Sainz "Mi gran secreto ha sido el entusiasmo"
El doble campeón del mundo visitó ayer la Redacción de AS, en vísperas de que los aficionados tributen en Madrid un gran homenaje de despedida al mejor piloto automovilista español de todos los tiempos

Acostumbrados como estamos a verle con su mono blanco y su casco dentro de un Citroën, resulta chocante encontrarse a un Carlos Sainz impecable, con traje gris, camisa azul, corbata roja y reloj caro en su muñeca. Aspecto de ejecutivo para un campeón del mundo que ha decidido dejar los rallys porque cree que a los 42 años ha llegado el momento de pasar página y dedicarse a todas esas cosas "que había tenido descuidadas".
Llegó a AS acompañado de su inseparable Juanjo Lacalle, mánager, confidente y sobre todo amigo, para, rodeado de periodistas, ser él quien haga la primera pregunta: "¿Qué te pareció ayer el Madrid, Alfredo? Busca así ansioso la opinión del director de este periódico sobre la situación del equipo de sus amores, porque Sainz, madridista por vocación y por devoción, sigue a su club siempre que puede. "En cuanto los rallys me dejaban iba al Bernabéu, sobre todo por mi hijo Carlitos, que disfruta incluso más que yo. Le encanta Zidane".
Pero Carlos ha venido a nuestra redacción no tanto para hablar de fútbol como para hacerlo de su decisión de retirarse, de sus recuerdos de dos décadas en la competición y de sus planes de futuro. Y lo primero es reconocer que todavía no ha tenido tiempo para asimilar el cambio: "Aún no me hecho a la idea del todo, aunque sí que es verdad que me siento un poco raro. Pero está claro que es algo que tenía que ocurrir tarde o temprano, a todos los deportistas les llega la hora de la retirada y a ninguno le ha pasado nada. Así que creo que sobreviviré...".
El madrileño se marcha del Campeonato del Mundo de rallys desde la élite, no por la puerta de atrás ni obligado por los resultados. Tampoco porque sienta que sus facultades no son las mismas que antes: "Claro que ya no tengo 25 años, pero ni he perdido vista, ni reflejos, ni motivación. Y no es que lo diga yo, es un dato objetivo que avalan mis tiempos y mis resultados, porque dejo el Mundial tras una temporada en la que he conseguido ocho podios y un triunfo, que además fue muy disputado, no me cayó del cielo. Así que creo que no he perdido facultades".
¿Por qué dejarlo entonces, cuando una marca como Citroën, la campeona del mundo tanto de pilotos como de marcas, seguía contando con sus servicios plenamente? Carlos asegura que no ha sido una decisión fácil y por eso ha tenido que meditarlo mucho antes de tomarla: "Necesito dedicarle tiempo a cosas que antes no podía y con un campeonato de dieciséis carreras es imposible. Yo conocí un Mundial de ocho pruebas, después pasamos a doce y ahora a cuatro más. A todo eso hay que sumar los días de entrenamientos, los compromisos con la marca y otros publicitarios. Es un ritmo muy exigente y ya no me apetecía seguirlo".
Honestamente. Una palabra recurrente en el discurso de Sainz y que permite adivinar que su tono de sinceridad es mucho más que una pose. Ya no tiene nada que demostrar, ni nada que justificar, así que habla con la tranquilidad y seguridad de quienes ven las cosas desde otra perspectiva. "Honestamente, creo que el entusiasmo ha sido mi gran secreto. Me he entregado a tope en todo lo que he hecho y eso me ha ayudado a mantenerme arriba tanto tiempo. Y los equipos con los que he trabajado se han dado cuenta de ello y siempre lo han valorado. Eso es lo importante, que la motivación sea la máxima en todo lo que hagas".
Le preguntamos sobre la prudencia, el miedo, el achique en la presión del pedal del acelerador. Temas prohibidos para quien se juega la vida dentro de un coche rodeado de barrancos, pero inevitables cuando el interlocutor es un hombre que ya ha pasado los cuarenta, con la vida resuelta desde hace mucho y, ante todo, padre de familia enamorado de una mujer y tres hijos a los que no ha dedicado todo el tiempo que hubiera deseado: "¿Más prudente? Seguro que no. Si lo haces, corres menos y eso es algo que se sabe de inmediato. Los tiempos serían lentos y entonces sí que no podría seguir. La gente me dijo cosas así cuando me casé, primero, y cuando tuve hijos después. Pero lo cierto es que cuando te pones el casco no piensas en nada de eso, sólo en ganar, no te acuerdas de nada más. Creo que de otro modo no podríamos hacer lo que hacemos".
