Una final por la supervivencia
El Getafe, si consigue ganar al Valencia el domingo en el Coliseum, pondrá una ventaja de siete puntos sobre el descenso.


Hay semanas que valen una temporada entera, y en el sur de Madrid, el aire se corta con un cuchillo. El Getafe CF ha iniciado sus entrenamientos en la Ciudad Deportiva con una consigna clara grabada en el vestuario: el domingo ante el Valencia no es un partido de tres puntos, es “La Final”. En un contexto de máxima urgencia, el equipo azulón busca desesperadamente un punto de inflexión que ponga fin a una sangría de resultados que ha puesto a prueba los nervios de la entidad.
Cicatrices profundas: del 4-0 en Sevilla al cruel 96’ ante la Real
Para entender la importancia de este choque, hay que mirar las heridas que arrastra el equipo. La racha de un solo punto de los últimos 18 no es solo una estadística fría; es el reflejo de una serie de golpes morales que habrían hundido a cualquier grupo con menos oficio.
La moral del equipo quedó seriamente tocada justo antes de las vacaciones de Navidad. Aquella derrota por 4-0 en el campo del Real Betis fue un punto de ruptura. El equipo se mostró irreconocible, frágil en defensa y sin alma en ataque, una goleada que escoció especialmente por la imagen ofrecida y que empañó las fiestas de la afición azulona.
Cuando parecía que el equipo levantaba cabeza, el fútbol volvió a mostrar su cara más amarga el pasado viernes. En un Coliseum que rugía buscando el empate, la Real Sociedad castigó al Getafe en el minuto 96, llevándose un 1-2 que cayó como una losa de cemento sobre los jugadores. Perder en el último suspiro, cuando el esfuerzo parecía haber rescatado al menos un punto, ha dejado una sensación de injusticia que el cuerpo técnico intenta transformar ahora en rabia positiva para recibir al Valencia.
Un botín de siete puntos: El valor de una victoria
A pesar de este “vía crucis” de resultados, el fútbol le ofrece al Getafe un escenario de redención casi milagroso. La clasificación está tan comprimida en la zona baja que una victoria el domingo tendría un valor doble. Si los azulones consiguen doblegar al conjunto che, alcanzarán la jornada 20 con una renta de siete puntos sobre los puestos de descenso.
Lo verdaderamente relevante es que esos siete puntos de colchón estarían garantizados “pase lo que pase” en el resto de estadios. Lograr esa distancia en el inicio de la segunda vuelta supondría un balón de oxígeno puro, una descongestión mental necesaria para que los jugadores vuelvan a desplegar su juego sin la soga al cuello.
El Valencia, un visitante abonado a la crisis
El rival que visita el Coliseum no llega en una situación mucho más boyante, lo que aumenta la tensión del “duelo de necesitados”. El Valencia CF desembarca en Madrid arrastrando una crisis de identidad severa fuera de su estadio. A día de hoy, los de la capital del Turia son el segundo peor visitante de LaLiga, un equipo que parece encogerse en cuanto cruza las fronteras de la Comunidad Valenciana y que aún no ha sumado de tres en tres lejos de Mestalla.
La sequía de victorias de los visitantes es alarmante: no conocen el triunfo desde el derbi ante el Levante (1-0) disputado en el mes de noviembre. Desde aquel solitario gol de Hugo Duro que les dio la gloria en Mestalla, el Valencia ha entrado en una parálisis de resultados que les impide despegarse de la zona de peligro. Esa vulnerabilidad es la que el Getafe debe explotar desde el minuto uno, presionando a un rival que históricamente sufre en el feudo azulón.
El regreso de la guardia pretoriana y caras nuevas en el horizonte
La mejor noticia para Bordalás es que, para esta final, recupera sus cimientos. Tras cumplir sus respectivas sanciones y superar molestias, Djené Dakonam y Domingos Duarte volverán a formar el eje de la zaga. Esto supone el fin de los parches en defensa; el Getafe vuelve a jugar con sus centrales naturales.
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Pero la ilusión de la parroquia azulona también se centra en las oficinas. El club trabaja sin descanso para lograr la inscripción oficial de Boselli y Dani Rodríguez. La llegada de estos refuerzos invernales se considera vital para dotar al equipo de la creatividad y contundencia que ha perdido. Boselli, que llega para rendir desde el primer día, y Dani Rodríguez, con su visión de juego, podrían ser las piezas que terminen de encajar el puzzle para que los tres puntos se queden en casa.
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