JUEGOS OLÍMPICOS | KÁRATE

Sandra Sánchez gana el oro ante la japonesa Shimizu

La talaverana (39 años) logró el más difícil todavía en kata: vencer a la ídolo nacional Shimizu en el país de los creadores del kárate y en el Budokan.

Tokio
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Sandra Sánchez, la número uno del mundo en katas, salió del Budokan con un oro. Inmensamente feliz y haciendo feliz a todos. Es su sello. Emperatriz de Japón en la cuna del kárate ante Kiyou Shimizu, la gran estrella local. El imposible lo logró ella, que emocionada se echó en brazos de Jesús del Moral, el maestro que la impulsó en el kárate y ahora su marido. Hoy cumplían cinco años de casados. "Te voy a regalar una medalla hoy", le dijo al levantarse en la Villa. Y fue el oro. En Tokio. Contra todo y contra todas.

Descubre la técnica de Sandra Sánchez

Como desde hace años, desde que decidió asaltar el cielo del kárate, la pequeña Sandra (1,53 metros) se encomendó a sus Bolas de Dragón, que siempre lleva en la mochila y acaricia antes de las competiciones, también a Son Goku, el muñeco de Dragon Ball que cuelga de la bolsa y, sobre todo, a un intenso trabajo que ha llevado las katas a otra dimensión junto a su técnico.

Del Moral repitió el ritual: "Le ajusto el cinturón, le doy un abrazo y le digo que estaré detrás para lo que quiera”. El trabajo, de estudio y físico, estaba hecho. Quedaba disfrutar. Expresarse. En las rondas previas, ya se vio que jugar en "la catedral", como llama Del Moral al Budokan, el templo de las artes marciales de Japón, iba a estar complicado. En la clasificación, Sandra lideró el grupo A con 27,43 puntos, pero Kiyou Shimizu dominó el B con una puntuación superior, 27,70. Ambas pasaron después a la final con 27,86. La española con 'Papuren', la nipona, con 'Chibana No Kushanku'.

En Kitanomaru Park, cerca del Palacio Imperial, se levantó el Budokan para los Juegos de 1964 y dentro se preservan las tradiciones del judo, kárate, aikido... Las artes marciales inspiradas en 'El camino del guerrero', el 'bushido'. Allí en 1964, el holandés Anton Geesink derrotó en judo al ídolo japonés Akio Kaminaga y provocó un trauma nacional. Una humillación. En estos Juegos, los japoneses se han llevado en judo nueve oros de 15 posibles, más dos platas y un bronce... Territorio comanche. El kárate y el judo son asunto de estado. Ganar un oro en Tokio, deslizaban desde la Federación Española, iba a estar muy difícil.

En la final, Sandra salió con 'Chatanyara Kushanku' y Shimizu también. Su gesto era serio, felino. Desapareció la sonrisa. Llegó el kiai (grito) de la española y de su corazón fueron brotando golpes de puño, patadas... Fluyendo el combate imaginario contra rivales que en realidad son su propio yo. El yo que persigue la perfección. La talaverana venía de encadenar siete oros, pandemia mediante, en competiciones internacionales y precisamente la última vez que había sido derrotada en una final fue en la de la Premier celebrada en el Budokan en septiembre de 2019. Contra Shimizu y en un desempate. Aquí no se gana o pierde por KO, sino por las puntuaciones de unos jueces. La de Sandra fue 28.06 (19.60 en la parte técnica y 8.46 en la técnica) y la de la japonesa 27.88 (19.60/8.28). Cuando las escuchó, estalló. Y saltó. Y lloró. Emperatriz en Japón.