REAL MADRID

Míchel, un beso y un adiós

Hoy se cumplen 24 años de la despedida del Madrid del mítico jugador de la 'Quinta del Buitre'. Se merecía el mejor de los homenajes, pero las circunstancias no ayudaron.

Míchel, un beso y un adiós
JUAN CARLOS TIRADO

Nino Bravo, un espléndido cantante valenciano que maravilló con su voz a principios de los años 70 hasta que perdió la vida en accidente de tráfico, interpretaba un tema que arrasó en ventas con esta letra: "Al partir un beso y una flor, un te quiero, una caricia y un adiós. Es ligero equipaje para tan largo viaje...". Dos décadas después, esa canción hubiese encajado de lujo en el 'anillo' del adiós de Míchel, un grandioso talento de la Quinta del Buitre y uno de los mejores futbolistas de la historia de nuestro país.

Fue justo en una tarde como hoy de hace 24 años (19-5-1996). Su compañero Butragueño ya se había ido un año antes a México, Arsenio estaba de entrenador interino (tras la destitución de Jorge Valdano) y las gradas del Bernabéu se vaciaban por el tremendo fracaso deportivo en una temporada en la que el equipo ni siquiera fue capaz de clasificarse para las competiciones europeas del curso siguiente.

Míchel se merecía el mejor de los homenajes por todo lo que hizo por esta camiseta, pero las circunstancias no ayudaron a rendirle el reconocimiento que merecía. Jugó su último partido en casa ante el Mérida (4-0), en una jornada lacrimógena en la que también se despedía Laudrup de la afición blanca (1994-96). Pero no era el día del danés, Míchel centraba todos los focos.

El '8' puso todo su corazón, metió dos goles que brindó a la grada como los buenos toreros y en el minuto 83 Arsenio le suplió para que se fundiese en un abrazo en el cambio con su amigo Rafa Alkorta. Camino de la banda, el estadio se puso en pie. Míchel, emocionado, se agachó y besó el césped en el que durante doce temporadas (559 partidos, 130 goles) deleitó con sus pases medidos a Hugo y Butragueño. De hecho, se reunió con ellos poco después en el Atlético Celaya antes de colgar las botas. No fue el adiós soñado, pero sí de los más sentidos y sinceros. Míchel siempre estará en la memoria de los madridistas.