Liga de Campeones | Barcelona-Real Madrid

Zizou sigue de fiesta

Rememoró su gol con los compañeros; todos se ven en Glasgow.

Marco Ruiz
Redactor Jefe Real Madrid
Nació en Granada en 1977. Licenciado por la Universidad Europea, entró en AS en 1999, por tanto, es canterano y ‘one club man’. Tras hacer la información del Atlético dos años pasó a formar parte de la sección del Real Madrid, de la que ahora es su Redactor Jefe. Cubrió la Eurocopa de 2008, tres Mundiales de Clubes y una final de Champions.
Actualizado a

Radiante como nunca. Zidane se sentía ayer más que feliz. El objetivo de ganar su primera Champions está más cerca y él, como corresponde a un fichaje de su envergadura, está contribuyendo de manera efectiva a conseguirlo. La sensación del deber cumplido se dibujaba en su cara mientras realizaba una suave sesión recuperatoria. Después, confirmaba su alegría cuando salía al parking para recoger su coche: "Estoy bien, muy feliz por mí y por el Madrid", comentó afable a los periodistas que se interesaron.

Noticias relacionadas

Como si de un corrillo de patio de colegio se tratase, Zizou rememoró ayer la sutil vaselina que abrió el camino de la victoria blanca ante el Barcelona (0-2) con sus compañeros, sentados en el césped en torno a él, atraídos por la magia del maestro, relajados y sumidos todos en la mayor de las distensiones. Bromas, pequeños golpes amistosos en el cogote, palmadas en la espalda, cordiales empujones... La Novena está más cerca y la confianza es mayor que nunca.

Goles de peso. Siete goles en Liga (el libre directo ante las Palmas y el gol inverosímil ante el Depor, para enmarcar), dos tantos en Champions (la vaselina de ayer ya forma parte de la historia blanca) y otras dos dianas en Copa del Rey constituyen el bagaje anotador del crack francés en lo que va de temporada (11 goles). Pero en él importa más un dato subjetivo: su genio aparece en todas las citas importantes. Zidane es Zidane, en gran parte, porque marcó dos goles a Brasil en la final del Mundial del 98. También lo es porque no falló el penalti que dejó en la cuneta a Portugal en las semifinales de la Eurocopa de Bélgica (gol de oro), y porque marcó un soberbio libre directo para apear en cuartos a los españoles de la misma competición.

También lo es porque marcó en el primer partido que jugó vestido de blanco (en Liga) en el Camp Nou, y porque repitió en su segunda visita (partiendo el encuentro en dos y el alma de los barcelonistas con su sangre fría). La afición del eterno rival le teme y los blancos han encontrado en él al mejor aliado para el Centenario. Al Madrid le quedan cinco finales y Zidane tiene todavía cosas que decir.

Te recomendamos en Polideportivo