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Cine

Las 10 películas más violentas (y buenas) del cine

No sabemos si es más inquietante que haya todo un equipo detrás de estas películas o que sean tantos los espectadores dispuestos a verlas.

Las 10 películas más violentas (y buenas) del cine

Hay quienes afirman que si ven una película es para pasar un buen rato, pero hay otros que, aunque les cueste más reconocerlo, prefieren sufrir. Hoy dedicamos la siguiente recopilación de diez películas a estos últimos:

Irreversible (2002, Gaspar Noé)

Una de las películas más controvertidas de principios de siglo. Y no nos extraña; pocas veces hemos visto una violación completa y sin cortes en pantalla. Empezando por el final y acabando por el principio (al estilo ‘Memento’ de Christopher Nolan), ‘Irreversible’ cuenta la historia de dos amigos que deciden vengarse salvajemente de la violación que sufre la protagonista (Monica Bellucci).

Holocausto caníbal (1980, Ruggero Deodato)

Fue pionera en el ‘found footage’ (es decir, que todo es narrado como un falso documental, como si fuese material descubierto) y dicho género hizo que la película fuera aún más terrorífica. ‘Holocausto caníbal’, que fue censurada en la mayoría de países, cuenta la historia de cuatro documentalistas que se adentran en la selva amazónica para conocer a las misteriosas tribus de las que se dice que son caníbales. Cuando desaparecen dos de los reporteros, un grupo de rescate va en su búsqueda y solo encuentran lo que han filmado: su terrible fin.

Martyrs (2008, Pascal Laugier)

Muchos críticos coincidieron en que se trata de una película innecesaria. ‘Martyrs’ es un retrato de la violencia pornográfica, pero no pasa por ella de forma relativamente sutil como lo hizo ‘Tesis’ te Amenábar. La película francesa es explícita, sangrienta y contiene unas de las escenas de tortura más desagradables que se han visto en el séptimo arte.

La pasión de Cristo (2004, Mel Gibson)

Los que acudieron al cine compartiendo las creencias religiosas de Mel Gibson seguramente esperaban una reconstrucción de la historia que llevó a Jesús de Nazareth a la crucifixión. Sin embargo, se toparon con una película más gore que significativa.

Kill Bill (2003, Quentin Tarantino)

Tarantino tiene una manera propia de hacer películas violentas. Consigue que las luchas, la tortura o los tiroteos tengan un inquietante toque estético. Quizás los dos volúmenes de ‘Kill Bill’ sean los más salvajes de su trayectoria, aunque no se quedan cortas otras como ‘Django desencadenado’ o ‘Los odiosos ocho’.

La naranja mecánica (1971, Stanley Kubrick)

No podía faltar. Si la agresividad de Alex (Malcolm McDowell) ya aterrorizaba al espectador, lo hizo más aún cuando se sometió a esa innovadora (y perturbadora) experiencia de reeducación.

Saló, o los 120 días de Sodoma (1975, Pier Paolo Pasolini)

Se convirtió en una película de culto, pero la cinta italiana no fue alabada por todos. El cruel, repulsiva y atroz hasta decir basta. Al estilo de Kubrick, este director italiano quiso utilizar la violencia para lanzar un mensaje: denunciar los regímenes totalitarios a través algunas de las escenas de tortura más depravadas de la historia del cine.

Braindead (1992, Peter Jackson)

Antes de popularizarse con la saga de ‘El señor de los anillos’ y ‘El hobbit’, Peter Jackson ponía en marcha sus proyectos con lo poco que tenía en el bolsillo y estrenó varias películas que poco tenían que ver con el estilo hollywoodense. Una de ellas fue ‘Braindead: alguien se ha comido a mi perro’, una película que mezcla sangre con comedia y que actualmente es considerada como una de las más gore que se han visto.

Asesinos natos (1994, Oliver Stone)

Violencia para denunciar la violencia. Oliver Stone nos contó en ‘Asesinos natos’ cómo una pareja de criminales despiadados se convertían en héroes televisivos gracias a un programa sensacionalista.

Hostel (2005, Eli Roth)

Tres jóvenes que recorren Europa conocen a otro en Ámsterdam que les promete varios días de diversión y chicas atractivas en un lugar de Eslovaquia. Cuando van hasta allí, dos eslovacas les engañan para acabar atrapados en un hotel de lo más turbio.