Lance Armstrong busca una despedida gloriosa
El texano es el gran favorito en el que será su último Tour

Serán los años o el Síndrome de Estocolmo, pero de Armstrong me han acabado por gustar hasta sus mujeres, la esposa que fue y la novia que tiene, ambas de boca generosa y gesto rotundo, de capón si te despistas, cada una preciosa en su estilo, ya sea ama de casa o cantante de rock. De Armstrong he llegado a admirar, y me ha costado, su insaciable afán por hacer suya la historia del Tour, ese sentimiento de conquista en tierra extraña, el mismo que tendríamos nosotros caso de ganar seis veces el rodeo internacional de Tucson, Arizona, por poner un ejemplo. Pero lo que más me gusta de Armstrong sigue siendo su capacidad de superación y su carácter irreductible, chulesco si quieren, tan arrogante como puede permitirse un grandísimo campeón. Y es precisamente ese carácter, rayano a veces en lo mafioso, lo que hará que quien pretenda ganarle deba cortarle la caballera y bailar sobre su tumba, pues de otro modo habrá riesgo de que Armstrong se levante.
Ese ciclista, del que algunos sospechan sin más motivo que el que habría para sospechar de los éxitos de otros campeones presentes o pasados (incluido el nuestro), ese ciclista, digo, luchará desde hoy por ganar su séptimo Tour consecutivo, un récord casi inhumano que descuelga a los pentacampeones y que combina la fortaleza con la fortuna, ni un catarro ni una caída en los meses de julio de los últimos seis años, tampoco un positivo.
Los enemigos serán los de siempre, pero crecidos porque el monstruo tiene ya 33 años, 34 en septiembre, con esa edad ganó Zoetemelk, pero no es frecuente hacerlo. Ninguno se quiere perder este entierro, de producirse. Y es lógico. Armstrong ha devorado a muchos adversarios.
Rivales.
Su víctima favorita ha sido Ullrich (31 años ya), cinco veces segundo en el Tour, recién divorciado, el pasado mayo. Es común ese intento por cambiar de vida, por liberarse del tormento. Le ocurrió a Beloki, tras la caída, y también a Mayo, casi inédito esta temporada, rumiando en secreto su venganza. Sin tantos traumas, Ivan Basso intentará ganar por primera vez, después de exhibirse y desplomarse en el Giro, dicen que por una grastroenteritis. Por el podio rondará también Heras, hasta ahora acomplejado ante su ex jefe; también Mancebo y Vinokourov.
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Alejandro Valverde merece capítulo aparte. Debuta con 25 años y un porvenir esplendoroso. De ahora en adelante sabremos si nos encontramos ante un replicante de Jalabert (lo que ya sería mucho) o frente a un campeón de incluso mayor rango. Su podio en la Vuelta 03 y su cuarto puesto en la pasada edición nos hablan de un corredor completísimo, formidable. Sólo nos falta saber cuál será su rendimiento ante las colosales montañas que le esperan.
Siempre que un mito del ciclismo acabó su reinado su sucesor estuvo al acecho. Así, sin apenas transición, se encadenaron los imperios de Anquetil y Merckx, de Merckx e Hinault, del francés e Indurain y de este y Armstrong. Si no fuera bastante apasionante el Tour esta vez toca descubrir a un rey de incógnito.