Liga BBVA | Valencia

El club echó un capote a Miguel por su retraso

Cuenta con la comprensión de los dirigentes

<b>A LA SALIDA. </b>Miguel volvió a ser el punto de mira de las cámaras.
Conrado Valle
Delegado en la Comunitat Valenciana
Delegado en la Comunitat Valenciana de Diario AS, al que llegó en 2010 para seguir y contar la actualidad del Valencia CF, al que sigue como periodista desde 1998. Pero le leerás artículos de cualquier club valenciano y de múltiples disciplinas deportivas.
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Miguel Brito volvió a llegar ayer tarde al entrenamiento. Apareció en Paterna a las 11:20 horas cuando debería haber estado allí casi dos horas antes. El club puso su maquinaria en marcha desde primera hora para maquillar su ausencia y que el asunto no cobrara relevancia. Hasta Paterna se desplazaron el coordinador de la secretaría técnica, Braulio Vázquez, y el director de comunicación, Damià Vidagany. Antes que ellos había estado Manuel Llorente, aunque el presidente se marchó a las oficinas antes de que apareciera Miguel.

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La verdad es que no quisieron darle los dirigentes más relevancia al asunto -y de ahí que le echaran un capote- porque en esta ocasión Miguel cuenta con su comprensión y su apoyo. Consideran que la semana está siendo difícil para el luso por los problemas judiciales que le superan y por ello antes incluso de que Miguel entrara al vestuario y hablara con Unai, desde el club se difundía la versión de que había avisado que iba a llegar tarde y que había estado reunido con su abogado. Puede que lo estuviera, pero a primera hora en Paterna nadie sabía el motivo de por qué Miguel no había desayunado con el resto de compañeros (todo sea dicho, no fue el único que llegó con retraso, sin ir más lejos también Unai, aunque lo hiciera sólo un cuarto de hora y por causas familiares). El lateral cuando llegó mostró incluso su voluntad de ofrecer una rueda de prensa para explicar la situación, aunque el club le disuadió.

El luso se siente inmerso en tres juicios: uno por el que la Fiscalía de Portugal le acusa de tenencia ilícita de armas; otro por el que le reclama el Benfica siete millones por romper de manera unilateral un contrato; y un tercero que es que el peor lleva, el mediático. A Miguel le está pasando factura anímica que sus familiares, en especial sus hijas, tengan que oír que le van a meter cinco años en la cárcel sin tan siquiera haber comenzado el juicio. Es por ello que el club esté de su parte.

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