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Albacete "Siento como si pilotara un elefante"

El campeón de Europa de camiones nos abrió ayer las puertas de su imponente MAN TGA 410 de 1.100 caballos y descubrió los secretos de una victoria que culmina la magnífica temporada del motor español

Albacete "Siento como si pilotara un elefante"
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Son camiones, pero carecen de todo aquello que esperamos encontrar en un camión: no hay sugerente calendario, ni San Cristóbal ni cartel de "Papi no corras". Por no haber, no hay ni asiento de copiloto, ni copiloto, ni cintas de El Fary. Y lo que resulta aún más decepcionante para el visitante accidental: tampoco hay claxon.

Subirse a uno de estos colosos exige varios esfuerzos, el primero físico. La consigna inicial es que para trepar hasta la cabina no se puede tocar el carenado (imagino que por tratarse de una fibra de alta sensibilidad o por no ensuciar, o quizá por divertirse con el intruso, no pregunt eso, al no disponer de estribo, escalerilla o finger, obliga al explorador a una escalada felina que va de la rueda al asiento sin estaciones intermedias. Entre que la butaca es envolvente, el espacio mínimo y yo llevaba puesta la bufanda, la sensación que tuve fue de que pasaría allí el resto de mis días. Impresión terrorífica y hago notar que el camión estaba parado.

El segundo esfuerzo es psicológico: hay que desprenderse de las secuelas mentales que nos dejó, por ejemplo, la canción de Loquillo, aquella que, entre bocinazos, decía: "Yo para ser feliz quiero un camión, llevar el pecho tatuado, en camiseta mascar tabaco...". Adiós tópicos. Estos aparatos, aunque sus elementos principales están fabricados de serie, son más un sofisticado coche de carreras que un clásico vehículo de transporte. Y quien los pilota, en este caso Antonio Albacete, campeón de Europa, no podría estar más alejado del racial prototipo: rubio flequillo de aplicado alumno de Eaton y maneras semejantes, chaqueta cruzada y en lugar del escudo del colegio, el logo de Cepsa, que para eso paga.

La realidad.

Pero sería un error dejarse engañar por las apariencias, porque si lo que parece un camión es en realidad un bólido de 300.000 euros, quien aparenta ser un dócil ciudadano es una suerte de Mad Max, el guerrero del asfalto. Y no exagero. Si hace falta mucho arrojo para ser piloto de carreras, la valentía debe multiplicarse para conducir un camión de 5,5 toneladas a 160 km/h, velocidad que establece como tope el reglamento. "En cierto sentido es como mover a un elefante. Las inercias en las curvas son bestiales y hay que anticiparse en cada trazada. Sin limitador alcanzaríamos los 200 km/h, pero para la Federación Internacional prima la seguridad del piloto... y la del público. Si fuéramos más rápido, en caso de tener algún problema, arrasaríamos cualquier barrera que nos pusieran por delante", explica Albacete. "Los circuitos están pensados para las motos o los coches, no para los camiones".

Pero una vez domado el elefante, toca competir contra otros paquidermos. Y en esa lucha vale casi todo. "Hay que ir buscando el hueco y, si no lo encuentras, lo debes abrir. La clave es no ceder nada y no ceder nunca. Si te rindes una vez, esperarán que vuelvas a hacerlo", ahora habla Mad Max.

En esa reñida competencia, que no excluye el contacto de los gigantes, radica gran parte del espectáculo y eso mismo explica que sean decenas de miles los aficionados que se dan cita en los circuitos para ver estas carreras donde los adelantamientos son frecuentes y típicos los trompos ("donuts", los llama Albacete).

Pero el madrileño Antonio Albacete es, a sus 40 años, bastante más que un conductor valiente. De hecho, fue un niño prodigio del automovilismo, algo así como un proyecto de Fernando Alonso. Con 15 años se proclamó subcampeón de España de kárting. Esa misma temporada un tal Ayrton Senna se convertía en subcampeón mundial de karts. "¿Qué me faltó para llegar a la Fórmula 1? Pues me faltó vivir este momento. Me adelanté 20 años y pienso que podría haberlo logrado. Simplemente no estuve en el momento adecuado en el lugar adecuado".

Experiencia.

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A excepción de esa fórmula maestra, Albacete las probó todas: Fórmula Ford, Fórmula Opel-Lotus, Fórmula Renault, Fórmula 3.000... Sus especialidades fueron los campeonatos europeo y español de turismos y superturismos. Cuando le ofrecieron pilotar un camión, en 1997, competía con un Citroën ZX, una hormiga comparada con la mole que le ponían delante. Cepsa apostaba por él para culminar un sueño que había comenzado en 1989.

El pasado 2 de octubre, en un circuito del Jarama repleto, Antonio Albacete, al volante de un MAN TGA 410, se convirtió en el primer español que lograba un campeonato de Europa de camiones. Lo celebró en el podio junto a su mujer y su hijo, sin más aspaviento que el dedo índice apuntando al cielo, con el flequillo intacto, tal y como apareció ayer en el Foro Ferrándiz-AS, discreto, Mad Max disfrazado de hombre tranquilo y el elefante aparcado en la puerta.

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