REAL ZARAGOZA / HISTORIAS DE SEGUNDA (XXXV)

El séptimo ascenso del Real Zaragoza (II)

El equipo aragonés, bajo la presidencia de Soláns hijo, acabó en Segunda División 24 años después. Paco Flores, un técnico de la cantera del Español, fue nombrado entrenador y Miguel Pardeza regresó al club como director deportivo.

El séptimo ascenso del Real Zaragoza (II)

El descenso a Segunda División produjo en el Real Zaragoza un verdadero cataclismo económico, cifrándose el déficit de partida de la temporada 2002-03 en casi 20 millones de euros al descender los ingresos por derechos de televisión de 12 millones a un millón y rebajar Soláns el precio de los abonos a la mitad en una especie de medida expiatoria de sus pecados. Pero el presidente y máximo accionista se negó a avalar un crédito sin la garantía conjunta de las instituciones, fundamentalmente del Gobierno de Aragón, y el club pasó por primera vez desde su conversión en sociedad anónima por graves tensiones de tesorería. Y así, durante la concentración de pretemporada en Biescas, sólo se habló de pagarés porque después de diez campañas abonando puntualmente las fichas de sus futbolistas repartida en las doce mensualidades, el Zaragoza iba a pagar ahora en dos veces y mediante un documento contable, lo que a la mayoría de los jugadores les sonaba a chino.

La economía ocupó durante el verano gran parte de la actualidad del Real Zaragoza, pero lo único que podía empezar a sanearla era el regreso en un año a Primera y, con el inicio del campeonato, el fútbol pasó de inmediato al primer plano. En una división con 22 clubes, en la que los tres primeros subían de forma directa, el equipo aragonés tenía sobre el papel más y mejores futbolistas que ningún otro candidato al ascenso, pero levantar a un equipo de la depresión de un descenso tan traumático nunca es sencillo y a Paco Flores le costó cogerle el aire al Zaragoza y a la categoría. Y ante las primeras críticas, se enrolló como un erizo: “En esta ciudad hay dos tipos de periodistas: los que me hacen la pelota y los que me quieren perjudicar”.

Hasta finales de noviembre el Zaragoza no entró en puestos de ascenso. Y lo hizo después de una racha de diez jornadas sin perder que concluyó de forma aparatosa en el Martínez Valero de Elche, al encajar un 4-0 en Segunda División 55 años después. Pero el equipo se rehízo rápido de la goleada y mantuvo el liderato hasta la penúltima fecha de la primera vuelta, cuando empató sin goles en La Romareda frente al Polideportivo Ejido, pasando a ocupar el Murcia la cabeza de la tabla.

El Zaragoza llegó al ecuador del campeonato en la segunda plaza, a un punto del líder y con cinco de ventaja sobre el cuarto clasificado, tras ganar el 2 de febrero de 2003 en un helado Helmántico con un gol de Yordi en el último segundo del descuento, en un partido afortunadísimo porque el Salamanca mandó toda la tarde y estrelló hasta dos balones en los postes. Aquel desplazamiento tuvo su miga porque, en el viaje de ida, el autobús del Zaragoza se quedó bloqueado durante cinco horas por la nieve cerca de Miranda de Ebro. Para entonces ya llevaba un mes en el equipo el rumano Galca, que llegó a préstamo del Villarreal por 300.000 euros.

El portero César Láinez fue otro de los grandes protagonistas del ascenso.

Constantin Galca, internacional y con una apreciable trayectoria en el Steaua de Bucarest, el Mallorca, el Español y el Villarreal, era un medio centro zurdo, algo lento y de juego pausado, pero con criterio y buen disparo de media distancia, aunque a sus 31 años ya había ofrecido lo mejor de su fútbol y su juego era casi intrascendente. Pero Flores, que lo conocía de su etapa en el Español, le garantizó a Soláns el ascenso si se lo traía cedido y el presidente accedió a su petición, pese a que no entusiasmaba ni al director deportivo Miguel Pardeza, con el que el entrenador barcelonés nunca se entendió ni personal ni futbolísticamente, ni al secretario técnico Pedro Herrera.

El doble pivote del Zaragoza venía funcionando de forma notable con la pareja Aragón-Soriano, pero Flores metió a Galca con calzador hasta acabar apartando a Santi Aragón del once titular, y el fútbol del Zaragoza perdió creatividad e intención y cayó en un peligroso bache, después de una derrota en la Nueva Condomina de Murcia que descolgó al equipo a la cuarta posición.

Una semana después la cosa ya fue a mayores al asaltar el Tenerife La Romareda (1-3) y pedir directamente la grada la cabeza de Flores y la marcha de Soláns. El técnico hizo por una vez de tripas corazón y se guardó su discurso frontal, pero el presidente, en otra de sus calculadas e interesadas amenazas, advirtió de que el Zaragoza podría desaparecer si no se lograba el ascenso.

