Piti: “El Granada puede dar guerra al Rayo”
Quien fuera mediapunta de ambos equipos habla sobre el partido de Copa y repasa su trayectoria: “El Tamudazo fue increíble, como ganar una Champions”.


La Franja es lo primero que se ve al entrar en su bar. Allí, en la pared de La Nueva Pocha, está enmarcada una camiseta de Míchel dedicada. “Le llamé para contarle que la gente se hace fotos con ella”, confiesa un risueño Piti (Barcelona, 1981). El tiempo pasa, pero el Rayo sigue en la vida de este icónico mediapunta, presente en muchas de las instantáneas para la historia del club. Lloró en Ipurua, pero la temporada siguiente se sacó la espina con el ascenso a Segunda. No fue el único que consiguió. También fue partícipe de aquel rodeado de impagos y de un milagro llamado Tamudazo. Piti continúa yendo a Vallecas y promete estar en Leipzig si su Rayo llega a la final de Conference. Antes, este martes, estará pendiente del partido de Copa (Los Cármenes, 19:00 horas) entre dos de sus ex. El mejor regalo para la tarde de Reyes...

—Los Reyes dejan el Granada-Rayo de Copa, ¿cómo vive este partido?
—El equipo de mi vida es el Rayo. Pasé dos años y medio muy bonitos en Granada, sobre todo el primero, porque conseguimos salvarnos sin sufrimiento.
—¿Cómo fue aquel fichaje por el Granada?
—Mi primera opción siempre fue el Rayo. De todas las reuniones que tuvimos no sé cuál resultó peor. Era imposible llegar a un acuerdo. El Rayo no podía alcanzar una cantidad que otros equipos sí, porque tenía ofertas de todo el mundo. Había metido 18 goles. No cogí la más importante en términos económicos, ya que en Arabia y Estados Unidos me daban mucho dinero. El Granada apostó muy fuerte por mí y acepté. Me solucionó un poquito la vida. Llegué a un club que tenía una gran estructura.
—¿Qué es lo que más le sorprendió?
—Era increíble, el Granada tenía de todo. En la Ciudad Deportiva, el jugador podía tratarse, hacerse una resonancia... Su estructura era de la de un equipo top en Primera.
—¿Cuál es su mejor recuerdo?
—Todo el primer año (2013-14) fue increíble. Mis compañeros eran unos jugadorazos y la afición era increíble. En los momentos malos no sentí ese apoyo que sí noté en el Rayo. La segunda temporada fue más difícil porque cambiamos de entrenador varias veces y al final conseguimos la salvación. Ojalá el Granada regrese a Primera cuanto antes.
—¿El peor recuerdo tiene nombre y apellidos?
—Sí, todo el mundo lo sabe. Son cosas que pasan en el fútbol. Tuve una relación muy mala con Sandoval. No fueron situaciones agradables. Nuestras visiones eran diferentes, opuestas, y nos resultaba difícil estar juntos.
—Empezaron bien en el Rayo y todo cambió...
—Fue un gran líder en el ascenso, porque tiró de nosotros. Cambió por algo que considero muy grave dentro de un grupo. No quiero sacar trapos sucios.
—¿Cómo ve a este Granada?
—Tiene muchos problemas. No se sabe quién manda en el club, siempre hay caras nuevas y no una referencia a quien acudir... Pacheta es un pedazo de entrenador y tiene un buen equipo, pero será complicado que logre ascender con esta inestabilidad. A un partido en Copa puede dar guerra al Rayo, pero no está para avanzar rondas o subir a Primera.
“Pacheta es un pedazo de entrenador y tiene buen equipo, pero será complicado que ascienda”
Piti
—Hay polémica por los altos precios de las entradas...
—Es abusivo.
—¿Y qué le parece este EuroRayo?
—Lo veo muy bien. Me preocupa un poco que el desgaste físico de tres competiciones le pueda afectar. Tiene un grupo espectacular, unos jugadores de la hostia y un entrenador para hacerle la ola. Habrá que tocar madera para que no haya lesiones y el míster pueda seguir rotando.
—¿Con quién le hubiera gustado jugar?
—¡Con muchos! Me hubiera entendido muy bien con Ratiu, Óscar Valentín, Unai... Tienen un control de balón espectacular. ¡Y con Camello! Hace movimientos de jugador top.
—¿Qué es el Rayo para usted?
—Mi vida. Cuando hablan de Piti es el del Rayo. No es el del Granada, el Zaragoza o el Hércules. He estado muchos años y he vivido lo más bonito del fútbol.
—¿Cómo recuerda el ascenso frustrado en Ipurua?
