Conglomerate 451
Conglomerate 451
Carátula de Conglomerate 451

Conglomerate 451, análisis

RuneHeads apuesta por un RPG con tintes roguelike con un profundo sistema de combate que no sienta a un pobre diseño de niveles.

El género cyberpunk goza en los últimos años de un nuevo resurgimiento que parte de la revolución de Internet y que encuentra su apogeo en el panorama social actual: la era de la sobrecarga de información, el descontento socioeconómico, el nuevo auge de la extrema derecha, el cambio climático. En la ficción, las distopías son el núcleo de obras de gran éxito como Black Mirror, que advierte de los peligros de la tecnología si cae en las manos incorrectas. Por su lado, en el ocio digital hemos disfrutado de títulos que exploran el transhumanismo —la teoría de que el ser humano puede evolucionar más allá de sus limitaciones físicas como The Red Strings Club o Detroit Become Human. Cyberpunk 2077, además, es uno de los lanzamientos más esperados del año, y CD Projekt Red está levantando muchas expectativas con un título que se augura como rompedor.

El estudio italiano RuneHeads, creadores de Fall of Light: Darkest Edition, han lanzado su propia obra cyberpunk, en el que apreciamos una evidente inspiración en el sistema rolero de Cyberpunk 2020, junto con un roguelike clásico que ofrece mazmorras de cuadrícula. Conglomerate 451 está disponible para PC (Windows, Linux y Mac) y, si bien tiene un buen fondo, se queda muy alejado de la gloria de otros títulos del género.

Declaración de guerra contra las corporaciones

Nos encontramos en el sector 451 de Ciudad Conglomerado, consumido por el dominio de las corporaciones corruptas. Como líderes de una agencia especial formada por orden del senado, debemos crear nuestros agentes a través de tecnología de clonación para recuperar el territorio. Desde nuestra base, invertiremos en mejoras para nuestras tropas. Implantes, tanques de regeneración, modificación de ADN… Nuestra investigación científica hará de nuestros agentes unosauténticos artistas de la infiltración y el combate.

Conglomerate 451 brilla en su amplio abanico de personalización. Podemos crear un amplio número de clones y especializarlos en diversas clases basadas en el rol tradicional: agentes ofensivos, defensivos y de apoyo. Cada clon tiene su propio árbol de habilidades que iremos desarrollando a medida que sume experiencia, y con los implantes añadiremos talentos muy útiles en el combate. Por supuesto, toda combinación de roles es posible, si bien iremos descubriendo que ciertas alineaciones resultan más eficaces que otras.

Así, con nuestro equipo de tres agentes, nos adentraremos en una misión de nuestra elección entre varias disponibles, con el objetivo de minar la influencia de las corporaciones y aumentar el prestigio de nuestra agencia, además de obtener dinero y recursos que invertir en nuestra investigación tecnológica. Cada zona se compone de dos partes: la ciudad, donde accederemos a las tiendas y unidades de hackeo para prepararnos a la siguiente fase, es decir, el epicentro de nuestra misión. Asimismo, podemos prescindir de la visita a la ciudad e ir manos a la obra, si nos vemos lo bastante seguros y abastecidos para pasar a la acción. Tanto en la ciudad como en el área de misión habrá enemigos, que podemos identificar en el mapa y emboscar si les sorprendemos fuera de su vista. Cabe recordar también que, una vez nos embarquemos en una misión, no podremos salir de la partida, o dicho abandono contará como fracaso.

Los combates se darán por turnos y al estilo rolero más clásico, en el que pondremos en marcha las habilidades de nuestros agentes y acciones secundarias como movilizarlos o emplear su batería en acciones secundarias, como recargar los escudos o hackear al enemigo. Nuestros enemigos, aunque algunos de ellos muy repetidos, no serán nada desdeñables, y es muy posible que caigamos en combate si no creamos una buena estrategia, por no hablar de los traumas causados y que pueden volverse permanentes si nos los tratamos a tiempo. También dispondremos de tres niveles de dificultad pensados para todo tipo de jugadores. Tras completar nuestro cometido, podremos restaurar la salud de nuestros agentes en el tanque de regeneración, o fabricar nuevos clones que sustituyan a las bajas sufridas. 

Durante la exploración, encontraremos pequeños puzles de hackeo para conseguir desbloquear puertas o extraer una UPC que después podamos usar con nuestros agentes. Dichos rompecabezas requerirán ser resueltos a contrarreloj, con cierta agilidad mental y una buena sincronización. La sola participación, además, requiere el consumo de batería de un agente, con lo cual debemos pensar si preferimos ahorrar dicha energía para otros usos.

