que nadie lo que se cuece de puertas para dentro en su escudería y veía venir lo que ahora todos hemos descubierto: los rivales trabajaban en evoluciones técnicas que darían, antes o después, sus resultados, mientras que la gente de Briatore andaba en otra película.
Buen intento.
Fernando tenía clara su estrategia para la salida e intentó desarrollarla con precisión suiza. Pero la recta de Hockenheim no da para muchas alegrías y el asfalto se acabó antes de que el español pudiera consumar otra de sus grandes arrancadas. Entre otras cosas, porque a estas alturas de campeonato conviene templar gaitas y valorar fríamente los riesgos que se corren. Con toda la competición por delante, tampoco era cuestión de suicidarse por ganar un puesto más en la salida. De hecho, el campeón estuvo muy hábil al evitar a un Button desmelenado por recuperar la posición que había perdido al apagarse los semáforos.
Pedro, sin suerte.
Toda una lástima el abandono de Pedro de la Rosa. Primero, porque podría haber realizado una gran carrera; segundo, porque ha desperdiciado uno de los tiros que tenía en la recámara. La avería del McLaren es ajena a su responsabilidad, por supuesto, pero lo cierto es que ha perdido una oportunidad de demostrar lo mucho que puede hacer con un volante en las manos... mientras su compañero subía al podio.
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El domingo, más.
Y para evitar caer en la decepción o el pesimismo, el domingo nueva cita en Hungría, el escenario del primer triunfo de Alonso en la Fórmula 1, además de un circuito exigente con hombres y máquinas... sobre todo si el calor aprieta. Ojalá las diferencias allí no sean tan grandes como ayer, porque a ese ritmo ganar a los Ferrari va estar muy duro.
