El título no es un sueño, es el objetivo
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Comenzó casi como un sue continuó como una posibilidad que nadie se atrevía a contemplar en voz alta; más tarde cobró visos de realidad y hoy ya, sin duda, podemos asegurarlo sin temor a equivocarnos: Pedrosa luchará por ser campeón del mundo de MotoGP. Nada de adaptación, ni de aprendizaje, ni del conformismo propio de un debutante, eso queda para los humanos porque los nacidos para la gloria son de una pasta especial. A la cosecha de Estados Unidos sólo le faltó la victoria, porque por lo demás fue inmejorable: otro podio, de nuevo en la segunda plaza del Mundial y con Valentino Rossi otra vez (y van tres) fuera de carrera. El título no es cosa de cuatro, ni siquiera ya de tres: el único enemigo y escollo de Pedrosa se llama Nicky Hayden.
No va a ser fácil, decirlo resulta casi innecesario, pero la enésima exhibición de Dani en una pista como Laguna Seca es una invitación a la euforia, al optimismo más ilusionante. El catalán volvió a evidenciar que no tiene complejos ante nada ni ante nadie, ni siquiera en una pista de las dificultades de la californiana y que le era completamente desconocida, no ya con la MotoGP sino en cualquier otra categoría. Se precipitó mínimamente en el inicio pero supo templar su ansia, recomponerse y gestionar su potencial para conseguir un nuevo cajón de un valor inmenso, sobre todo después del abandono de El Doctor. Quizá no lo reconozca por prudencia, pero no duden de que en la cabeza de Pedrosa hoy sólo hay una cosa: ser campeón del mundo.