Carlos habla con calma y seguridad. Demuestra la serenidad de quien se siente satisfecho con lo que ha hecho y de cómo lo ha hecho, pese a que no todo le haya salido siempre como él, y los demás, esperábamos. Esa fama de perfeccionista que le precede no es gratuita, no hay detalle que escape de su control y era capaz de desesperar a los ingenieros de sus equipos buscando los reglajes más efectivos. Lo que se traducía en... más trabajo: "Este año, en Citroën, he hecho mucho más días de ensayos que Loeb, porque querían que yo probara más cosas. Son un equipo muy profesional y motivado, con muchos ingenieros jóvenes y con ganas, así que el ritmo de trabajo es altísimo. Pero por algo hemos sido los campeones del mundo".
Tanto esmero y dedicación no pasan desapercibidos para los que manejan los hilos de este deporte. Un reconocimiento que Carlos valora, hasta el punto de situarlo como uno de los grandes logros de su carrera deportiva: "Una de mis mayores satisfacciones llegó con la renovación por Citroën para 2004. Ellos tenían claro que se quedarían con Loeb, como piloto francés, joven y con proyección. Para el segundo puesto debían decidir entre McRae y yo... y se quedaron conmigo, aunque Colin fuera también un piloto válido y rapidísimo. Aquello fue para mí muy importante, el reconocimiento a que todos mis esfuerzos no caían en saco roto".
Se nota que Citroën ha sabido tratar bien al español. Primero, porque contó con él cuando a finales de 2002 su continuidad en el certamen se vio comprometida; segundo, porque supieron valorar todo lo que su experiencia podía aportar a un proyecto con vocación de triunfo y, tercero pero no menos importante, porque le han dado los medios para mantenerse en la cresta de la ola: "Forman un equipo humano impresionante, muy capaz y con un nivel técnico de los mejores. Además, hemos sido capaces de poner en sintonía nuestros sistemas de trabajo, que al principio no eran idénticos. Hablando hemos llegado a encontrar soluciones válidas para el equipo, a coincidir en que la electrónica y la telemetría son herramientas poderosas pero que la opinión del piloto cuenta".
Tampoco le duelen prendas en reconocer el talento de su compañero Sebastien Loeb, el flamante campeón del mundo: "Es rapidísimo y si tiene suerte en encontrar un buen equipo cuando Citroën se retire en 2006, estoy seguro de que puede ganar muchos títulos. Es joven y con el talento necesario para marcar una época".
Y ya que habla del futuro de Loeb en los rallys, toca hacerlo del suyo. El argumento es claro puesto que él mismo lo ha adelantado: el Dakar. "Me apetece mucho, me parece una carrera muy bonita e interesante. Por lo que conlleva de aventura, de desafío, de resistencia. Es algo único, que te pone a prueba en dos semanas, una especie de maratón". Será, eso sí, a partir de 2006 y siempre que cuente con un coche competitivo. Porque lo de ir por ir, no entra en los planteamientos de un campeón como él: "Creo que el nivel de pilotaje que exige es bajo para lo que estamos acostumbrados en los rallys. Lo importante es la experiencia, saber leer bien el terreno y conocer cuánto puede aguantar tu coche. En el desierto hay imprevistos que no te encuentras en otra competición, muchos más riesgos inesperados que debes aprender a descubrir y afrontar. Por eso los motoristas lo hacen tan bien cuando se pasan a los coches, porque tienen todos esos conocimientos mucho más desarrollados".
Se va al desierto aunque podría hacerlo perfectamente a las pistas, donde estuvieron sus orígenes: "Yo corría en circuitos cuando en España sólo había dos: Jarama y Calafat. De hecho, estaba buscando el presupuesto para hacer la Fórmula 3 británica cuando General Motors me ofreció la posibilidad de correr el Rally de Cataluña con un Opel Manta, que además utilizaba entonces mi cuñado, Juan Carlos Oñoro, y eso casi me cuesta un disgusto en casa... El caso es que acabé segundo y cambió mi rumbo profesional".
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También llegó a probar un Toyota de Le Mans, otra de las competiciones míticas que siempre le han atraído: "Sí que correría las 24 Horas, pero con un coche que me permitiera hacer un buen resultado". Y lo que tiene muy claro es que seguirá ligado al mundo del automóvil, al que además le ve una enorme proyección: "El fenómeno de Alonso le está dando un empujón muy importante a nuestro deporte y hay que aprovecharlo. Lo que debemos intentar es que el hueco que yo dejo se ocupe rápido".
Provoca así otra pregunta obligada: "¿Qué si veo alguien cualificado para sustituirme? Honestamente ahora no lo sé, si dijera otra cosa mentiría. Pero no es fácil para los españoles, los finlandeses o los franceses. Primero hay que llegar al Mundial, después ganar una carrera, después repetir los triunfos y, más tarde, luchar por el título".
