La noche de Barrene
El extremo donostiarra marcó su primer gol en Primera contra el Real Madrid.


Hay un jugador en el que poso toda mi atención en esta previa del partido entre la Real Sociedad y el Real Madrid en el Reale Arena. Uno de esos futbolistas diferentes, en vías extinción en nuestra liga: irreverente, anárquico, pelotero, imaginativo, alejado de los rigores de la táctica, que se asfixia con esos esquemas en los que su equipo se limita a presionar y correr detrás del balón, es un extremo a la vieja usanza, de los de toda la vida y que cada vez se ven, desgraciadamente, menos. Entiendo que muchos estaréis pensando en Vinicius. Pero es que el jugador del Real Madrid no puede jugar en Donostia porque está sancionado. No es santo de mi devoción el brasileño, por su manera de comportarse; pero hay que reconocer que con el balón en juego es una delicia verle. Aunque cuando el fútbol se detiene… ¡cuánta música de viento se va a ahorrar la parroquia blanquiazul! Porque su actitud es el del todo insoportable.
Me refiero a otro jugador con esas características, pero que es más modesto, menos mediático y más nuestro: Ander Barrenetxea. Es una alegría verle volver a disfrutar sobre el terreno de juego después de un año lleno de sinsabores por culpa de las lesiones. El donostiarra está recuperando el tiempo a marchas forzadas, y poco a poco va mostrando todo el talento que atesora. Un talento que ya venía enseñando en las categorías inferiores de la Real y de la Selección, que demostró con una fuerza inusitada en su estreno en la máxima categoría. Pero que luego se frenó en seco y que las lesiones han estado a punto de robárnoslo. Afortunadamente, Barrene es cabezota y estaba empecinado en salir del pozo para disfrutar haciendo lo que más le gusta: pactar con la pelota jugadas imposibles que sólo los peloteros como él son capaces de imaginar.
Que su amatxo, Azu Muguruza, sea una de las mejores entrenadoras de nuestro baloncesto femenino, dirigiendo al IDK Euskotren, seguro que también le ha servido. Porque viene aprendido de casa, a saber que para llegar a lo más alto hay que trabajar muy duro y que siempre hay piedras en el camino que sortear. Bien lo sabe su madre, que trabajó muy duro, superando muchos escollos, para alcanzar la élite con su equipo de toda la vida. Esa lección de superación le viene de fábrica, la ha interiorizado en casa, ha recibido buenos consejos que le han ayudado a ir por el camino correcto y a tener una madurez impropia para un chico de su edad. Apenas tiene 22 años. Barrenetxea tiene una lesión crónica, que le va a acompañar de por vida en su trayectoria profesional, pero ha aprendido a controlarla gracias a un exigente trabajo de prevención que hace cada día antes de empezar a entrenar. Sin esa rutina, sería imposible verle fintar, regatear, correr como una gacela y centrar como le estamos viendo en los últimos partidos.
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Barrenetxea ha vuelto, si es que algún día se fue. Y lo ha hecho con mucha más fuerza que cuando se fue, si es que se fue. Ahora entiende mejor el fútbol, es más consciente de que solo el talento no basta para ser futbolista de Primera. Ha entendido que debe trabajar sobre el campo, exprimirse para que luzca ese talento. Ha hecho caso a su principal valedor en el club: Imanol Alguacil, que le tiene una fe ciega. Y a su amatxo, que solo deja de pensar en su equipo de baloncesto cuando tiene que dar consejos a su hijo. Y por fin empezamos a ver a ese joven prometedor que todos hemos soñado recorriendo las bandas del Reale Arena durante muchos años, llegando a la selección absoluta y marcando goles decisivos, o dando asistencias maravillosas, o haciendo jugadas imposibles.
Le ha costado, pero el Barrenetxea que siempre imaginamos ya está aquí. Y esta noche tiene la oportunidad de cerrar el círculo que él mismo empezó un ya lejano 12 de mayo de 2019. Aquel día marcó su primer gol en Primera división y la Real Sociedad ganó 3-1 al Real Madrid. Es el último triunfo realista contra los blancos en su feudo. De esa manera, se convertía en el jugador más joven en marcar en la máxima categoría con el club txuri-urdin, superando a Joseba Etxeberria. Y de paso, era el jugador más joven en marcar un gol al equipo blanco. Entonces, todos pensábamos que la rompería. Pero no contábamos con las malditas lesiones. Ahora las ha dejado atrás, y disfruta y nos hace disfrutar, siendo ese jugador diferente, para lo bueno y para lo malo. Que sabemos cómo son estos extremos a la vieja usanza, pero lo entendemos y los queremos así. Y somos todos conscientes de que va ir a más, que tiene ir a mejor. Empezando por su noche blanca. Por eso para mí es el nombre propio de este partidazo con sabor a Champions txuri-urdin. Ojalá no me equivoque. Porque puede ser la noche más esperada y deseada de Barrene. Su reivindicación, y quizá confirmación, definitiva le llega cuatro años tarde. Pero nunca es tarde si la dicha es buena. ¿No les parece?





