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TOUR DE FRANCIA | 20ª ETAPA

Nairo puso a Froome contra las cuerdas en el Alpe d'Huez

Nairo puso a Froome contra las cuerdas en el Alpe d'Huez

EFE

El colombiano recortó 1:26 al líder y se quedó a 1:12 del maillot amarillo. El británico se coronará este domingo en París. Pinot ganó la etapa. Valverde acaba tercero en el podio.
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Nairo Quintana puso contra las cuerdas a Chris Froome en la penúltima etapa: 110 kilómetros con la Croix de Fer y el Alpe d´Huez. El colombiano lo intentó en el primer coloso y remató en el segundo. Desde abajo, como los grandes campeones, arrancó varias veces hasta que logró dejar descolgado al maillot amarillo. Primero le lanzó Alejandro Valverde, luego su compatriota Winner Anacona… Y a 5 kilómetros se marchó ya solo en un todo o nada por el Tour. Nairoman cruzó la meta a 18 segundos de Thibout Pinot, agónico triunfador; recortó 1:26 al maillot amarillo y se quedó a 1:12 de la victoria final. Una machada insuficiente para poder coronarse en los Campos Elíseos. Valverde, muy activo toda la jornada en favor de su jefe, logró mantener la tercera plaza del podio.

El Movistar se lio por fin la manta a la cabeza, apartó el conservadurismo de días anteriores y lanzó un órdago por el Tour de Francia. Valverde atacó en la Croix de Fer, a 58 km de la meta. Froome no entró en la provocación. Nairo arrancó dos kilómetros después en busca de su compañero. El africano tampoco entró al trapo y se mantuvo a rueda de Richie Porte, el único ciclista del Sky que se mantenía en punta. Nairo y Valverde se juntaron con una sola idea entre ceja y ceja: el maillot amarillo. Pero el murciano no podía mantener el ritmo. Y Froome tampoco se puso nervioso, ni siquiera cuando demarró también Vincenzo Nibali. Alberto Contador ya se había rezagado a esas alturas: no tuvo un buen día. El líder puso su cadencia en los metros finales y resolvió en primera persona el apuro en el descenso.

El Tour recuperó la calma en los 40 kilómetros que restaban entre la cima de la Cruz de Hierro y la base del mítico Alpe d’Huez: el juez de la carrera. La situación era la siguiente: el fugado Alexandre Geniez, ganador de la etapa de Peyragudes en la Vuelta de 2013, era cabeza de carrera con 1:40 sobre Lars Bak y Nicolas Edet; 3:10 sobre un grupito con Pinot, Rolland, Plaza, Serpa, Hesjedal, Anacona y Navardauskas, y a 4:00 viajaba el pelotón de los jefes, que se había reagrupado con una veintena de corredores.

En las primeras cuestas de Alpe d’Huez, la suerte dio la espalda a Nibali, que sufrió una avería en un momento clave. El ‘Tiburón’ se iba a jugar el podio con Valverde, de quien le separaban 1:19 minutos. Más a menos a la par, Nairo Quintana arrancó la moto. Desde abajo. Si quería ganar el Tour de Francia, no le quedaba otra. Hasta dos veces saltó el colombiano. Y en ambas obtuvo inmediata respuesta de dos gregarios del Sky. El maillot amarillo iba bien arropado, a pesar de la soledad que sufrió en la Croix de Fer.


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A 10 kilómetros, el equipo telefónico cambió de táctica y atacó Valverde. El murciano no preocupaba al líder y no provocó ninguna reacción inmediata del Sky. Poco después saltó Nairo en busca de su compañero. La imagen de la Cruz de Hierro se repetía. Dos ciclistas del Movistar contra tres del Sky. En la fuga, curiosamente, otros dos del FDJ: Geniez y Pinot. Tres escuadras a la conquista de la gloria. La etapa, el Tour, el podio… Todo o nada. Valverde cedió, pero al colombiano todavía le quedaba su compatriota Winner Anacona por delante. Más oxígeno. La carrera estaba patas arriba en sus últimos kilómetros.

Thibout Pinot rodaba en cabeza en busca de su propio premio, giraba la cabeza y pedía referencias al cámara de televisión, al estilo de otros bravos ciclistas franceses como Richard Virenque o Thomas Voeckler. Por detrás volaba Nairoman, que ya sacaba más de un minuto al keniano nacionalizado británico. Froome sufría, pero mantenía el tipo. Ya habíamos vivido esta temporada una situación parecida en el Giro con Alberto Contador, que también supo dosificar los esfuerzos y auparse en Milán.

Pinot ganó la etapa. El francés, tercero en el Tour del año pasado, había venido a la carrera con mayores ambiciones, pero este triunfo de prestigio en el Alpe d’Huez compensa en gran parte sus sinsabores. A Nairo Quintana le faltaron 18 segundos para echarle el guante. A esas alturas ya sabía que no iba a ganar la etapa ni el Tour, pero se había apoderado de la admiración del aficionado. Igual que Valverde, que con 35 años remató con lágrimas en los ojos su gran sueño de subirse al podio. Y lo hizo, además, trabajando para un líder. Liberado de presión.

Al inicio del Tour, todos los análisis coincidían en una cosa: el colombiano era el gran favorito si lograba superar sus daños la primera semana de carrera, con pavés y viento, entre otras trampas que encandilan a los clasicómanos. Pues bien, Nairo cedió 1:26 en la segunda etapa, en los abanicos de Zelanda. El dato es quizá oportunista, pero las cuentas cuadran. Froome, por su parte, se ha mostrado más regular en todos los terrenos. Ha ido de más a menos, pero ha sabido explotar sus grandes momentos y sufrir en los malos. Hay que felicitarle: Froome se coronará por segunda vez en los Campos Elíseos. Y eso no lo hace cualquiera.

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