Una alineación del Real Zaragoza en la temporada 2002-03. De izquierda a derecha: Galca, Láinez, Rebosio, Ibán Espadas, Komljenovic y Soriano. Agachados: Jesús, Ferrón, David Pirri, Iñaki y Cani.

El equipo volvió a respirar en Ferrol, gracias a una soberbia actuación de Láinez, pero se cayó de nuevo frente al Compostela, en la que fue la segunda derrota consecutiva en casa. Ahí ya la bronca fue monumental y el Zaragoza se colocó a cinco puntos del Murcia y el Albacete y a tres del Levante, el trío de cabeza. A Flores, empeñado a toda costa en alinear a un Galca irrelevante, se le empezó a ver ya como un obstáculo para el ascenso y Soláns reunió al consejo de administración al día siguiente y se decidió concederle al técnico un margen de dos semanas, aunque algunos consejeros plantearon destituirlo si se perdía en Oviedo.

Flores se percató de la amenaza y, a la desesperada, prescindió de Corona y el brasileño Jamelli y se la jugó en Oviedo con los jóvenes Cani y Espadas. Y en el Nuevo Tartiere llegó la conocida explosión de Cani, que llevaba seis partidos seguidos como suplente y en los tres últimos ni siquiera había llegado a jugar. Pero Cani se hizo protagonista antes del primer cuarto de hora con un golazo maravilloso, tras hacer la pared con Espadas, driblar a dos contrarios y cruzar lejos del portero. El duelo fue matinal y televisado por Canal +, por lo que todo el zaragocismo pudo ver y disfrutar de la actuación de Cani, que a partir de ese día se mantuvo como titular indiscutible. Algo parecido le sucedió esa temporada a César Láinez, providencial en muchos encuentros y del que Flores desconfiaba al principio en beneficio de un Valbuena que prácticamente se quedó inédito.

Cani prosiguió con su espléndida escalada con dos tantos al Getafe, el primero de extraordinaria vaselina, y un golazo de volea a la salida de un córner que decidió la victoria en Almería el Domingo de Ramos. Aquel fue otro triunfo fundamental, a la altura del de Oviedo, porque el Zaragoza, que venía de perder 1-2 con el Las Palmas, rebasó al Levante, que sucumbió a su vez en Gijón (3-2), y regresó a posiciones de ascenso después de ocho jornadas.

Galletti acude a festejar con un eufórico Santi Aragón, tras su golazo de vaselina al Elche desde el centro del campo el 18 de mayo de 2003.

Otras tres victorias consecutivas frente al Éibar, el Tarrasa y el Badajoz mantuvieron al Zaragoza en tercera posición, pero empatado a puntos con el Albacete y a solo uno del líder Murcia, mientras el Levante, que en esta segunda vuelta se dedicó a primar sistemáticamente a todos los rivales del equipo aragonés, estaba ya a cinco puntos de distancia.

La afición empezó a ver el ascenso como una posibilidad real y dos mil zaragocistas se desplazaron hasta Soria para ayudar a dar otro paso más hacia la Primera División, pero se encontraron con un Numancia fuertemente incentivado y con un árbitro, el murciano Tristante Oliva, que consintió la violencia y algo más del argentino Marini sobre Cani, que acabó escupido, desquiciado y expulsado, mientras su agresor no vio ni una tarjeta amarilla. Fue un partido durísimo, que finalizó con empate a dos, con goles de Yordi, el principal artillero del equipo, e Ibán Espadas.

Pero el Zaragoza ya estaba lanzado y, sin Cani pero con Aragón, que volvió al once titular en lugar de Galca, goleó al Elche 5-2 en la mejor tarde de fútbol de toda la temporada en La Romareda. Yordi hizo un triplete, pero el gol del partido lo marcó a los cuatro minutos Santi Aragón con una vaselina casi desde el círculo central. Un gol que pobló las gradas de pañuelos como reconocimiento y devoción a uno de los futbolistas más admirados por la afición del Zaragoza en los últimos 25 años.

Una semana después, también en horario matinal y por Canal +, el Real Zaragoza arrasó al Xerez en Chapín, con dos goles de Espadas y uno de Soriano, la extensión de Flores en el terreno de juego, y a cinco jornadas del final se quedó ya a una victoria del ascenso, con nada menos que 10 puntos de ventaja sobre el Levante. El equipo aragonés viajó hasta Jerez en avión y fue el primer desplazamiento de la temporada al que acudió el presidente Soláns, que cuando se le preguntaba por sus ausencias en los partidos fuera de casa llegó a contestar lo siguiente: “El domingo es mi día de merecido descanso semanal”.

