Leganés

Juan Cruz, cariño y devaluación

El hispano-argentino está a punto de cumplir una vuelta de partidos (ha disputado 20) sin marcar, ni asistir. Es su peor racha de profesional. El club le regala cariño para salir del pozo, pero sigue transmitiendo un juego melancólico.

11/01/26
PARTIDO SEGUNDA DIVISION
 LEGANES - REAL VALLADOLID
PENALTI JUAN CRUZ
AITOR MARTIN
Kiko Martín
Licenciado en Periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid, ha desarrollado su carrera entre la radio deportiva (Cadena SER) y la prensa escrita. Es, desde 2006, corresponsal del Leganés para AS.
Actualizado a

El Leganés lleva más de la mitad del campeonato buscando la mejor versión de Juan Cruz. El extremo hispano-argentino (25 años) engarza ya 20 partidos de Liga (en Copa no ha jugado) con una sequía de goles (cero) y de asistencias (cero) ante la que al sur de la capital se sigue aplicando la misma medicina. Toneladas de cariño para recuperar a un futbolista llamado a ser su hombre franquicia, pero al que apenas se ha visto en una versión cerca de la plenitud que mostró, por ejemplo, el curso del ascenso y, sobre todo, en la primera vuelta del retorno a la élite. Aquel Juan Cruz volaba. El actual ni se le acerca.

Los 20 partidos actuales sin marcar o asistir (se estrenó en la jornada 3, después de que se ausentase las dos primeras por el conflicto de su salida… que acabó en renovación) representan su peor racha desde que se asomó al fútbol profesional. Seguramente el culebrón que protagonizó durante el mercado estival fue uno de los condicionantes que ha derivado en el escenario vigente. Con la cabeza más fuera que dentro del Leganés y una pretemporada deficiente (no hizo el tour por EEUU y durante buena parte del verano se entrenó aparte), el escenario no era el mejor para coger velocidad de crucero.

El penalti ante el Valladolid

Tampoco le ha ayudado el rendimiento colectivo de un equipo tan necesitado de sus aportaciones como a la inversa. Si a ello se le une su baile de posiciones y una pizca de falta de fortuna, el resultado es un baño de impotencia en el que Juan compite mientras el equipo trata de echarle una mano por activa y por pasiva. Se demostró ante el Valladolid cuando sus compañeros le dejaron lanzar el penalti que pudo haber sido el 1-0. Pero lo marró. El lanzamiento fue malo. Plano, suave, al centro… Parábola del mal momento que atraviesa un futbolista seguramente con más carga en la cabeza que en las piernas.

Aun así, Juan Cruz peleó el rechace y provocó otra nueva pena máxima que acabó transformando Millán. Cruz no se vio con la confianza de lanzarlo de nuevo. “Se le vio jodido por esa situación cercana al gol, pero dos jugadas más tarde hace esfuerzos propios de un jugador comprometido y eso me da tranquilidad. Está entrenando bien como el resto de compañeros. (…) No estoy preocupado. Estamos generando el mejor contexto para que pueda rendir, acercarse al gol y asistir”, analizaba su entrenador, Igor Oca, poco después, en la previa de la visita al Castellón, partido en el que, de nuevo, Cruz estuvo alejado de su mejor versión.

Juan Cruz, cariño y devaluación
Juan Cruz encara a dos jugadores del Castellón CARME RIPOLLES

Del deseo a la caída

Y eso que gozó la de la ocasión más clara del partido. Un mano a mano ante el portero que resolvió con una buena vaselina, floja (eso sí) y que despejó un defensa albinegro casi sobre la línea de gol. La estampa de Juan Cruz, casi congelado viendo como le sacaban su primer gol del curso, sin apretar o perseguir ese balón, es carta de presentación del estado de ánimo que transmite y que también se refleja en la falta de confianza para intentar una de sus especialidades: los regates. En Castalia lo probó dos veces y ninguna con éxito.

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Ahora el club quiere, por encima de todas las cosas, que el jugador se sienta cómodo y pueda volver a ser el futbolista deslumbrante, pieza fundamental del ascenso hace dos cursos. Un escenario que podría revalorizarlo de cara al final de curso, aunque ha perdido mucho fuerza -al menos con el rendimiento actual- la posibilidad de protagonizar el verano que viene otro culebrón similar al de 2025, cuando Osasuna, Rayo, Celta o Alavés se interesaron por él, alguno llegando a poner sobre la mesa casi cinco millones de euros. El Leganés exigía los 10 de su vieja cláusula, esa que ahora se ha reducido a ocho millones, pero que visto lo visto, sigue pareciendo muy elevad para animar a una puja desatada como sucedió hace menos de seis meses.

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