—Me sentí muy culpable, porque estaba sancionado. Me encontraba en un buen momento, todo lo que tocaba entraba, y no pude jugar. Me di más cuenta después del partido. Fue duro el viaje de vuelta. Había un silencio profundo en el autocar, mucha gente llorando... Al día siguiente Bukaneros y el resto de afición vino a apoyarnos a la puerta de vestuarios. Eso es lo que más valora un futbolista y lo que hace diferente a la Franja. Eso te hace ver la grandeza del Rayo.
—Al año siguiente, los franjirrojos vuelven a solicitar su fichaje...
—Yo quería volver y esos seis meses se me hicieron muy largos. Hablaba con Quique y Bea, que trabajaban en prensa, y les preguntaba si había dicho algo Pepe Mel, mandaba mensajes a compañeros... Tuve dudas de si el Rayo quería que yo volviera, pero se cumplió mi sueño.
“Me preocupa el desgaste del Rayo en tres competiciones, pero es para hacerle la ola”
Piti
—¿Cómo era ese equipo?
—¡Un equipazo! Coke, Míchel, Rubén Reyes, Carlitos de la Vega, Albiol, Pachón... Grandes jugadores y creamos una gran familia. Fue más bonito que en Primera. Teresa Rivero nos trataba como si fuéramos sus nietos y hacía que el rayismo estuviera muy unido.
—¡Ay, Pachón!
—Es un grandísimo amigo. Éramos compañeros de habitación y estábamos todo el día juntos. Parecíamos hermanos. Nos íbamos de karaoke y cantábamos la de Resistiré del Dúo Dinámico. Aún nos mandamos vídeos y nos reímos.
—¿Y cómo era la presidenta cuando se mosqueaba?
—Recuerdo un partido en el que perdimos 4-0 contra Las Palmas. Bajó al vestuario y nos metió una bronca... ¡Que quería que nos fuéramos andando... desde Canarias! Pepe Mel salió colorado, no me quiero ni imaginar lo que le diría a él.
—¿Aquel fue su ascenso más especial (2007-08)?
—Sin duda, el de Segunda B a Segunda. Ese día tardamos el doble en llegar a la Fuente de la Asamblea de toda la gente que había.
—¿Cuándo son conscientes de que la cosa se pone seria con los impagos de los Ruiz-Mateos?
—Al principio veíamos que tenían problemas con algunas empresas, pero pensamos que en el fútbol no iba a afectar y que estaba más controlado. Llegó un momento en que dejaron de pagar radicalmente. La presidenta se iba después del partido y no podíamos hablar con nadie. Muchas veces llegábamos y no entrenábamos, porque no podíamos continuar así.
—Hubo mucha solidaridad dentro del grupo y con una fila 0 de la afición.
—Había compañeros que habían estado en clubes más fuertes y su situación económica era buena. Ellos apoyaron a muchos jugadores con problemas. A medida que pasaban los meses, había más y más. Fue duro vivir aquello. La gente se volcó entonces, como se vuelca hoy. El Rayo es muy grande por su afición y, quien diga lo contrario, miente. En otros equipos, si te ves solo te tiras del barco. Nosotros tuvimos un apoyo social increíble. Perdimos en Huesca y, cuando llegamos a Vallecas, de madrugada, había gente esperando.

—Entonces dijo Teresa Rivero que parecía que no querían subir...
—Ahí explota todo. En ese momento vimos que empezaban realmente los problemas.
—¿Cómo recuerda aquel ascenso? Muchos aún le visualizan con su peluca morada...
—No sé quién me la dio en el ascenso a Segunda y también me la puse para celebrar el de Primera. Fue especial por todos los problemas que había. Conseguimos algo que nos iba a dar estabilidad, que permitiría cobrar a los trabajadores y a los jugadores y que ayudaría a que el club mejorara económicamente.
—El Femenino también consiguió su tercera Superliga consecutiva.
—Las chicas tenían un equipazo. Teresa Rivero amaba el fútbol femenino y apostó por ellas. Cuando nosotros perdíamos nos decía que aprendiéramos de ellas (risas). Yo comenté el Rayo-Arsenal de Champions con Quique para Radiolibertad...
—Otro hito que salvó al Rayo de la desaparición fue el Tamudazo, el más célebre Rayo-Granada.
—Esa semana fue de muchos nervios, de comer muy poco... Queríamos que llegara el partido y luego veíamos que no podíamos y que íbamos a descender. El gol de Tamudo se convirtió en una liberación. Vivir eso fue increíble. Para mí fue como ganar una Champions, lo máximo en el fútbol.
—¿Veía las caras de la gente?
—Antes de sacar el córner, observé a la grada. Había dos niños al lado del banquillo, uno llorando y el otro rodeándole con el brazo para consolarle. Era una sensación amarga, de decir: ‘Joder, la hemos cagado’. De ahí la liberación, gracias a San Tamudo. Eso va a quedar en la historia.
—Tamudo dijo al cuerpo técnico que le sacara porque lo iba a arreglar...
