Reseteo de Champions
El varapalo en Pamplona enfría para el miércoles la euforia tras el 0-1 en Lisboa. Huijsen está aún en el aire y Ceballos será baja siete semanas. Arbeloa pide cabeza: “Ahora no nos pueden venir las dudas”


El Real Madrid se dejó el liderato en Pamplona y también algunos jirones de confianza, pero el periodo de análisis y reflexión será exprés. El calendario no permite más. La Champions, este miércoles, obliga. Obliga a dejar atrás lo de El Sadar (aunque el club sigue enfadado por el penalti señalado a Courtouis) y sobre todo a recuperar la versión de Lisboa en la ida. Aunque se haya desinflado la euforia por ese más que sólido 0-1 sólo bajuneado por Prestianni, Arbeloa pide cabeza: “Nos jugamos la vida el miércoles. Ahora no nos pueden venir las dudas...”. En otras palabras, es necesario un reseteo europeo.
Lo primero, contabilizar y evaluar los efectivos. Arbeloa ya sabe que Huijsen será duda hasta el último momento por un problema en el gemelo y que no dispondrá bajo ningún concepto de Rodrygo (cumplirá el segundo partido de sanción por la roja que vio en Da Luz el 28 de enero) y tampoco de Ceballos. La ausencia del utrerano ha sido sorpresiva. El club informó en la mañana de ayer de que sufrió en la derrota ante Osasuna (donde jugó apenas los 12 minutos finales) una rotura en el sóleo de la pierna derecha. Traducción: estará cerca de siete semanas de baja. Eso son las ausencias, pero se monitoriza la rodilla izquierda de dos que estarán sí o sí: Mbappé y Rüdiger. El francés rotó ante la Real, después en la ida contra el Benfica anduvo con escasa chispa y el pasado sábado, en Pamplona, se le vio aún menos brío y falló una ocasión que habría supuesto el 1-2 de esas que emboca con los ojos cerrados. Rambo Rüdiger vive una situación con tintes parecidos. En su caso la articulación no permite aún cargas continuadas de trabajo y por eso descansó en Pamplona. Para evitar una posible lesión y para que esté fresco este miércoles.

Los brotes y el diván
Varios frentes de pura enfermería, pero también está lo mental. Pamplona segó los brotes verdes de la recuperación futbolística de Camavinga en este sistema de cuatro medios sin Bellingham, Carvajal y luego Trent se vieron superados ampliamente por Víctor Muñoz. Aumentar el termómetro de su confianza (también la de Asencio tras su flojo paso por El Sadar) es otro de los puntos a manejar por el Arbeloa más terapeuta a la par que entrenador.
Pero el diván es mucho más confortable si se tiene un partido decisivo en la Champions entrando por la puerta. El equipo exorcizó en el encuentro de ida los fantasmas del 4-2 en Da Luz que cerró la fase liga de la Champions. Hasta esa nefasta noche, el Madrid se movía en esta edición de la máxima competición europea sin excesivas complicaciones (cinco victorias y dos empates y el top-8 casi cerrado) y a esa inercia y al 0-1 que se trajo de ventaja se puede agarrar este Madrid. Son hechos, palpables, a los que alude Arbeloa cuando no quiere que “las dudas” permeen el ánimo de su plantilla.
“Nos faltó velocidad, ante cualquier bloque bajo hay que mover más rápido el balón...”
Arbeloa, tras la derrota en El Sadar
Aunque tiene trabajo táctico y también poco tiempo para implementarlo. Ante Osasuna detectó carencias. No las ocultó. “Nos faltó velocidad”, especificó en la sala de prensa. “Ante cualquier bloque bajo hay que mover más rápido el balón...”. No es un análisis que no se pueda aplicar al Benfica, por mucho que las águilas vengan al Bernabéu con un gol de desventaja. Mourinho, como ha mostrado en otros momentos de su carrera, puede plantear esa estrategia de inicio para resistir, sostener la eliminatoria viva y aguardar su oportunidad.

Y la necesidad de ser más consistentes
El otro aspecto que dejó a Arbeloa meditativo fue el de la consistencia. “No somos capaces de enlazar partidos, aunque veníamos de tres buenas victorias”, dijo, visiblemente inquieto. Pero, si se mira el vaso medio lleno, tampoco su Madrid ha enlazado pinchazos. Tras el Albacetazo copero se ganó al Levante (2-0) y después del 4-2 a manos del Benfica el pato lo pagó el Rayo (2-1). Y ahora es la Champions, la competición que suele sacar históricamente al Madrid de sus estados de bajón o abulia. El pase a los octavos de final lo exige.
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