SEGUNDA B

Dani Benítez regresa a Segunda B: "He conseguido lo que quería, juego por diversión"

El futbolista mallorquín vuelve a Segunda B con la UD Poblense y repasa para AS una trayectoria con sus más y sus menos y con episodios para olvidar.

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Dani Benítez Poblense Granada Segunda B

Del cielo al infierno en diez años. Ni el bueno es tan bueno, ni el malo es tan malo, pero en esa escala de grises, de un extremo a otro, se ha movido en los últimos años Dani Benítez. El extremo nacido en Mallorca regresó al final de la campaña pasada a Segunda División B tras ascender con la Unión Deportiva Poblense, equipo de la ciudad de Sa Pobla (Mallorca), y ahora jugará en el grupo V con el objetivo de la salvación. A sus 33 años ya cumplidos, el fútbol le está volviendo a dar la oportunidad de resurgir de sus cenizas.

De hecho, cuando el coronavirus se lo permita, dará charlas en colegios y empresas para contar su experiencia: “Pretendo que a la gente joven que está empezando en el fútbol le pueda servir de ejemplo para cosas que no deberían hacer hoy en día y cosas buenas que sí deberían hacer. Les puede servir a todo el mundo a nivel personal, en el trabajo, o a nivel motivacional”.

Y es que Dani Benítez llegó a la cima de manera rápida y meteórica, siendo internacional en categorías inferiores y logrando dos ascensos consecutivos con el Granada, de Segunda B a Primera, con solo 22 años. Y sin embargo, un botellazo a un árbitro y un positivo por cocaína en menos de dos años enterraron la carrera de Benítez. De eso han pasado ya seis temporadas, y ahora busca disfrutar de nuevo en su casa, en el Poblense. “Un club mítico de Baleares, muy cercano, familiar y mallorquín”, describe de su actual club.

El cielo de Benítez: estrella y promesa en Granada

Los comienzos de Dani Benítez no fueron los más típicos para un futbolista que inicia su carrera profesional. Con solo 16 años se va de casa, sin relación con su padre, y también tendría que hacer frente más adelante al fallecimiento de su madre por cáncer. Pese a ello, brilla en la cantera del Mallorca y destaca en Pontevedra y Elche. “Tuve la suerte de que podía vivir del fútbol porque ya tenía un sueldo digno, y tuve que buscarme la vida rápido, irme a vivir solo, y fue un problema porque estás acostumbrado a tener a tu familia cerca, a que te apoye, y en ese momento no lo pude tener”, explica a AS.

En el año 2009 llega su primer gran salto con el ascenso a Segunda con el Granada, y al año siguiente vuelve a ser uno de los héroes con otro ascenso, esta vez a Primera, palabras mayores, contribuyendo con diez goles anotados. Incluso en su primera campaña en la máxima categoría, con 24 años, juega 30 partidos y el conjunto rojiblanco logra la salvación.

Sin embargo, no era nada fácil para él compaginar los problemas extradeportivos, la fama, y su juventud: “Siendo tan joven, con tanto dinero, la fama te come. Si no lo sabes gestionar bien y no tienes gente alrededor que te pueda ayudar como familia o amigos, lógicamente haces cosas que no debes hacer, te equivocas, y siendo tan joven ese es el problema”.

Botellazo a Clos Gómez y positivo por cocaína

En la penúltima jornada de Liga de esa campaña 2011/2012, tras el duelo contra el Real Madrid, Dani Benítez le lanza una botella de plástico al colegiado Clos Gómez y es sancionado con tres meses sin jugar. Es el principio de sus problemas extradeportivos trasladados al fútbol. De ser amado y ser un ídolo en Granada a ser odiado y defenestrado.

“Lógicamente no estuvo bien. Con respecto a mi forma de reaccionar, si ves el partido, hay gente que habría reaccionado peor, pero yo creo que no tuve que hacerlo, lo hice mal. Pedí disculpas en su momento. Me afectó muchísimo y la gente lo vio de manera muy fea”, recuerda el extremo.

