Ciclismo | Vuelta a España

La Vuelta de Valverde

Hamilton y Heras son sus grandes rivales en una ronda muy reñida

<b>VIEJOS CONOCIDOS</b>. Alejandro Valverde (Kelme-Comunidad Valenciana), a la derecha, conversa con Óscar Sevilla, ahora del Phonak y antes compañero de Valverde.
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La esperanza de la Vuelta se llama Valverde, valle verde, Bala Verde, tercero en la pasada edición, subcampeón del mundo, 14 triunfos esta temporada, 24 años, un diamante que se sale del joyero. Su talento, eso tan etéreo, se combina con una efectividad asombrosa que recuerda a Hinault, quien por ganar casi siempre, sprint o montaña, fue conocido aquí como el caimán y allí como el tejón.

Pero la esperanza valverdiana no sólo se cifra en sus enormes condiciones, también en su juventud, en su capacidad para regenerar la ilusión y dar nombre al primer capítulo de un ciclismo nuevo, sin sospechas, sin los médicos de ahora ni los directores de siempre, responsables, en el mejor de los casos, de mirar a otro lado. Valverde coincidirá en esta Vuelta con Damiano Cunego (23 años), quizá su alter ego italiano, vencedor del Giro de Italia al saltarse las órdenes de equipo y desafi ar al capo Gilberto Simoni.

Expectación. Es pronto para anunciar un duelo entre Valverde y Cunego porque desde Roberto Fagnin (Gigi el amoroso, terror de azafatas) es imposible predecir el ánimo con el que un italiano afronta la Vuelta, sumamos ya demasiadas decepciones al respecto, y esto vale también para Garzelli y Caucchioli, que estarán en la salida. Al menos, la carrera servirá para descubrir si Cunego es diferente, si le puede el amor a la batalla, los campeones no saben esconderse en los tiroteos.

Frente a los más jóvenes, se sitúan Roberto Heras, vencedor hace un año, y Tyler Hamilton, campeón olímpico contra el reloj, que necesita justifi car la inversión de su equipo, el Phonak. Con el primero sufrimos una desilusión en el pasado Tour de Francia, donde se derrumbó antes de que se le viera el casco. No es lo mismo ser escudero que Quijote. A Hamilton le pudo entonces la muerte de su perro, pero ya parece restablecido (Hamilton; no el perro). Aunque no se trata de un ciclista de apariencia feroz (es más afable que odioso), sería muy interesante que se convirtiera en el extranjero a batir.

Pino, para despistar, asegura que viene a trabajar para Sevilla. Hay otros candidatos a hacer de Falconetti: Vinokourov, un kazajo que hizo sufrir a Armstrong en 2003, quizá Landis, el amigo mormón de Lance, y probablemente Menchov, el ruso de Echávarri, que es como Zülle, pero con menos gracia. Mancebo buscará el milagro con una muñeca rota.

Tras ellos, están los tapados, como Sastre, Zubeldia y Evans, y los misteriosos, como Aitor González, Beloki y Pecharromán, los tres últimos de rendimiento imprevisible ya sea por su cabeza, por las caídas o por su extraña eclosión. Aunque con otros objetivos, también correrá Freire, que tendrá que medir sus fuerzas con el inconmensurable Petacchi, al igual que Perdiguero, aunque haría bien en probarse para la general. Irá por libre el campeón del mundo, Igor Astarloa.

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Respecto al trazado, a falta de grandes puertos (no hay), sigue siendo el más atractivo de las tres grandes, seis llegadas en alto y etapas cortas antisiesta. Habrá cuatro cronos, hoy, la primera, por equipos, ignoro el espectáculo que ven los organizadores en estas pruebas que priman el dinero del patrocinador sobre el talento individual. La segunda será en Almussafes (41 km), la tercera, una cronoescalada en Sierra Nevada (29 km) y la última, por Madrid (28 km).

Otra de las grandes difi cultades será una máquina australiana llamada Syxmex, capaz de captar la más pequeña alteración sanguínea y que ya ha dejado fuera a Casagrande y Golbano. Hay obstáculos y fi guras, paisajes conocidos y un chorro de esperanza. Y eso es mucho.

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