Boicot a la Finalissima
La AFA, con su presidente Tapia, investigado por la justicia, al frente, dificulta una solución. Sin el dinero de Qatar, el interés decrece. El ‘no’ al Bernabéu es una tapadera.


Diciembre de 2025. La delegación argentina, encabezada por Scaloni, se presenta en Washington para el sorteo del Mundial con un mensaje rotundo y sorprendente sobre la Finalissima: “No sabemos si se jugará”. En las horas previas, la prensa argentina publicó que la cercanía del Mundial y los riesgos de una derrota dolorosa dificultaban la celebración del choque entre España y Argentina.
Por detrás había otro trasfondo: la investigación al presidente de la AFA, Chiqui Tapia, estaba en curso y las disputas internas, también. Por ejemplo, las del propio plantel con la dirigencia. Un incómodo partido amistoso previo en Angola con el que la AFA se lucró, a costa de la planificación de Scaloni y la salud de los futbolistas (Messi jugó 90 minutos), había colmado el vaso.
El monto que ponía Qatar sobre la mesa para jugar allí la Finalissima era enorme, pero las dudas internas sobre cómo gestionaría AFA esas ganancias, también. El retraso en la fecha tampoco ayudó. España no estuvo clasificada para el Mundial hasta noviembre de 2025. Solo marzo estaba disponible en el calendario para encajonar la Finalissima. Es decir, a tres meses de la cita mundialista.
Aquel 6-1 de 2018...
A Scaloni el retraso de la disputa del partido ante España le fue incomodando. No es lo mismo una derrota ante otro favorito a las puertas del Mundial que a un año vista. Se disfrazó esta preocupación con que a nivel mediático tenía poco sentido jugar un encuentro así, una potencial final del Mundial, cuando tres meses más tarde es posible que se repita. En realidad, el objetivo es minimizar daños. En el recuerdo está el 6-1 con el que Argentina viajó al Mundial de Rusia 2018 tras un amistoso en Madrid ante España. Una puñalada insalvable.
Así las cosas, el conflicto de Oriente Medio abrió una puerta a la posible cancelación. La astronómica suma millonaria que se percibiría en caso de jugar allí se redujo y, curiosamente, las ganas de la AFA de buscar una solución fueron menguando acto seguido. La UEFA y la RFEF movieron ficha y propusieron el Bernabéu, un recinto cinco estrellas y con capacidad para 40.000 argentinos, una de las mayores colonias que hay en España.
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Se encontraron, sin embargo, con la pasividad general de Conmebol y AFA, que teatralizaron su postura con una visita fugaz de Alejandro Domínguez al Chiqui Tapia a solo 24 horas de la decisión final. Aún hay esperanza para que se juegue el partido, pero el boicot sufrido por la Finalissima desde hace tiempo la puede haber dejado herida de muerte.
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