En las dos siguientes temporadas, de 2012 a 2014, apenas juega 18 partidos, 13 titularidades, hasta que llega el segundo episodio a olvidar, el positivo por cocaína: “Fue un declive en mi carrera que culminó todas las cosas que venía haciendo mal durante todo ese tiempo”. Tras recuperarse de molestias que le impidieron jugar con regularidad, entra en el minuto 60 de un partido entre el Granada y el Betis, y a los 16 minutos es expulsado por una absurda entrada a Nono. Al acabar el partido, Benítez pasa un control antidopaje y se confirma la tragedia para el jugador, que termina de cavar su tumba.

La vida de Benítez en el infierno

Tras hacerse oficial el positivo por cocaína, Dani Benítez es sancionado con dos años de inhabilitación y es despedido de manera fulminante por parte del club. Así recuerda ese tiempo de meditación: “Se te pasan todo tipo de cosas. No pensaba en nada al principio, estuve seis o siete meses para asimilarlo. Es un cambio radical en tu vida que no lo asimilas de golpe, y necesitaba un tiempo y un proceso. Al principio no tenía ganas de volver a jugar, y en los últimos tres o cuatro meses me picó el gusanillo y lo intenté de nuevo”.

En el año 2016, el Alcorcón le brinda una nueva oportunidad en el mercado invernal, aunque hasta el 16 de febrero debía cumplir la sanción. Sin embargo, cuando está preparándose para volver, se lesiona: “Estoy tres o cuatro semanas entrenando muy bien como si no hubiera estado parado, y a una semana del partido caigo en un salto, me rompo el tobillo, y tengo que estar cuatro meses y medio de baja. Me pierdo los seis meses que había firmado con el equipo”.

El extremo no logra disputar ni un solo partido oficial con el conjunto alfarero, perdiendo una opción más de desenterrar su cadáver futbolístico, y el club le comunica que no cuenta con él, por lo que se va del equipo.

Pasitos hacia arriba hasta volver a Mallorca

En la temporada 2016/2017 el Racing de Ferrol confía en él, en Segunda B, categoría que no pisaba desde el año 2009. Allí se luce, mete seis goles en 24 partidos, y el AEL Limassol de Chipre llama a su puerta, oportunidad que no rechaza. “Yo en Ferrol me sentí muy querido por la afición y la gente que tuvimos. No fue un año fácil porque empezamos mal, pero conseguimos salvar al equipo. Vuelvo a coger la ilusión por así decirlo. Y en Chipre jugamos previa de Europa, era otro nivel, muy contento con los dos años”, valora.

Y tras casi dos temporadas disfrutando del fútbol de nuevo, alejado de los focos de España y con una sonrisa, aparece la opción de volver a su tierra, a Mallorca, para ayudar a la UD Poblense a ascender a Segunda B. “Yo ya tenía ganas de volver a España, sobre todo a casa. Tengo dos niños, no los tenía allí, y los echaba mucho de menos”, explica, y además confiesa que no lo dudó pese a tener que trabajar a la vez en una empresa con una furgoneta: “Ya había conseguido lo que quería, no jugaba ya para ganar dinero sino por diversión. Compaginé el fútbol el año pasado con un trabajo por las mañanas”.

Y lo logra, vuelve a revivir las sensaciones de los ascensos con el Granada, una experiencia con toques del pasado pero adaptada al presente por el coronavirus: “Fue un ascenso diferente porque no había gente en el campo ni se podía celebrar porque estaba todo cerrado”. Regresa a Segunda B, renueva, y de momento ya ha disputado sus primeros minutos esta temporada, participando en 78 minutos del empate a uno contra el San Sebastián de los Reyes y jugando el partido completo del empate contra Las Rozas.

Ahora se centra en conseguir la salvación con el Poblense, retirarse en el club, y dedicar el resto de su tiempo a ayudar a los más jóvenes con su ejemplo, para lo bueno y para lo malo, con un mensaje claro: “Yo siempre digo lo mismo. Los errores y los aciertos los van a cometer ellos. Pero tienen que ser listos y pensar las cosas dos veces antes de hacerlas. Si les va a beneficiar o perjudicar. Y sobre todo que se apoyen mucho en los familiares y en los seres queridos, que aunque a veces puedan parecer muy pesados siempre dan los buenos consejos”.