Luis Enrique, una obsesión entre palos
Siempre fue especial con la portería y no sólo en el PSG, donde cambió a Donnarumma por Chevalier y ahora pone a Safónov. Revolución en Roma, un cedido en el Celta, en el Barça impuso a Bravo, sentó a De Gea…


Si el pasado verano el mundo del fútbol alucinó con la decisión del PSG de prescindir de Donnarumma tras ganar la Champions, hoy se frotará los ojos por no ver bajo palos a su sustituto, Chevalier. Luis Enrique no se anda con bromas. Le obsesiona desde siempre la portería, dotar a su defensa de la máxima seguridad y, sobre todo, de iniciar el ataque desde atrás con criterio en busca del hombre libre. No es algo nuevo. Por eso, Safónov será el cancerbero ante el Bayern en un nuevo volantazo en esa posición en la carrera del técnico español.
A Luis Enrique no le van las imposiciones. Que se lo digan a Zubizarreta. Ni le condicionan las inversiones económicas de sus superiores. Este año el PSG pagó 40 millones de euros al Lille para, supuestamente, solucionar un problema que sólo se veía desde el banquillo. Ni tampoco duda en dar marcha atrás si toma una decisión y entiende que se equivoca o alguien le convence de probar otras alternativas. Su paso por el Barça B, Roma, Celta, el primer equipo culé, la Selección y el PSG confirma que el asturiano tiene una preocupación constante con lo que ocurre en su cueva. No es casualidad que Unzué fuera su segundo en varias experiencias, que el director deportivo de su primer Barça fuera Andoni Zubizarreta o que estuviera encantado de que José Francisco Molina hiciera de director deportivo en la Roja. La visión de todos, exguardametas, le hacían estar mucho más tranquilo.
En su primera aventura en los banquillos, Lucho ya mostró su personalidad con las decisiones en la retaguardia. Si en la temporada 2007-08 Oier había sido indiscutible en el ascenso a Segunda B con Guardiola; él, nada más llegar, hizo de Rubén Miño su bandera (hoy en el Cornellá de Messi), al que sólo una fractura le frenó. Luego, en los dos años siguientes en los que logró un tercer puesto histórico en Segunda, repartió los partidos entre ambas promesas al mismo tiempo que acudían al rescate del primer equipo. Ahí ya demostró que es más amigos de las revoluciones que de los proyectos continuistas.
En Roma, en la campaña 2011-12, dio un paso más. Julio Sergio había sido titular el curso anterior, por delante de Doni, pero la inseguridad era tal que hasta participó un tercer arquero, el recién fichado Bogdan Lobont, que disputó 855 minutos. Luis Enrique entró a cuchillo en la Serie A. Cedió al brasileño al Lecce, dejó ir a Doni libre al Liverpool y también sacó a préstamo al tercero. Pidió fichar a Stekelenburg, del Ajax, por 7,3 millones y le entregó todos los poderes. Él, desde Cruyff, era un enamorado de la escuela holandesa. Y, además, aprobó pagar 500.000 euros a la Sampdoria por Curci. Aun así, aquella experiencia no salió nada bien. Dejó Italia antes de tiempo pese a tener otro año más de contrato. Walter Sabatini, exdirector deportivo de los giallorossi, dio la clave en una entrevista en La Gazzetta dello Sport: “El entorno no lo trató como se merecía, había quien se burlaba de él llamándole Stanlio [en referencia a la película ‘El Gordo y el Flaco’]. Y él se sintió muy molesto por todo eso. Baldini, Pallotta y yo le rogamos que se quedara, pero no quiso saber nada”
Tras una temporada sabática llegó a Vigo, donde a falta de un especialista en la portería como Unzué, que hacía de ayudante, se rodeó de dos. El rol del portero ya era bien distinto a lo que él había mamado como jugador. Contó para esa experiencia en el trabajo de guardametas con un hombre de la casa como Patxi Villanueva. Javi Varas había sido la temporada anterior a su llegada el tercer jugador de la plantilla con más minutos disputados, pero a Luis Enrique le sedujo la obsesiva apuesta de Carlos Mouriño por el producto de la casa, así que el club prefirió no pelear por alargar aquella cesión del sevillista. Luis Enrique, contratado después de aquella decisión, pudo tirar del segundo, Sergio Álvarez. Pero le convenció más Yoel, que brilló en pretemporada tras regresar de su cesión en Lugo. “El juego de pies fue determinante”, recuerda Clemente Garrido, el corresponsal de AS que cubría y cubre al Celta. Se convirtió en el futbolista más utilizado y sólo cedió cuatro partidos a Sergio y uno a Rubén Blanco.
