Superliga: así se gestó su caída
El litigio y la sentencia judicial, el torneo cerrado, el formato de la competición, las relaciones y la forma de financiación dejan varias lecturas sobre el desenlace del proyecto.


La Superliga ya es historia. En el tintero, eso sí, se mantienen varias preguntas sin resolver, o resueltas en parte, sobre cómo queda el tablero. El torneo que venía a cambiar las reglas para siempre deja unas cuantas lecciones sobre qué conviene tocar y qué no cuando de remover el fútbol se trata. Quedan cabos sueltos y hay otros que se aclararon por completo en todo este litigio. Son estos.
Derrota en los juzgados. La sentencia del Tribunal Europeo de Luxemburgo dio la razón a la Superliga respecto a la UEFA en cuanto al monopolio de competiciones se refiere. Cada uno puede crear sus competiciones sin pedir permiso al actual gestor del fútbol europeo, que tampoco tiene competencias para sancionar a quien lo haga. Sin embargo, quedó claro que un respaldo judicial no lo es todo. Para poder ejecutar un proyecto como la Superliga se necesita un consenso político, deportivo y social que va más allá de las leyes y las sentencias.
Apoyos y traiciones. El tsunami que se produjo tras el anuncio de la nueva competición movió los cimientos del fútbol europeo. Andrea Agnelli, presidente de la Juventus y de la ECA en aquel momento, dejó inmediatamente la asociación de clubes europeos. La respuesta de estos fue situar a Al Khelaïfi, uno de los pesos pesados de entre los supervivientes, como nuevo dirigente de los clubes. Después de que se fueran yendo los ingleses y después los italianos, la Superliga quedó casi en un mano a mano entre Florentino y Laporta. El primero se mantuvo leal en los peores momentos del conjunto culé; el segundo, sin embargo, decidió cambiar de bando cuando más languidecía el proyecto de escisión.
Competición cerrada. El gran talón de Aquiles de la Superliga. El proyecto empezó con la idea de ser exclusivo de unos pocos clubes europeos y al poco tiempo, y ante el rechazo de la opinión pública y la desbandada general de algunos socios fundadores, tuvo que virar diametralmente. En este punto la UEFA tuvo siempre a la política de su lado. El papel de gestor del fútbol tal y como la Unión Europea quiere, es decir, abierto a todos y con los criterios deportivos como principales para lograr la clasificación, le ayudó a ganarse el beneplácito general. Incluso partiendo de intereses particulares y privados, no se puede ir en contra del pueblo en un asunto tan global como el fútbol.
Los tres torneos. El modelo de competición es lo que más fue moldeando la Superliga hasta derivar en algo que en realidad ya existía: el actual. Del inicial con un grupo único de 20 equipos, 15 de ellos siempre los clubes fundadores, acabó pasando a algo muy parecido al de UEFA, con tres divisiones. Se llamaban Star League, Gold League y Blue League. Cada torneo contaba con 36 clubes, igual que las competiciones actuales de clubes de la UEFA: Champions League, Europa League y Conference League. La clasificación seguía el mismo proceso que las competiciones de clubes de la UEFA, basado en el rendimiento anual en las ligas nacionales.

Plataforma de streaming. Uno de los puntos más relevantes del proyecto Superliga fue prometer todo el torneo gratis y por streaming a través de una plataforma llamada Unify. Pareció una locura, pero el resto de organismos se han ido adaptando a dicho concepto. La FIFA ya emitió el Mundial de Clubes de esta manera a través de DAZN y la UEFA también tiene acuerdos con Amazon en países concretos y ha estudiado ofertas globales de grandes compañías para llevar a cabo el modelo de streaming en los principales mercados europeos. Solo se libran de los anuncios aquellos clientes Premium que, en su caso, sí pagan por evitarlos.
Noticias relacionadas
Propiedades y fondos. En el origen de la Superliga se habló de que JP Morgan, banco de inversión, tenía reservados 3.500 millones para impulsar el torneo. Desde entonces hasta ahora, los fondos y los magnates han adquirido un gran peso en el fútbol. La mayoría de los conjuntos ingleses están en manos de propiedades estadounidenses. También el Atlético de Madrid. Hay un boom por la inversión en el fútbol del más alto nivel, pero hay que controlarlo. Lo que intuía la Superliga con su modelo inicial es ya una tendencia en la industria. Algunas de las mayores riquezas del mundo están de lleno metidas en el negocio.
¡Tus opiniones importan! Comenta en los artículos y suscríbete gratis a nuestra newsletter y a las alertas informativas en la App o el canal de WhatsApp. ¿Buscas licenciar contenido? Haz clic aquí






Rellene su nombre y apellidos para comentar