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Sergio Paz termina el 65º de la general con un solo brazo

TITAN DESERT

Sergio Paz termina el 65º de la general con un solo brazo

Sergio Paz termina el 65º de la general con un solo brazo

“Aquí he aprendido hasta dónde puedo llegar”, cuenta Sergio Paz, un catalán de 40 años que ha competido con una prótesis en su brazo amputado.

Se trata de una de las carreras más duras del mundo, pero no existen obstáculos para quien se proponga finalizarla, aunque no sea profesional. Incluso en una posición tan encomiable como el 65º de entre más de 300 participantes en la Titan Desert, después de 59 horas y 59 minutos. Él es Sergio Paz, un catalán de 40 años y aficionado al ciclismo desde hace apenas tres años. Si todo esto ya es de por sí meritorio, alcanza lo épico en su caso, ya que tiene un brazo, el izquierdo, amputado.

“Sufrí un accidente laboral a los 16 años”, explica Sergio a AS. “Antes y después de la amputación, jugaba a fútbol, en equipos regionales. Y lo dejé hace solo tres temporadas”, desgrana. Fue entonces cuando fijó su atención en el ciclismo amateur. “Empecé con pequeñas salidas con los amigos, sin más pretensiones que pasar un domingo fuera. Pero me di cuenta de que la bici me quitaba el gusanillo del fútbol”, comenta, aunque ahora compagina ambos deportes como entrenador de un equipo de juveniles. “Todo cambió el día en que me apunté a una carrera en Bellmunt del Priorat. Me enganchó para siempre”. A partir de ese instante, comenzó a ir a carreras de un día en Teruel, Fraga… “Mientras más duras son, más me gustan”. Y así es como se entiende que la Titan Desert se cruzase en su camino.

Sergio marcha en bicicleta con una prótesis en el brazo amputado, de modo que le permita equilibrar el manillar. El problema, en una carrera de montaña y con un trazado repleto de gravilla, pequeñas rocas o las dunas del desierto es que no puede levantarse ni un segundo del sillín. “Estoy acostumbrado al asfalto y allí sí puedo, pero el recorrido de la Titan es muy inestable y he acabado con muchos problemas en los glúteos”, apunta. Una adversidad añadida, que lejos de desilusionarle, le impulsa a seguir adelante. “Los retos como la Titan me atraen. Aquí he aprendido hasta dónde puedo llegar, cuáles son mis límites”.

No es su primera experiencia, pues participó en 2011 (poco después de estrenarse sobre la bici), ocupando el puesto 145, y no pudo repetir la pasada edición porque, a dos semanas de arrancar, sufrió una fractura en el hombro derecho. Pero ha regresado, gracias además al patrocinio de un humilde comercio de su pueblo, Constantí, la pescadería Savall, demostrando que desde abajo y paso a paso, pero con firmeza, se puede superar cualquier adversidad.

Tal es esta realidad que en la etapa final de esta Titan incluso participaron un grupo de cuatro personas con fuertes discapacidades e incluso uno con parálisis cerebral (todos con sus respectivos guías), que marcharon en silla de ruedas y pedales en las manos. Su intención era probar si el trazado es factible para disputar íntegramente la carrera el año próximo. Pero eso ya será otra historia.

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