—¡No era la primera vez! Ya lo había hecho con el Espanyol. Tenía que ser él...
“Paco es el mejor entrenador que he tenido y Eder Sarabia es quien más se parece ahora a él”
Piti
—Había jugadores tratando de convencer a los del Granada para que se dejaran marcar, porque con el resultado del Atleti, ambos se salvaban...
—Todos, pero al final cómo te vas a creer a Diego Costa (risas). Si te lo dice otro... Diego era muy crack, un tío espectacular. No tiene nada que ver cómo es como persona con cómo es en el campo. Dentro del césped era un guerrero, un león, se peleaba con todo Dios... Y fuera era un cacho de pan. Cuando acabó el partido le dije a Abel que realmente había marcado el Atleti y nos salvábamos ambos. No se lo creía. Me alegré porque es un tipo espectacular.
—El Rayo se quedó en Primera y llegó Paco Jémez. ¿Cómo es él?
—Es el mejor entrenador que he tenido y es una persona que va de cara. No he tenido un entrenador tan valiente como él y eso, como delantero, era primordial. A un jugador como yo, me ayudaba a estar cerquita del área, presionar y aprovechar el disparo y el recorte que tenía. Lo explotaba al máximo. El equipo jugaba a lo que a mí me beneficiaba también.
—Era estricto...
—Podía ganar un partido el sábado y el domingo estar como si hubiéramos perdido 4-0. Él quería más, más, más... Era muy exigente y estricto con la puntualidad. Si no llegabas a la hora, te ponía una multa que te hacía llegar cinco minutos antes al día siguiente (risas). Me encantaría que él me enseñara porque es un tío espectacular.
—También eran célebres sus cambios en los primeros minutos...
—Eso era lo peor. Cuando el equipo no estaba fino, veías calentar a tres jugadores en el minuto 20 y eso hacía que corrieras y te esforzaras más aún. Hacía que estuvieras en tensión y no te relajaras.
—Aquella temporada 2012-13 logran el mejor puesto de la historia: octavo con 53 puntos.
—Si llega a durar otras cinco jornadas, yo marco cinco goles más y el equipo queda sexto. Al principio nos costó el ritmo y la manera de jugar, un poco arriesgada, pero terminamos fuerte. ¡Qué buen trabajo de Felipe Miñambres! Y Paco, con lo que tenía, hizo maravillas.
—Cada verano llegaban más de diez jugadores nuevos...
—No se puede comparar, a nivel económico, el trabajo que se hacía en aquel Rayo con este. Entonces, tenías que volver a formar un equipo.
“El Rayo tiene buen equipo, podemos soñar con la final de la Conference”
Piti
—¿Recuerda la charla de aquel último partido, con las familias en el vestuario?
—Lo hacía de corazón. He tenido muchos entrenadores que, a diferencia de Paco, hacían cosas de cara a la galería. Que se esperaban a ganar un partido para sacar los drones y vender su método. Paco lo sentía, se le veía. En esa charla, mi hija Ana se llevó como 40 collejas (risas). Con Paco hacíamos muchas cosas y nadie se enteraba. Él era real.
—¿Hay algún entrenador en Primera que le recuerde a Paco?
—El más parecido es Eder Sarabia. Ya en el Andorra ponía la defensa adelantada, salía tocando el balón... Es un entrenador de ahora que apuesta por un fútbol ofensivo, de presión, de marcar muchos goles... Va a dar mucha guerra en Primera.
—¿Se veía como entrenador o jugador?
—No me ha llegado a llenar ser entrenador, quizá me ha faltado motivación. Igual si hubiera empezado con Paco Jémez... Creo en ese fútbol. Estuve un par de años de director deportivo en Grecia. Me gusta mi rol de intermediario y voy a continuar.
—¿Qué le augura a Rayo y Granada?
—Veo complicado el ascenso del Granada y el Rayo tiene buen equipo, pero este año va a sufrir más. Podemos soñar con la final de la Conference, con llegar lejos en Copa... A Leipzig iría. No podría perderme una final. A Vallecas sigo yendo.
—¿Pero le ve bajando?
—No. A nivel de juego está por encima de muchos equipos.
—¿Cómo es su vida ahora?
—Ando ocupado. Tengo seis cafeterías. Sin olvidarme del fútbol, porque continúo como intermediario. Trabajo mucho con China y con México. No me gusta estar parado y pensando.
—En la Nueva Pocha tiene dos camisetas del Rayo nada más entrar...
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—Un amigo quería dejar este bar y lo cogí, porque me gusta la hostelería. Me divierte echar una mano. Lo he vivido desde pequeño con mis padres, que tenían un restaurante muy grande, donde había un escenario, se tocaba flamenco y se celebraban muchas bodas gitanas. Este está en Carabanchel. Viene gente del Rayo a ver los partidos aquí y se queda mirando las camisetas. Es como una especie de museo.

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