Joan García baja el volumen
Después de su portentosa actuación contra el Espanyol, su rendimiento ha bajado un punto. En el Metropolitano cometió su segundo gran error como portero del Barça. La Selección, de fondo.


Joan García cometió este jueves su segundo gran error como portero del Barça. El primero, en Oviedo, cuando intentó sacar jugada una pelota que había salido a cortar casi al centro del campo, terminó en gol de Alberto Reina. Pero no tuvo consecuencias. El Barça ganó 1-3. El del Metropolitano, sin embargo, tuvo unas consecuencias devastadoras. Su no-recepción después de la cesión de Eric Garcia dio pie al 1-0 del Atlético; y encendió a los rojiblancos. Luego, no tuvo mayor responsabilidad en el resto de los golazos de Griezmann, Lookman y Giuliano.
Más allá del error puntual, el rendimiento de Joan García está en un valle desde su portentosa actuación contra el Espanyol el pasado 3 de enero. Aquel partido requirió de una preparación minuciosa, semanas de trabajo mental en las que el portero admitió que trató de visualizar qué se encontraría en el RCDE Stadium para estar preparado. Sus paradas a Pere Milla o Roberto resultaron memorables. Parece lógico que, después de todo ese trabajo mental, al que luego se sumó la Supercopa, su primer título como azulgrana, se haya producido cierta distensión. En líneas generales, Joan García ha estado menos dominante.
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Alrededor del portero, además, se estaba empezando a generar un ruido casi insoportable sobre la conveniencia de su convocatoria con la Selección española, que en algún caso se llegó a dar por hecho. Luis de la Fuente no lo ha tenido nunca tan claro. Joan García acabará en la Selección si continúa su progresión pero los tres porteros que fueron a la Eurocopa o a la Final Four de la Nations League forman una unidad compacta muy valorada por el seleccionador. Además, Remiro, que parecía el eslabón débil de esa cadena, ha cuajado excelentes actuaciones en los últimos meses. Una de ellas, precisamente, ante el Barça. A Joan García, mientras, le quedará redoblar el trabajo en una de las pocas facetas sobre las que generaba incertidumbre cuando fichó por el Barça: el juego de pies. En el Metropolitano, fue la mecha de una noche negra. Le toca volver a subir el volumen.
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