NATACIÓN

La penitencia de Missy Franklin

La estadounidense cinco veces campeona olímpica y retirada por sus dañados hombros vuelve a nadar aunque reconoce que "solo puedo 20 o 30 minutos".

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Missy Franklin, en los Juegos de Río 2016.
DOMINIC EBENBICHLER

En los Juegos Olímpicos de Londres 2012, a sus 17 años recién cumplidos, una estadounidense debutó como un ciclón en su primera participación. Los focos se centraron en Michael Phelps, que por aquel momento se convirtió en el deportista con más medallas olímpicas al superar a Larissa Latynina. Phelps se despedía (luego regresó) en Londres mientras que la natación americana se frotaba las manos con Missy Franklin, la nueva elegida, ganadora de cuatro oros y un bronce en esa cita. El futuro estaba en sus manos.

Lo acreditó en el Mundial de Barcelona. Si en 2003 Phelps deslumbró en Montjuïc, Franklin fue la reina del Palau Sant Jordi diez años después con seis oros. No había nadie que podía desbancarla en las pruebas de espalda, con sus 1,85 metros de talento, con una envergadura propia de los elegidos. Era tan completa Franklin que también se colgó el oro en los 200 libre, la prueba reina de la natación, donde se aúna velocidad y resistencia. Franklin se convirtió en la única nadadora en ganar seis oros en un Mundial.

Pero unos problemas en el hombro empezaron a martirizarla. Tanto que se vio obligada a pasar por quirófano y entró en una depresión que la borró de los podios rápidamente. La natación devora, no espera a nadie, las grandes marcas empezaron a evolucionar y la espalda contó con nuevas estrellas. En el Mundial de Kazán, en 2015, una piscina improvisada dentro del estadio de fútbol del Rubin, Franklin sumó dos oros en los relevos y una plata y un bronce en pruebas individuales. Esas fueron sus últimas medallas internacionales e individuales. En Río 2016 sumó un oro en relevos. En 2018 decidió retirarse. Ahora reconoce que sigue su penitencia en sus hombros.

“Mis hombros me duelen tanto que tal vez pueda saltar a la piscina y nadar con facilidad durante 20 o 30 minutos, pero eso es todo lo que mis viejos hombros rotos pueden soportar”, comentó la estadounidense para la revista People. De hecho, el pasado mes de agosto Franklin grabó un vídeo regresando a la piscina cuatro meses después debido a la pandemia en el que explicaba que “no hay palabras para expresar la alegría que sentí al poder regresar al agua de manera segura. Casi olvido cuán terapéutico es el agua, y juro que tuve una gran sonrisa en mi rostro todo el tiempo que estuve nadando”.

Franklin reconoce que tenía que haber pasado por el quirófano y obviamente descarta volver a la competición pese a que con 25 años aún tiene edad para nadar al máximo nivel: “Nunca me sometí a la segunda cirugía de hombro que necesitaba y simplemente, realmente no veo que volver al agua en este momento de mi vida sea lo mejor para mi salud física o mental”.