Shadow of the Comet - Primera Noche
La solución a esta aventura de terror con perspectiva en tercera persona.
PRIMERA NOCHE
Saqué de mi cofre todo el material fotográfico y una linterna, y me encaminé al encuentro de Webster, que me enseñó el camino, aunque se mostró en demasía compungido, atemorizado. Yo lo atribuí a un carácter pusilánime, pero cuando estábamos cerca del claro, un simple movimiento de un matorral, una ardilla sin duda, le hizo perder el control y huir despavorido. No sirvió de nada que intentara sobornarle. Lo más grave es que fue sin devolverme el trípode, el cual él se había ofrecido a llevarme cuando aún el terror no se había apoderado. Debo decir que su miedo me contagió, y al llegar al claro tras pasar el puente de madera no estaba todo lo tranquilo que debiera.
Como estaba sin trípode, improvisé uno con las ramas y la liana que había encontrado en el bosque anteriormente. Monté la cámara encima suyo, desempaqueté las placas y usé las tres para probarlas.
Tras agotar mis reservas de placas, exploré un poco el claro. Yendo hacia el Este, vi a un gato. Sus ojos centellearon en la oscuridad. Al verme, huyó despavorido por entre un resquicio en la maleza. Al examinarlo, hallé un paso entre los arbustos, un sendero. Y para mi desgracia, pero bien de Illsmouth, yo lo seguí, aunque una voz interior, tal vez mi ángel de la guarda, acaso un atávico sentido de la supervivencia, me hiciese anhelar mi cama calentita o un repentino viaje a los trópicos.
Ante mi sorpresa, descubrí una insólita reunión. Para no ser descubierto y seguir la ceremonia en el anonimato, me oculté tras un árbol de inmediato.
Y pude ver con creciente espanto y horror de mi alma inmortal lo sucedido en aquel círculo de piedras. No sé si fue mi estado anímico el que me condujo a cometer alguna imprudencia, o tal vez simple coincidencia, pero el oficiante de aquella oscura celebración me descubrió y allí mismo me maldijo... y probablemente también me hubiera matado si no hubiera echado a correr, más allá de mis posibilidades físicas acrecentadas por la adrenalina, o por el miedo, quizás por la Providencia.
El caso es que tal vez el terrible pavor que sentí me provocó un infarto al llegar al poblado, frente a la casa del buen Dr. O acaso fuera el repentino esfuerzo a que sometí a mi cuerpo acostumbrado a los rigores de la Ciencia pero no a la disciplina del ejercicio físico, o incluso quien sabe si el propio indio directamente... pero sobreviví... aunque a veces me arrepiento de poder aún recordar los hechos.
El paso del tiempo enturbia los recuerdos. Vosotros, jóvenes que me escucháis, desconocéis de qué os hablo. O tal vez lo intuáis. Los amigos de la juventud van borrandose de vuestra memoria a medida que los lustros, las décadas, en suma, el tiempo, se acumulan sobre vuestras espaldas. Al mismo ritmo que las arrugas se apoderan de vuestra cara, los hechos del pasado se evaporan, se desmembran o adquieren halos de irrealidad. Tan sólo los hechos extraordinarios, excepcionales o... espantosos permanecen, para atormentaros en vuestros días de decandencia.
Más me estoy apartando del relato, lo había dejado... en mi desvanecimiento.