Laporta, un tigre enjaulado
El presidente electo no puede ejercer funciones ejecutivas ni de representación hasta el julio mientras el club vive un periodo de decisiones clave.


Para bien o para mal, el estilo de Joan Laporta dirigiendo el FC Barcelona es presidencialista. Cuentan sus colaboradores más íntimos que el presidente “tiene el club en la cabeza” y su influencia es patente en todas las decisiones de la entidad. No obstante ahora vive una situación insólita. Presidente electo tras ganar las elecciones el pasado 15 de marzo, Laporta no puede empezar a ejercer como mandatario de facto hasta el 1 de julio. Por tanto, vive el día a día del club desde la distancia, pero está como un tigre enjaulado.
El pasado jueves se reunió la junta directiva que preside Rafael Yuste en una reunión importante en la que se trataron asuntos fundamentales para el futuro del club.
Se habló en la Junta del presupuesto de cara a la próxima temporada y del cierre del ejercicio actual, de la planificación de la próxima pretemporada del primer equipo, que apunta que será al estilo estadía viejo estilo en Inglaterra o Alemania, del estado de las secciones y de los contratos de patrocinio en marcha o posibles opciones de mercado. Todos ellos temas que Laporta supervisaría personalmente.
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Ahora, por mandato estatutario, debe de enterarse de todo en reuniones que se llevan a cabo en su despacho profesional donde los ejecutivos pasan a informarle. Un tigre enjaulado.
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