A lo largo de la partida nos acompañará Echo, una dron cuya personalidad resultará lo más chispeante del juego. Con sus comentarios ácidos y referencias a otras obras de ciencia ficción, será la narradora perfecta de nuestra aventura. Asimismo, podemos encontrar códices pertenecientes a ellas que podremos descodificar en nuestra agencia y descubrir fragmentos de lore muy interesantes.

Una diversión fugaz

Cada misión puede conllevar desde unos 20 minutos o poco menos de una hora, dependiendo de lo extenso que sea el mapa y de lo completistas que seamos. En el Modo Historia, deberemos derrotar al resto de corporaciones y tomar decisiones a lo largo de la partida, mientras que en el Modo Infinito podremos proseguir con tareas con nuestros agentes tras resolver la misión principal. De todos modos, la diversión que ofrece Conglomerate 451 tiene una mecha corta: durante las primeras horas de juegos nos veremos absortos por su sistema de combate complejo y sus posibilidades a la hora de personalizar a nuestros agentes. Durante las primeras, se mantendrá una cautivadora sensación de dinamismo, con un buen ritmo entre la exploración y los combates. Pero el entusiasmo se apagará en cuanto la repetitividad del juego empiece a hacer mella, y este es el gran defecto de un título que podría haber sido más creativo en cuanto al diseño de niveles y a la propia narrativa. Así, la estructura de cada semana dentro del juego consiste en preparar a nuestros agentes y llevarlos a una misión donde lo único que varía son los escenarios del segundo nivel. El guión se siente muy frío, puesto que las historias se nos transmiten textualmente y se echan en falta más secuencias visuales. No obstante, la excelente localización y la legibilidad de los textos sí logran cierta inmersión, donde incluso los chistes de Echo tienen su correcto equivalente.

Otro aspecto de Conglomerate 451 que deja un sabor agridulce es el el apartado artístico, el cual resulta un poco obsoleto en los tiempos actuales. El predominio del neón, y los efectos visuales de desincronización de la imagen cuando recibimos daño crean una ambientación idónea. También nos agrada la noche casi perpetua en la que se desarrolla el juego, la sordidez de una ciudad consumida por negocios de dudosa legalidad y las estancias claustrofóbicas en las que nos infiltraremos. No obstante, el diseño de personajes no jugadores carece de carisma, y las animaciones toscas nos hacen sentir en una generación anterior. La BSO electrónica también se queda a medio camino, puesto que sus escasos temas sufren el mismo efecto que la falta de originalidad de las misiones: su atractivo se acaba disipando cuando hemos escuchado las mismas canciones una y otra vez.

Con todo, nos encontramos con un juego con mucho potencial mal aprovechado. Su sistema de combate tan complejo, y la creatividad que ofrece la especialización y diseño de nuestros clones podrían inspirar estrategias frescas que aplicar a nuevos niveles. No obstante, la decepción llega cuando las misiones consisten en recorrer mazmorras hasta hacer click con el objeto principal de nuestra tarea, ya sea el ordenador que debemos infectar o el arma que debemos robar, o terminar el combate con el último enemigo que debíamos derrotar. Y, por otro lado, una distopía puede generar una historia aún más profunda que la que ofrece este descafeinado título cyberpunk cuya batería se agota demasiado pronto.

CONCLUSIÓN

Conglomerate 451 capta toda la esencia del género cyberpunk: una distopía en la que luchamos contra el dominio de las coporaciones, un transhumanismo que se traduce en implantes cibernéticos para nuestros personajes, una amplia diversidad de especializaciones, un sistema de combate complejo que incluye hackeos al enemigo... Sin embargo, la chispa que despierta en el jugador se apaga a las pocas horas de juego, cuando descubrimos que cada misión es casi un calco de la anterior, y cuando la narrativa no termina de conectar con nosotros más allá del desarrollo de una historia cuya profundidad queda en fragmentos de lore coleccionables.

LO MEJOR

  • Una ambientación muy bien lograda, llena de neones y efectos visuales interesantes.
  • Un sistema de combate complejo.
  • Múltiples posibilidades en la especialización de los clones.

LO PEOR

  • Misiones muy repetitivas.
  • Una narrativa muy fría.
  • Un apartado artístico obsoleto.
6

Correcto

No es lo último ni lo más original, tampoco cuenta con la mejor ejecución, pero puede divertir si te gusta el género. Bien, pero mejorable.