Brahim llama a la puerta
El delantero hispanomarroquí se rehace de su error en la final de la Copa África y se convierte en pieza clave en las dos últimas victorias madridistas, ante Rayo y Valencia.

Tras acabar el partido y como buena parte de sus compañeros, Brahim Díaz (26 años) se acercó a las gradas del estadio de Mestalla. Allí entregó su camiseta y saludó a los que estaban por los alrededores. El delantero hispanomarroquí se iba al vestuario con un buen sabor de boca. No en vano, poco a poco ha ido olvidando la final de la Copa África de hace un par de semanas en las que fue triste protagonista al errar un penalti que le podía haber dado el título del campeonato africano a la selección de Los Leones del Atlas.
Asumió su error a través de un comunicado, pese a regresar a Madrid como Bota de Oro de la competición, con un registro personal importante: fue el único jugador en marcar en cinco encuentros consecutivos, guiando a los suyos a la gran final. Desde su entorno aseguraban que eso le haría más fuerte a nivel psicológico y el tiempo les ha acabado dando la razón.
Lejos de hundirse, el malagueño ha dado un salto de fortaleza mental clave en los tres partidos que ha jugado posteriormente con el Real Madrid. Tanto en Villarreal, como ante el Rayo y el pasado domingo en Valencia. Sin ir más lejos, fue clave en el duelo ante el equipo vallecano al sustituir a Bellingham, lesionado en el minuto 5 de partido: dio el pase a Vinicius en la jugada del primer gol blanco, obra del brasileño, y fabricó la jugada que acabó en penalti que acabaría transformando Mbappé en el definitivo 2-1. Ante el Valencia volvió a ser clave al asistir de nuevo a Kylian para cerrar el triunfo de los blancos, la séptima victoria liguera consecutiva tras la debacle ante el Celta a comienzos de diciembre.

Precisamente, ante el Valencia, Brahim arrancó desde el banquillo, para asentarse en la banda izquierda del ataque blanco, aunque quizá pueda desarrollar más su juego por la banda derecha, más ahora con la baja de Rodrygo, que Mastantuono no acaba de dar ese salto adelante que se le pide, que Valverde sube al centro del campo. Pero ha sido desde la banda zurda donde ha destacado en estos dos últimos partidos. Incluso debería probar a actuar por detrás de Mbappé, siendo éste delantero centro, para aprovechar los desmarques que pueda lanzar el francés.
Lo que es cierto es que Brahim regresó de la Copa África hace tres semanas y en ese espacio de tiempo le ha dado la vuelta a su situación. Cada vez llama con más fuerza e intensidad a la puerta de Arbeloa. Sabe que tiene su hueco en el equipo titular, pero aguardará su momento para revolucionar los partidos, como ya ha hecho en otras ocasiones, caso de la eliminatoria de Champions ante el Atlético, con el gol que marcó, mezcla de picardía, habilidad, técnica y olfato goleador. Cualidades que no abundan en la actual plantilla blanca. Ahora, y a la espera de formalizar su nuevo contrato con el Madrid hasta 2030, muestra de la total y absoluta confianza del club hacia el malagueño, Brahim se ha empeñado en derribar la última puerta que le quedaba por hacer: la de la titularidad continuada.
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