Renault Megane Trophy un fórmula carrozado
El coche que se utilizará en el certamen internacional de la marca del rombo tiene un comportamiento similar al de un auténtico monoplaza.

El circuito francés de Paul Ricard ha sido el escenario de la prueba del Renault Megane Trophy, prácticamente un fórmula carrozado que compartirá cartel con las competiciones de las World Series y con el que competirán nueve pilotos españoles. Allí estaba. Amarillo impoluto, con una espectacular carrocería que esconde una joya mecánica que costó 99.000 euros cuando se puso a la venta, pero que ahora ya se cotiza muy por encima, puesto que sólo se han fabricado 38 unidades.
Antes de subir a su habitáculo de fibra de carbono los mecánicos e ingenieros daban los últimos retoques, permitiendo contemplarlo al desnudo, ya que la parte trasera y el morro se desmontan, dejando al descubierto la complicada estructura multitubular del chasis y el sofisticado motor V6 que desarrolla 330 CV.
Una vez dentro, tras las pertinentes explicaciones del ingeniero, con apretar un pequeño botón verde que indica ignition los seis cilindros comenzaron a rugir. La tarea de arrancar es muy complicada, ya que el embrague está ubicado en el volante, y se acciona con el meñique izquierdo, con un tacto muy diferente al habitual del pedal. A trancas y barrancas aquello echó a andar...
Y ahí me tienen, enfilando la recta del Paul Ricard, un circuito habitual en los grandes premios de Fórmula 1 y motociclismo que ahora sólo se utiliza para ensayos y cursos de lujo, porque su propietario es el mismísimo Bernie Ecclestone, que todo lo cobra al doble. Para facilitar la faena, los ingenieros quitaron carga aerodinámica.
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Hicimos la versión corta del trazado, por lo que nada más pasar boxes girabas a la derecha en una lenta y te incorporabas a la recta de Mistral con un ángulo. Para que no nos emocionásemos, también incluyeron en la famosa recta una chicane, pero tras la misma se comenzaba a engatillar marchas hasta llegar a la famosa curva de Signes a unos 200 km/h.
Para que no nos calentásemos demasiado, sólo nos dejaron hacer tres vueltas completas, unos doce kilómetros que se pasaron volando. En el interior, cambiando con los mandos al volante, sin usar el embrague, te sientes como cuando ves a Alonso desde la toma subjetiva de su R25. Además, el efecto suelo hace que las reacciones del coche sean muy parecidas a las de un monoplaza... aunque con piel de cordero.
