Deporte y Vida

FENÓMENOS EXTRAÑOS

Rematar mucho de cabeza puede provocar daños en el cerebro como a los boxeadores

La demencia que sufren muchos boxeadores podría ser extensiva a otros deportes menos ‘peligrosos’ como el fútbol.

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Rematar mucho de cabeza puede provocar daños en el cerebro como a los boxeadores

Si hay un tema candente y extremadamente delicado en la comunidad deportiva es el de las enfermedades neurodegenerativas asociadas a la práctica de deportes de contacto. A estas alturas de la vida no es ningún secreto para nadie que los boxeadores tienen un gran riesgo de sufrir una variante de encefalopatía traumática crónica (una enfermedad neurodegenerativa que se manifiesta con demencia, pérdida de equilibro, Parkinson, temblores, paranoia…) a la que los neurólogos llaman demencia pugilística, tal y como describe el doctor José Manuel Moltó, vocal de la Sociedad Española de Neurología. Concretamente, hasta el 20% de los boxeadores desarrollarán este tipo de demencia a los 15 años de haber empezado su carrera profesional. Ahora, un reciente estudio parece expandir el radio de acción de esta enfermedad a los jugadores de fútbol.

Científicos del University College de Londres, Reino Unido, han publicado un estudio en el que hicieron un seguimiento entre 1980 hasta 2010 a 14 futbolistas (13 profesionales y un amateur) retirados y con demencia, hasta el día de su muerte. En el seguimiento se recopilaron sus datos clínicos, detalles sobre su carrera deportiva y su historial de conmociones cerebrales y a seis de ellos se les sometió a un examen post-mortem de su cerebro. El equipo, dirigido por la doctora Helen Ling, identificó encefalopatía traumática crónica (CTE) en cuatro de los seis cerebros examinados, y signos de la enfermedad de Alzheimer en todos ellos. Los resultados revelaron que la tasa de CTE identificada en los cerebros de los futbolistas superaba en un 12% a los cerebros de gente normal. Esto significa que “la demencia que parece que desarrollan los futbolistas es muy parecida a la que desarrollan los boxeadores” nos cuenta el doctor Moltó y continúa explicando que se debe a que “darte golpes crónicamente en la cabeza supone un riesgo mayor de tener algún tipo de enfermedad neurodegenerativa”. No obstante, todavía se desconoce cuantos golpes son necesarios para que el botón de encendido de la enfermedad se active, especialmente en el caso de los futbolistas, donde “la evidencia de demencia asociada con los traumatismos no es tan llamativa” continua el doctor. El problema de establecer un número de cabezazos aceptables que no comprometan la salud es que “es algo muy difícil de cuantificar” relata Moltó, “sabemos que hay algunas personas a las que se ha demostrado una serie de cambios en el cerebro asociados a esta práctica y han desarrollado una encefalopatía traumática crónica, pero no sabemos cuantas veces han rematado o cuantos traumatismos han sufrido” continúa el especialista.

Llevamos el casco incorporado

Resultados como los que se han publicado en este estudio hacen saltar las alarmas y reabren un debate incómodo, especialmente en las altas esferas deportivas. Y aunque pueda parecer un problema reducido a los deportistas de élite no deja de ser preocupante a un nivel más mundano. En nuestro país jugamos todos al fútbol, deporte patrio donde los haya, en sus infinitas versiones: fubito, la liga del barrio, en la playa… ello hace que inevitablemente nos planteemos si podemos ser víctimas de demencia pugilística también. Tranquilos hipocondríacos, el doctor Moltó nos explica lo que pasa dentro de nuestra cabeza tras un cabezazo futbolero… y no es para tanto: “el cerebro es una sustancia gelatinosa consistente metida dentro de una caja dura, cuando recibimos un impacto, nuestro cerebro se vapulea dentro de la cabeza. El hecho de que no esté quieto dentro del cráneo le confiere capacidad de amortiguación y absorción del golpe”. Y a no ser que nos demos un golpe de mucha intensidad con el que podríamos sufrir una “hemorragia cerebral o una contusión”, explica el doctor, si miramos una resonancia magnética de alguien que acaba de jugar un partido de fútbol (con impactos de menor consideración) “no vamos a ver nada” concluye Moltó.