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Kansas City sacó los colores al ataque de los Houston Texans

Houston Texans 20 - kansas City Chiefs 27

Kansas City sacó los colores al ataque de los Houston Texans

Kansas City sacó los colores al ataque de los Houston Texans

Thomas B. Shea

Getty Images/AFP

Solo han hecho falta tres cuartos para reabrir el debate del quarterback en unos Texans en los que Mallett fue mucho mejor que un irregular Hoyer

Solo han hecho falta tres cuartos para reabrir el debate del quarterback en unos Texans en los que Mallett fue mucho mejor que un irregular Hoyer.

 

No hay nada más peligroso que crear expectación. No será la primera ni la última vez que un amigo nos confiesa que por fin ha conocido a la mujer de su vida. La chavala perfecta. Un cuerpo de quitar el hipo en un rostro angelical que esconde un cerebro privilegiado. Unos pechos turgentes que protegen un corazón de oro. Imposible no enamorarse de ella…

Y claro, los que escuchan la descripción se quedan boquiabiertos, deseando conocer a ese ser perfecto que acompañará a su amigo en ese camino de rosas y fantasía en que se convertirá el resto de su vida.

Muchos aficionados llegábamos al Texans-Chiefs con unas expectativas similares. Dos equipos bien reforzados y trabajados. Con muchas curvas, inteligencia, gesto hipnótico y corazón gigante. Pibones. Lamentablemente, en Houston solo nos sedujo un equipo. Eso sí, casi hasta el enamoramiento.

Los Texans echaron mucho de menos a Foster. Y se empeñaron en un juego muy vertical que les perjudicaba y resultó casi inexplicable. Blue, Grimes y Polk no lo hicieron mal las pocas veces que recibieron el balón, y los tres rondaron o superaron las cuatro yardas ganadas por carrera, pero por cada intento terrestre, Hoyer se jugaba dos pases a la ruleta rusa. Ese plan puede parecer lógico tras el descanso, al que los Chiefs se fueron ganando 27-9, pero ese empeño pasador de los Texans empezó en su primer drive ofensivo y para ellos fue letal. Hoyer, convertido en berruga en medio de la nariz, lanzó un melón hacia Leandre Hopkins, o eso creía él, que realmente fue mansamente a los brazos de Marcus Peters, que jamás habría soñado con tener un debut así en la NFL. Primer balón a su zona, primer robo de cartera de la primera elección de Kansas City en el draft.

A partir de ahí, y hasta el final, Hoyer se convirtió en el quarterback irregular al que nos tenía acostumbrados en Cleveland. En la segunda serie de su equipo estuvo muy inspirado con algún pase espectacular, como el que lanzó a Cecil Shorts entre una maraña de brazos. Y que culminó con un pase de touchdown a Leandre Hopkins. Pero el ataque de su equipo nunca consiguió establecer un ritmo convincente, y tampoco dio la impresión de tener soluciones para intentar algo nuevo. El público presenciaba el partido cada vez más resignado mientras su equipo, deslavazado, quedaba en manos de un quarterback que quizá sea capaz de mantener las formas en un sistema conservador, pero que no ha nacido para ganar partidos.

Como curiosidad, ese primer touchdown de Houston no fue del todo feliz. Bullock falló el extra point para darle la razón a quienes pensaban que retrasar el balón le daría un nuevo aliciente a la jugada.

Mientras tanto, los Chiefs, a los suyo, si que deslumbraron en la fiesta de apertura de la temporada. Ahogaron a la línea ofensiva de los Texans en defensa y fueron muy pegajosos en cobertura, pero a todo eso ya estábamos más o menos acostumbrados.

Lo realmente llamativo, fascinante, fue ver cómo el ataque de Kansas mantenía las virtudes de su pasado y añadía nuevas virtudes desconocidas hasta ahora. Kelce estuvo inmenso, y se estrenó con dos touchdowns consecutivos para que Alex Smith no perdiera la costumbre de lanzar anotaciones solo a su tight end. Jamaal Charles, por su parte, hacía su trabajo con solvencia. El corredor no sumó tantas yardas como nos tiene acostumbrados, aunque sí consiguió que cada una de ellas fuera decisiva. Pero a esas armas ya conocidas se le sumaba una gran frescura con variedad de soluciones por parte de todo el bloque y una magnífica protección e la línea. Alex Smith jugaba fresco, casi atrevido, y mucho menos encorsetado que en el pasado. Repartiendo balones a diestro y siniestro. En play action, con jugadas de pantalla, volviendo loca a una defensa en la que JJ Watt daba espectáculo consiguiendo dos sacks, uno de ellos después de haber perdido el casco, pero que no conseguía frenar el chaparrón que se les venía encima.

Jeremy Maclin no consiguió que un receptor, por fin, sumara un touchdown para los Chiefs (el tercero del equipo fue una recepción de Charles), pero sí que se convertía en un objetivo claro para Smith que se apoyó en él y en Albert Wilson para que ahora sí que parezca que el ataque de Andy Reid puede tener una quinta marcha si la necesita para ganar un partido.

La segunda mitad casi sobró. Los chiefs dejaban pasar el tiempo, sin querer hacer más daño, mientras los Texans se encomendaban a Mallett para intentar provocar un milagro. El quarterback vuelve a soñar con dirigir los destinos del ataque tejano después de sustituir a Hoyer y de conectar con Hopkins para firmar el segundo e inútil touchdown de su equipo nada más salir al campo.

Los Texans incluso consiguieron despertar a su público tirando de corazón en los últimos minutos para apretar el resultado 20-27. Pero, al menos de partida, parece que entre los pibones anunciados en pretemporada, las curvas de Kansas City son más sugerentes. Hasta el punto que quizá terminen por conquistarnos.

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