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El triunfo del anarquismo en una liga profesional americana

El jardín de atrás

El triunfo del anarquismo en una liga profesional americana

El triunfo del anarquismo en una liga profesional americana

Los Green Bay Packers son la excepción en las ligas profesionales de cómo gestionar una franquicia económica, social y deportivamente.

Con 13 campeonatos de la NFL, los Green Bay Packers es sin duda la franquicia con más éxito en la historia del fútbol americano. Pero lo más remarcable de los Packers es que, en una industria controlada por propietarios multimillonarios que se ven beneficiados por la política impositiva del sistema, sus propietarios son los accionistas y operan para el beneficio de la comunidad. Una comunidad de poco más de 100.000 habitantes, el mercado más pequeño en la NFL, que deja el 70% de la ciudad vacía los domingos de partido. El modelo de gestión de los Packers prueba que no hay razón para la propiedad privada en la NFL. 

Esta forma comunitaria de gestión está en el ADN de la localidad del norte de Wisconsin. En 1923, y para salvar al equipo de la bancarrota, los Packers se convertían en la organización sin ánimo de lucro Green Bay Packers Corporation gracias al esfuerzo de sus habitantes que compraron las acciones de la nueva organización. Lo que hoy se llamaría crowdfunding. Posteriormente, se tomaron medidas para que ningún accionista tuviera el interés de controlar la mayoría de las acciones. El equipo pertenecía a todos y juntos tomaban las decisiones democráticamente de cómo llevarlo.

Todo el mundo está implicado aunque tenga una sola acción, no hay una voz dominante. La franquicia es gestionada públicamente por el bien común, con reuniones anuales de accionistas en verano en el Lambeau Field (este año es el 28 de julio). Los Packers son un proyecto de comunidad con la intención de promover el bienestar de la comunidad. Los operadores del campo son voluntarios, muchos de ellos forman parte de organizaciones sin ánimo de lucro de la ciudad y los alrededores que recaudan dinero para la caridad. Si el campo está cubierto por dos palmos de nieve, nunca faltan manos y máquinas para ayudar.

En términos políticos y sociológicos, los Green Bay Packers son esencialmente una organización anarquista. Un modelo que se parece al anarco-sindicalismo ya que, situando a la franquicia de los Packers en el contexto del mercado en que se mueve, no solo es atípica sino que se salta todas las reglas. El anarquismo de la cooperación sindical, o sindicatos anarquistas, es donde los trabajadores están organizados tanto para luchar contra sus patrones como para desarrollar las habilidades necesarias para asumir el control de las fábricas o tierras. Extrapolando, los accionistas de los Packers son un gremio o sindicato de aficionados organizados para gestionar su equipo, sin mediación de ninguna autoridad privada o pública.

Las franquicias de las ligas deportivas profesionales norteamericanas, cuyos ingresos de miles de millones de dólares vienen de los aficionados (el partido que compran, la fantasy que hacen, el perrito caliente que se comen, la camiseta que visten, etc.), es decir, de una comunidad, funcionan en mercados que son monopolios. Mientras cualquiera puede crear una liga para competir con la NBA o la NFL (buena suerte para el que lo intente, la NFL tiene unos ingresos de 9.000 millones de dólares al año), la MLB incluso disfruta de una excención anti-trust, por lo que nadie puede crear una liga para competir con las Majors. Y, en el capitalismo, el monopolio significa no tener miedo a un competidor, por lo tanto una superioridad financiera que acaba dominando el poder político, en líneas generales en cuestión de impuestos y financiación estatal (en el caso de Estados Unidos) o municipal.

¿Es malo que se financien indirectamente con dinero público franquicias deportivas? Por supuesto que no, existe un interés público, una comunidad, una fanbase a la que servir y que genera unos ingresos. La pregunta es si el estado o la ciudad sale ganando económica y socialmente para su comunidad, y la respuesta es generalmente no. Los costes que emplea una ciudad en estadios nuevos o retener equipos desembocan en nuevos tipos impositivos o recortes en el sector público. Y no depende de la ciudad (historia, economía, política, estadísticas demográficas…). En Glendale, mientras se despide a bomberos, policías y profesores (casi venden el edificio del ayuntamiento), los Coyotes reciben 15 millones de dólares al año de la ciudad de Arizona. Y la ciudad de Nueva York, con el nuevo estadio de los Yankees “creó miles de millones de dólares de deuda pública con poca transparencia o control por las autoridades electas y fuera de las restricciones existentes de deuda. Eso no era de interés público”, como señaló el Informe ‘The House That You Built’ presentado en la Asamblea del estado de Nueva York.

Los propietarios privados de las franquicias se aprovechan enormemente de sus aficionados y sus ciudades o estados. Estos gobiernos ponen los intereses privados sobre los públicos, permitiendo a los dueños socializar el riesgo del negocio mientras privatizan sus beneficios. No hay razón para pensar que un control participativo de una franquicia es peor que uno privado. El deporte debería ser un bien público que sirviera a la comunidad. Los Green Bay Packers han demostrado que las comunidades locales pueden poseer y controlar una franquicia con éxito, social, deportivo y también económico. No en vano, los beneficios de los de Wisconsin los últimos tres ejercicios han sido: 25,6 millones, 43 millones y 54,3 millones. 

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