Iker lidera a una España que vapulea a Francia
La Selección ganó a la poderosa Francia en un encuentro en el que destacaron Iker Romero, Rocas y David Barrufet, autor de una parada estratosférica que resultó clave para el marcador final. Los de Pastor se clasificaron para la siguiente ronda y hoy se miden a Eslovaquia (17:30).

El ogro resultó que ni tenía garras, ni era fiero, ni se comía a nadie como si de un heleogábalo hambriento se tratase. No. Francia, una de las grandes favoritas al título en Suiza, se arrastró ante España durante 40 minutos, y si luego fue capaz de enderezarse y levantar la cabeza, fue simplemente porque el arbitraje maquilló el resultado. No se podía consentir que una candidata al oro sufriese una afrenta, y eso se arregló anunciando pasivos al ataque español, para meterle prisa, para que no pudiese pensar, para agotarle. Pero no había caso: un paradón de Barrufet en un contragolpe de Abalo (29-26, minuto 27) sentenció el partido y España pasa a la siguiente fase con tres puntos, convirtiendo en intrascendente el choque de hoy ante Eslovaquia.
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Exhibición España jugó otro de esos partidos soñados, otra exhibición de ataque y defensa, otra jornada parecida a aquella de hace un año en Túnez en la que barrió a Croacia en la final del Mundial. La defensa, madre de todos los triunfos, bien plantada en 6-0 como un bloque compacto, era impenetrable; no había manera de que los lanzadores viesen huecos, ni que Karabatic asistiese al pivote, Guille, desaparecido entre las torres españolas. Y el ataque era perfecto: movimientos de balón, paciencia, tiro (Iker y Entrerríos), penetración, aportación del pivote Urios (goles, penaltis, exclusiones), conclusiones por el extremo (Rocas). Otro partido para que estudien los aprendices de entrenadores en cualquier clínic.
Sólo la aparición de Jerome Fernández dio un poco de aire a los galos, con Honesta rotando hombres, buscando un equipo para plantar cara y no claudicar como un conjunto de mediopelo. Cuando peor lo tenía Francia, cuando estaba a punto de sacar la bandera blanca y solicitar clemencia, los árbitros se encargaron de reparar su imagen. Fue para darle ambiente al final del choque, porque por momentos daba la impresión de que se asistía a un concierto de ópera, con el público (francés y alemán) impasible en sus butacas.