25 de mayo de 2003 (Chapín). Xerez, 1 - Real Zaragoza, 3. De izquierda a derecha: Láinez, Cuartero, Ibán Espadas, Paco, Kolmjenovic, Soriano, Toledo y Yordi, con uno de sus hijos. Agachados: Galca, David Pirri, Galletti y Cani. Fue al primer desplazamiento al que acudió Soláns en toda la temporada.

Un gol de David Villa, todavía con la camiseta del Sporting, pero ya apalabrado por el Zaragoza, y una derrota inesperada en Butarque ante otros dos mil zaragocistas desplazados retrasaron dos jornadas el ascenso, pero a tres fechas del final todo estaba ya definitivamente encarrilado y el sábado 14 de junio de 2003 el Real Zaragoza certificó su vuelta a Primera División un día antes de recibir al Albacete, al perder el Levante en Ferrol con un gol en el último minuto. Inmediatamente, unos dos mil aficionados se agolparon delante del Hotel Reino de Aragón, donde se encontraba concentrado el Zaragoza, y los jugadores se asomaron para saludar desde las ventanas dentro de una improvisada celebración, con baño final en la Plaza de España. La verdadera fiesta se celebró el domingo por la mañana en La Romareda en un duelo de guante blanco entre el Zaragoza y el Albacete, los dos ya ascendidos, junto al Murcia, aunque la policía esta vez no permitió la clásica invasión del terreno de juego.

“Le dedico al ascenso a mi padre –había fallecido tres meses antes-, al presidente Soláns y José Manuel Lara, que fue el que más confió en mí”, señaló un emocionado Paco Flores.

Cani, cuyo talento había dirigido al Zaragoza a Primera División, no quiso protagonismo: “El ascenso es de todos y no de un solo jugador. Yo he aportado lo que he podido”.

A Soláns lo metieron en la ducha los futbolistas antes de que declarara: “Los 405 días que hemos estado en Segunda me han parecido 4.500. Por fin se ha terminado esta pesadilla”.

Para un club del palmarés del Real Zaragoza, con cinco títulos de Copa, una Recopa y una Copa de Ferias en su vitrinas, el ascenso sólo podía ser una obligación y el club decidió no organizar nada extraordinario por su regreso en un año a Primera, más allá de la tradicional ofrenda de flores a la Virgen del Pilar y de la protocolaria visita al Ayuntamiento el 27 de junio de 2003, lo que desagradó a Paco Flores, que se sintió poco reconocido: “Fue el ascenso que menos se ha celebrado en la vida”, señalaría con amargura una década después.

Sábado 14 de junio de 2003. El día del séptimo ascenso. Unos dos mil aficionados se agolparon delante del Hotel Reino de Aragón, donde se encontraba concentrado el Real Zaragoza, tras conocerse que el Levante había perdido en Ferrol y que el equipo aragonés ascendía antes de recibir el domingo al Albacete.

Dos días después, el Zaragoza despidió el campeonato y la temporada ante el Salamanca, la misma tarde que colgaban las botas dos mitos como Xavi Aguado y Santi Aragón. Ambos recibieron un emotivo homenaje antes del partido y Aragón, que sí pudo despedirse del fútbol sobre el terreno de juego, recibió una grandiosa ovación cuando fue sustituido por Jesús Muñoz.

Soláns respiró con el ascenso y prorrogó un año el contrato de Paco Flores, una decisión muy controvertida y de la que se arrepintió sólo seis meses después, cuando el Zaragoza, pese a los fichajes de Gabi Milito, Álvaro, Ponzio, Villa y Savio –casi nada-, era antepenúltimo. Flores fue destituido y llegó de urgencia Víctor Muñoz, que tuvo tiempo de salvar al equipo y de ganar la Copa del Rey con el inmortal gol de Galletti a los galácticos del Real Madrid en Montjuic.

Tras su paso por La Romareda, Flores tuvo una corta trayectoria en el fútbol profesional, completando campaña y media en Segunda con el Almería y otra media con el Nástic de Tarragona en Primera, que acabó en descenso, lo que da idea de su medida como entrenador de élite. Pero en su haber hay que ponderar que en el Zaragoza consiguió el problemático objetivo del ascenso y que lo hizo sin que Soláns pagara una sola prima a terceros.

(Esta serie histórica sobre todas las temporadas del Real Zaragoza en Segunda División concluye con este capítulo XXXV y el séptimo ascenso. El octavo, conseguido en la temporada 2008-09, con Marcelino como entrenador y Agapito Iglesias como máximo accionista, está aún muy reciente y no necesita grandes recordatorios, igual que estas siete últimas campañas consecutivas en la categoría de plata).