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Los expertos advierten sobre el final de la erupción

La actividad eruptiva del volcán de La Palma continúa. El IGME indica cómo puede ser el final, pero avisan de que un volcán "nunca se para del todo".

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Los expertos advierten sobre el final de la erupción
Angel Medina G. EFE

El pasado 19 de septiembre, el volcán de Cumbre Vieja, en La Palma, entró en erupción. Desde entonces, centenares de hectáreas de la isla se han visto afectadas, miles de edificaciones han sido arrasadas. También numerosas plantaciones de plataneras, viñas y de aguacate, además de varios kilómetros de carreteras de la isla palmera se han visto dañadas por la actividad eruptiva del volcán, que no da muestras de acabar pronto. Todo ello ha obligado a la evacuación de unas 7.000 personas que residían en los núcleos de población cercanos al volcán.

Después de que una de las coladas de lava llegase al mar a finales de septiembre, hay otra que permanece desde la semana pasada a unos 100 metros de la costa y que, en caso de llegar, podría provocar el confinamiento de algunos de los barrios cercanos debido a la liberación de gases que ésta podría provocar al entrar en contacto por el agua.

La fase efusiva, predominante en el final de la erupción

Pese a que la actividad del volcán aún está lejos de llegar a su fin, desde el Instituto Geológico y Minero de España (IGME) prevén cómo se puede dar el final de la erupción. Así lo explicó en declaraciones realizadas a RTVC la investigadora Inés Galindo: “En el final predomina la fase efusiva porque el magma ha perdido casi todo el gas y solo sale la parte más líquida”.

Por su parte, el geólogo islandés Ármann Höskuldsson, que lleva 35 años estudiando las erupciones en Islandia, añade en El País que uno de los principales indicadores que se buscan para poder dar por terminada la erupción es la emanación de azufre: “Una vez deja de salir quiere decir que ya no queda magma y que definitivamente la erupción ha terminado. En la mayoría de los casos esto suele suceder uno o dos días después de que el volcán se ha parado y ya no se ve humo”. No obstante, el experto advierte de que “un volcán nunca se para del todo, solo duerme entre erupciones”.

El Fagradalsfjall, que entró en erupción en Islandia el 19 de marzo y ha estado expulsando lava durante siete meses, es un ejemplo de ello. Desde que se durmió hace un par de semanas, se están detectando miles de pequeños terremotos al noreste de los conos volcánicos, cerca de otro volcán durmiente, el Keilir. “Es posible que el magma esté intentando salir por ahí. Son terremotos bastante profundos, a unos cinco kilómetros. Esto significa que no va a salir mañana, pero lo estamos siguiendo muy de cerca. Es muy posible que el volcán vuelva a expulsar lava. Podría salir por el mismo sitio, por otro, o podría parar”, asegura Elísabet Pálmadóttir, vulcanóloga del sistema de vigilancia de la Agencia Meteorológica de Islandia.

La lava puede tardar mucho en enfriarse

Además, es importante conocer el comportamiento de la lava una vez cese la actividad. La vulcanóloga de la Universidad de Islandia Helga Kristín Torfadóttir, que analizó la erupción del Fagradalsfjall, explica que “la lava solidificada funciona como un aislante para el interior, como si fuera un horno”. “Muchas veces esto hace que la lava fundida corra rápido por dentro hasta que el interior de la colada queda vacío como un tubo. Esto mismo sucederá también en La Palma y tal vez el proceso sea aún más rápido debido a que allí la pendiente es mucho mayor. Por eso es tan peligroso que la gente camine sobre la lava, aunque esté solidificada y fría”, añade.

En este sentido, destaca también que resulta complicado saber con certeza cuánto tardarán las coladas en enfriarse, pues influyen muchos factores. “En la erupción del volcán Holuhraun en 2014 vimos que la colada seguía a unos 40 grados un año después de terminada la erupción”, detalla la científica.