Haven Park
Haven Park
Carátula de Haven Park

Haven Park, Análisis. El horizonte de la montaña

Conocemos la obra del desarrollador Fabien Weibel, un título de exploración y gestión de recursos que destaca más por su estética que por su ejecución.

El descubrimiento empírico de lo desconocido es una de las cosas que hacen a los videojuegos un medio único. La escena independiente lleva unos cuantos años apostando por eso que ahora llamamos wholesome games; un subgénero que se olvida de dar prioridad a las presiones del tiempo, los objetivos o las estadísticas. El desarrollador suizo Fabien Weibel nos presenta Haven Park, un título con luces y sombras que no logra explotar todo su potencial.

Haven Park no es Animal Crossing; tampoco A Short Hike ni Stardew Valley, pero sí tiene un poco de ellos, aunque su ejecución no termine de brillar de la manera que lo hacen otros grandes exponentes del medio. Por suerte, su mayor virtud es la brevedad, la concisión en su mensaje. Es un videojuego libre de ataduras, amigable y que, al final del día, te hace sentir bien en sus apenas cuatro horas de viaje.

La obra de Weibel con Mooneye Studios llega a Steam y Nintendo Switch poniéndonos en la piel de Flint, un pollito encargado de mantener en pie el parque de su abuela para que los visitantes, los campistas, puedan disfrutar de esta isla tanto como se espera en un día de escapada y desconexión. Haven Park es un título con un mensaje generoso: el altruismo, dar sin esperar nada a cambio.

La satisfacción de hacer felices a los demás

Recibiremos peticiones de construcción de campamentos para atraer todavía más público a la isla y desentrañar así un mundo marcado por la extravagancia de sus personajes, con sus rumores y habladurías. El hilo conductor de la jugabilidad son dichas misiones, que requieren de la búsqueda y recolección de ciertos materiales. No le hubiese sentado nada mal algo más de desafío o complejidad en los puzles; son un trámite. La variedad de opciones a la hora de gestionar dichos campamentos es igualmente escasa y, en cierto modo, decepcionante.

Se echa en falta algo más de variedad en su estructura de juego. El ciclo es siempre el mismo, faltan giros inesperados o alguna mecánica más. A más puntos de experiencia, más puntos de habilidad (conseguir más recursos al destruir elementos del entorno, encontrar más madera, metal, monedas, ampliación del mapa…) y mayores facilidades para restaurar los campamentos; todos ellos con una serie de necesidades básicas basadas en el descanso, comida, refugio, actividad y su decoración.

El mundo que se ha creado alrededor del título daba para mucho más, especialmente por la verticalidad y diferentes alturas de los entornos. Además, en ciertas ocasiones de la aventura requerimos de objetos concretos que pueden estar en la otra punta de la isla… pero sin ningún indicio de si son verdaderamente esos ni de dónde están. Más que despertar deseo de exploración, se genera una sensación total de pérdida, como si se te hubiese olvidado algo en el camino.

Lo preciosista de su dirección artística choca con un control tosco, algo impreciso y no del todo agradable; y es una lástima. Porque el tono y la forma que tiene el juego de sumergirnos en su mundo, sumado a su acertada posición de la cámara, no van de la mano de su control a nivel mecánico. Por tanto, para disfrutar de Haven Park hay que perdonarle que nos esperan varias horas con interrupciones e imprecisiones a los mandos; aunque la recompensa es plena, es auténtica: relajación, contemplación de sus brillantes escenarios, de la satisfacción de construir un puente de madera que facilite el tránsito de campistas de una montaña a otra. Las pequeñas cosas, en definitiva, que en ocasiones son lo más importante.

Si bien la historia es interesante, no todos los personajes funcionan igual de bien; quizá por la falta de profundidad en su caracterización. Todo el esfuerzo que se ha hecho en la escritura de sus diálogos —algunos muy alocados— no alcanzan, ni mucho menos, el interés que desprende el mundo del juego. Son sus secretos, sus misterios y sus mitos lo que nos alientan a seguir adelante.

Un mundo con margen para ampliarse y evolucionar

Lo positivo de Haven Park es que la base es muy buena y presenta margen de crecimiento mediante actualizaciones o pequeños agregados, no necesita necesariamente esperar a una secuela para evolucionar en su planteamiento jugable. La primera idea que nos viene a la cabeza es la variedad de estaciones. Actualmente tenemos primavera e invierno, pero hay lugar para mucho más.

Afortunadamente, y esto lo decimos para aquellos que tengáis pensado haceros con Haven Park, la actualización 1.0.7 y 1.08 agregan algo esencial: el mapa muestra las zonas completadas y algunas habilidades pueden activarse y desactivarse. Además, se han corregido bugs que sí encontramos en el proceso de análisis (ahora solventados) y el autoguardado deja de presentar errores.

Valoramos el esfuerzo de haber traducido el juego al castellano, facilitando así la comprensión de su relato a todo el público hispanohablante. Si tuviéramos que quedarnos con una sola versión, sin duda os recomendamos elegir Nintendo Switch. Parece pensado para consola híbrida gracias a su portabilidad. El juego consume muy poca batería y la definición en modo portátil es total: color, luz, ausencia de pop-in, imagen fluida… Buen trabajo de optimización.

CONCLUSIÓN

Haven Park es una idea sólida con una ejecución mejorable. Una encantadora aventura apoyada en la narrativa con gestión de campamentos y énfasis en las relaciones humanas. Desde la exploración hasta la economía de recursos pasando por la fabricación de objetos y las relaciones sociales con los visitantes, el título es ameno y no se pierde en experimentos. Por desgracia, su control es muy mejorable y su repetición de mecánicas dejan ganas de más.

LO MEJOR

  • Su forma de narrar la historia y los secretos de su mundo.
  • El diseño de la isla y el énfasis en la exploración.
  • Artísticamente muy bonito.

LO PEOR

  • El control del personaje es muy mejorable.
  • Su estructura de misiones, demasiado similar entre sí.
  • La construcción de campamentos, decepcionante.