Hasta ese momento, el preparador gijonés había demostrado personalidad con sus decisiones bajo palos, pero fue en el Barça donde dio su mayor puñetazo en la mesa. Nada más llegar, Zubizarreta le comunicó que antes de su aterrizaje había cerrado la contratación de un portero de futuro como Ter Stegen, por el que pagó 12 millones al Gladbach, a lo que Luis Enrique se mostró tan agradecido como asertivo. Vino a contestarle algo así como “enhorabuena por la operación, pero necesito a alguien con más experiencia y mi hombre es Claudio Bravo”.

Zubi no sólo se vio empujado a pagar la misma cantidad a la Real Sociedad por el chileno sino que, para colmo, vio como la opción de Lucho disputaba el doble de minutos que la suya (3.330’ por 1890’). Claudio Bravo fue clave en la Liga y Ter Stegen se quedó con la Copa y la Champions. Hubo Triplete. En la segunda campaña siguió siendo beneficiado Bravo en el reparto de minutos (3.148’ por 2.312’) y al finalizar esa temporada llegaron las novedades en forma de marejada. Ter Stegen fue al despacho de Robert Fernández, nuevo mandamás de la parcela deportiva, y le dijo que tenía una oferta del City y que o jugaba la Liga de titular o se iba. Luis Enrique le dio total libertad al director deportivo para que resolviera la crisis. Al final, el que salió rumbo a Mánchester fue Bravo, por lo que en el tercer año de Luis Enrique en el Campo Nou el alemán fue fijo y Cillessen se quedó con la Copa.
En la Selección, con Ochotorena como preparador de los arqueros, siguió esa tendencia rupturista. Luis Enrique apostó de primeras por De Gea, con algunos minutos para Kepa, y le dio toda su confianza en la primera etapa y en la segunda tras estar al lado de su añorada hija. Hasta que una derrota en Ucrania hizo saltar todas las alarmas en la Federación. “Luis Enrique estaba empecinado con él y ese día, aunque defendió a David ante la prensa, fue la gota que colmó el vaso…”, recuerda Miguel Díaz (Cope). La dirección deportiva, empujada también por Rubiales, inició el debate de la portería. Hizo ver a Luis Enrique que igual estaba empeñado en De Gea para su estilo de juego y que podía estar equivocado. Molina, que de porteros sabía en ese círculo más que nadie, le sugirió valorar otras opciones que se acoplaran mejor a sus ideas y, pese a que dicen que es muy terco, aceptó y le dio paso a Unai Simón hasta hacerlo indiscutible.
Lo que ha hecho en el PSG es, simplemente, una más. Andrés Onrubia, experto en el fútbol francés que sigue el día a día in situ del equipo parisino para el AS y la SER, da una explicación a este baile actual en la portería: “Donnarumma nunca le gustó”. De hecho, cuando llegó al PSG, en 2023, se llegó a rumorear que Luis Enrique había pedido a Lloris y Bono. Y de hecho ficharon el primer año a Arnau Tenas y el segundo a Safónov para darle más competencia al italiano. Y añade: “El problema es que se encontró el segundo año con un Donnarumma espectacular, dando un rendimiento impresionante en Europa que le acercó a ganar la Champions. En verano, aprovechando la situación contractual de Donnarumma, al que le restaba un año y declinaba renovar porque pedía más dinero que el ofrecido por el PSG, le descartó y pidió que ficharan a Chevalier”.
¿Entonces qué está pasando ahora? Onrubia lo ve claro: “El problema con Chevalier, que comienza la temporada como titular, es que no da seguridad y en Europa encaja muchos goles en disparos que objetivamente se pueden parar. No da seguridad. Le da la oportunidad a Safónov y el ruso hace una final de la intercontinental brutal contra el Flamengo, parando cuatro penaltis. Se fractura la mano en ese partido y luego Chevalier vuelve a jugar en otros partidos en los que no da seguridad (salvo final de la Supercopa en la que para varios penaltis ante el Marsella) y cuando vuelve Safónov ya se afianza el ruso definitivamente”.
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