La guerra Sete-Rossi es una vieja historia
El español relevó a Biaggi como enemigo visceral de Valentino en 2004 tras la carrera de Assen. El resto del año, intentó humillarle siempre que pudo y le insultó públicamente, pero Sete ya optó entonces por no contestarle.


La acción que protagonizó Valentino Rossi el pasado domingo, en la última curva de la última vuelta del GP de España de MotoGP, probablemente no habría sido igual si hubiera sido un piloto distinto a Sete Gibernau el que iba a privarle de la victoria. 'El Doctor' quería impedir a toda costa que su único adversario real comenzara la temporada batiéndole, y no sólo por los beneficios psicológicos que ese triunfo pudiera causar en el español...
El hexacampeón necesita buscar elementos de motivación para sacar lo mejor de sí cada año y, desde el pasado, ha decidido que Sete suplante a Max Biaggi en el papel de su enemigo visceral. Así tiene alguien en quien pensar cuando se entrena, alguien a quien destruir moralmente como ya hizo con el romano, alguien de quien reírse cuando todo le sale a pedir de boca, que es casi siempre.
La relación entre Rossi y Gibernau ha sido buena hasta que el italiano comenzó a ver en el español a un serio adversario. Poco a poco dejó de ser el colega con el que coincidía para salir de marcha durante sus vacaciones en Ibiza y se convirtió en el rival que es hoy. La primera vez que dejaron de verse en la isla balear durante el verano fue tras el GP de Alemania 2003. En aquella carrera, el español le robó la cartera al italiano en la última curva y conseguía así llegar a las vacaciones con un 4-3 a su favor en el casillero de victorias. En la segunda mitad de campeonato, Valentino masacró a su rival consiguiendo seis victorias de siete posibles y anunciaba en la última carrera que abandonaba Honda en busca de nuevas motivaciones.
Se fue a correr con Yamaha la temporada pasada y ya subido sobre la M1 fue cuando la brecha entre ambos se hizo más grande. La chispa que generó el posterior incendio fue Assen. Tras otro adelantamiento decisivo en la última vuelta, Sete se enfadó mucho y acusó al 46 de cerrarle la trayectoria de forma traicionera cuando era él quien iba por dentro. Eso mismo es lo que él tenía que haberle hecho al italiano el pasado domingo para no perder la carrera, independientemente de que su adelantamiento fuera o no antideportivo.
Aquello les distanció definitivamente, pero lo más grave sucedió unas carreras después. Tras la movida de la parrilla de Qatar, donde mandaron a Rossi a la última fila porque sus mecánicos habían manipulado la noche anterior su posición en la salida para conseguir mejor tracción, El Doctor insultó a Gibernau, que había ganado una carrera en la que él se había caído en su afán por remontar. Aquel día, dijo que él y su jefe de mecánicos, Juan Martínez, se habían comportado como unos colegiales chivatos por denunciarle. Ellos avisaron a la gente de HRC y fue Honda la que presentó reclamación a la dirección de carrera.
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Entre esa prueba y la siguiente de Malaisia, el italiano tenía previsto irse unos días de marcha a Ibiza para asistir al cierre de temporada de un par de locales, pero se fue a su Tavullia natal. Allí se encerró en casa con un grupo de amigos a los que les pidió que le ayudaran a odiar a Sete.
Lo consiguieron. A partir de ahí, Rossi se cebó aún más. En Sepang le ganó, se puso a barrer la pista en la celebración, dijo que Sete había hecho la mejor carrera de su vida (hizo 7º) y ratificó los insultos de Qatar. Después vino su sexto título en Australia y un cruel invierno para Gibernau. Quizá sea la hora de cambiar el respeto por las balas y empezar a pelear en igualdad de condiciones.