Un circuito atípico
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Michelin, que de esto de las carreras sabe un montón, ya lo anticipaba: "El óvalo hace que los neumáticos se calienten mucho, sobre todo en la parte izquierda, lo que determina el tipo de goma que proponemos a nuestros socios". Los problemas acechaban y Fernando Alonso fue víctima del trazado más especial de todo el calendario de la F-1. En ningún otro los coches toman curvas a más de 300 km/h, a tope de potencia, y tan largas como en el peralte de Indianapolis. Una exigencia atípica para unas cubiertas que parecen capacesde aguantar todo... pero que a l final no pueden superar los límites de la física. Por eso parece que algo ha fallado en la compleja ecuación prestaciones-adherencia-duración. No es habitual, por suerte, que un neumático reviente o se pinche en una carrera. Aunque tampoco imposible.
Que se lo pregunten al japonés Nakano, que casi se mata en Mugello cuando la rueda trasera de su Kawa se desintegró en plena recta. Los motores también se rompen y la electrónica puede fallar, pero la diferencia cuando se trata de neumáticos es que la tragedia merodea. Siendo positivos, Alonso perdió un podio casi seguro, pero al menos no acabó en el hospital como Ralf Schumacher (otro que debe estar agradecido con su destino). Así que sólo nos queda confiar en que las rachas malas son eso, rachas, y la del asturiano debe acabar muy pronto...
