CORONAVIRUS

Tres años de cárcel por adulterar vacunas

Un farmacéutico estadounidense, escéptico con las vacunas, ha sido condenado después de sacar dosis de la nevera durante varias noches.

Tres años de cárcel por adulterar vacunas
JON NAZCA REUTERS

Steven R. Brandenburg, de 46 años, ha sido condenado a 36 meses de prisión debido a que adulteró vacunas sacándolas del refrigerador durante varias noches y y las volvió a meter a la mañana siguiente para que fuesen administradas en el hospital donde trabajaba, según un comunicado de la Fiscalía del Distrito Este de Wisconsin.

Brandeburg, farmacéutico de profesión, se había mostrado escéptico con las vacunas de manera general y, en concreto, con la de Moderna, cuyas dosis fueron las que alteró durante dos noches consecutivas en diciembre de 2020. Según documentos del juicio, el hombre había comunicado sus creencias acerca de las vacunas a sus compañeros durante los dos últimos años.

El hombre, que residía en Grafton, Wisconsin, ha aceptado declararse culpable de dos delitos: intento de manipulación de productos de consumo sin tener en cuenta que otra persona pueda encontrarse en riesgo de muerte y lesiones corporales.

Un total de 57 personas recibieron las vacunas adulteradas que, según reconoció Brandeburg en el juicio, dejaba fuera de la nevera durante horas cada noche y las devolvía a la mañana siguiente para que fuesen utilizadas por el hospital. El hombre ha sido obligado a pagar 83.300 dólares en compensación a su propio centro hospitalario.

Unos viales con 570 dosis de vacunas fueron descubiertos el 26 de diciembre, día en el que se administró una décima parte de ellos a algunos pacientes. Según The New York Times, las vacunas parece que han continuado siendo eficaces contra la COVID-19, aunque algunos pacientes sufrieron ansiedad y dificultad para concentrarse en las tareas diarias.

Creía en todas las conspiraciones

Según el escrito de la fiscalía, Brandeburg creía en múltiples teorías de la conspiración como que las autoridades querían “atraparlo”, que el Día del Juicio Final era inminente, que el 11-S fue falso, que la Tierra es plana, que él era un “profeta”, que las vacunas eran “del diablo” y, finalmente, que la vacuna de Moderna tenía un “microchip” y provocaba infertilidad.

Su condena ha sido menor debido a que ha aceptado declararse culpable, no tenía antecedentes penales, ha pedido perdón por sus acciones diciendo “sentir vergüenza” y gracias también a que ningún paciente ha sufrido daños mayores.

“Un grave crimen”

El Fiscal general Bryan Boynton afirmó que “el decidido intento de adulterar vacunas durante un momento de emergencia nacional de salud pública es un grave crimen” y aseguró que “el Departamento de Justicia continuará trabajando con otros organismos judiciales para salvaguardar las vacunas”.

Por su parte, el agente del FBI encargado del caso, Robert Hughes ha explicado que “con su adulteración ilegal de estas dosis, Brandeburg amenazó la salud y la seguridad de una comunidad entera” y ha asegurado que la sentencia “manda un mensaje claro a los individuos que intencionadamente violan las leyes de que serán enérgicamente enjuiciados”.