Lamine quiere más
El ‘10’ del Barça pesó en la final de Yeda, pero lejos de la versión excelsa del año pasado. Su objetivo, estar al 100% cuanto antes. El club, tranquilo con él.


La final de la Supercopa tuvo un héroe en el Barça, Raphinha. También, jugadores que salieron reforzados como De Jong y Lewandowski. Y, finalmente, un protagonista en Araújo, a quien Ter Stegen, todavía capitán de la primera plantilla, cedió el honor de levantar el trofeo en Yeda. Pero en Arabia, como en tantos otros lugares, nadie es tan aclamado como Lamine. Al ‘10’, que despierta pasiones, se le vio conectado al partido. Estuvo comunicativo con los compañeros y con la afición saudí, a la que arengaba con esos gestos que se han hecho clásicos ya en el extremo criado a Rocafonda.
Su partido, eso sí, se quedó a medias. En datos, fue algo así: 86 toques, seis regates, cinco faltas provocadas y cinco cometidas, dos ocasiones creadas, 55 pases y 22 pérdidas de balón, un número considerable pero entendible en un jugador que toma muchos riesgos en el uno contra uno y en pases que sólo un privilegiado como él puede ver. En la primera parte, el Barça le suministró mucho juego. Trabajó mucho la posesión en la izquierda, con Eric, Pedri, Balde, Raphinha y De Jong, para atraer defensas blancos y luego transportar allí el balón para que jugase dos contra dos, con la ayuda de Koundé; o uno contra uno directo ante Carreras. Fue un bonito duelo, del que Lamine salió exitoso bastante en la primera parte. Sin embargo, y sobre todo al principio, la toma de decisiones del extremo, casi siempre perfecta, no fue la correcta. Muchas de las opciones que generó se fueron al limbo por las dudas de la última elección. Más allá de eso, le dio dolores de cabeza al Madrid y se llevó un buen pisotón del lateral izquierdo del Madrid. Lo mejor que hizo en el partido fue una asistencia mágica que Raphinha mandó al limbo minutos antes del 1-0. A Lamine ya le costó más en la segunda parte. Aun así, estuvo a punto de encontrar un gol en un centro de Koundé. Se topó con Courtois. Muchos gambeteos, pero poco acierto. Flick, por cierto, le reprochó no ser más pragmática en una acción en la que desafió a Mbappé. La jugada acabó en pérdida del ‘10’ y expulsión de Frenkie de Jong. Cuando el Barça se quedó con diez, fue sustituido por Ronald Araújo.
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Fue una buena versión de Lamine, pero no la excelente que se vio el año anterior en Yeda. Ese es uno de los objetivos de Flick de aquí a que termine la temporada. Ayudar a que Lamine, que no está teniendo una temporada fácil por los problemas físicos que le han asolado, alcance ya en este mes de enero el 100% y funcione así hasta final de temporada. En el Barça no hay preocupación con él. Al contrario, se observa con satisfacción cómo está llevando un año que no es sencillo para él, que está conociendo su cuerpo. Por ejemplo, en lo relacionado a las lesiones, a las que siempre había esquivado. Y, también, en lo personal. Lamine está conociendo ahora lo que significa ser una estrella al nivel del día a día, y eso no es fácil de gestionar. El Barça le está intentando dar la mayor naturalidad posible para aparecer como un agente creíble en la ecuación. No tratar de agobiar al jugador, sino darle las consignas adecuadas cuando es adecuado. Lamine tiene, además, un buen puñado de gente cercana en el vestuario; y un líder, Raphinha, que tiene ascendencia sobre él. Para el Barça y Flick, un Lamine súper sería la guinda a un equipo que afronta la segunda parte de la temporada henchido de moral por la Supercopa y con todo por ganar. Y no hay que olvidar aquella frase después de la eliminación del Inter. “No pararemos hasta que la traigamos a Barcelona”. El desafío para Lamine es máximo.
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