Ya nadie se cree a Zion
El jugador de los Pelicans cuaja buenas actuaciones, pero el proyecto de la franquicia está obsoleto y es víctima de una figura que ya no es fiable.

La única noticia que se puede resaltar de Zion Williamson desde hace ya bastante (o demasiado, mejor dicho) tiempo es el hecho incuestionable de que ha dejado de ser noticia. Ya nadie se cree, aunque tenga momentos destacados, a esa eterna promesa que ha dejado de serlo y que fue el número 1 del draft de 2019, llegando a para rescatar a unos Pelicans en descomposición que acababan de perder a Anthony Davis y a instaurar una nueva era en la mejor liga del mundo. Nada de eso ha ocurrido y la otrora estrella (si es que alguna vez lo ha sido) se ha dedicado a estar lesionado la mayor parte del tiempo y a acumular estadísticas vacías cuando ha estado sano, mientras secuestraba económicamente a la franquicia con contratos extraordinariamente excesivos y dejaba la vida pasar sin la pena que existe y la gloria que debería existir, pero que nunca ha existido.
Zion está inmerso en su sexta temporada como profesional (de siete posibles) y sólo ha superado los 65 partidos (la barrera para optar a los premios individuales del último convenio colectivo, que no estaba en marcha cuando el jugador llegó a la NBA) en una, la 2023-24, cuando llegó a los 70 pero se lesionó en el play in contra los Lakers. La otra en la que superó los 60 fue en su año sophomore, cuando llegó a los 61. El resto, de 30 o menos, incluida una completa en blanco, la 2021-22. Y ni rastro de la estrella que reventaba récords y aros en el instituto y en Duke, coleccionando todos los premios individuales habidos y por haber. Y diciendo adiós a su etapa universitaria antes de tiempo, el 20 de febrero de 2019, meses antes del draft, por la primera de sus graves lesiones. Lo que ya había conseguido le permitió ser número 1 y ser una absoluta promesa. Pero la historia, desde luego, no fue nunca por ahí.
A estas alturas de la temporada, Zion ha disputado 29 partidos (los últimos 19 de forma consecutiva, una anomalía en su caso) de los 41 que ha jugado su equipo. Promedia 22,8 puntos, 5,7 rebotes y 3,4 asistencias por encima del 57% en tiros de campo. Ha superado la veintena de tantos en 17 ocasiones y la treintena en otras cuatro y lideró (de suplente, ojo) a los Pelicans a una racha de cuatro victorias consecutivas del 14 al 22 de diciembre que fue un absoluto y mero espejismo. La franquicia de Nueva Orleans ocupa la última posición de la Conferencia Oeste y tiene el peor récord de la NBA (10-35). Y suma 13 derrotas en los últimos 15 partidos, un desastre absoluto que empezó con un Willie Green ya despedido (2-10 de inicio) y continúa con un James Borrego que tampoco es que haya apañado mucho la situación: 8-25.
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Y todo esto, en parte, es culpa de un Zion que ha secuestrado económicamente a la franquicia, que tiene la culpa de haber apostado por él cuando ya veía que su físico era el que era. El ala-pívot firmó un contrato garantizado de casi 200 millones en cinco temporadas que empezó en 2023, este curso se llevará casi 40 millones y esa cifra será superada en los dos años siguientes. Y es un jugador particular, sin lanzamiento de tres ni una habilidad resaltable para el pase a pesar de su tiempo de bote y que ocupa demasiado tiempo la zona. Esto, unido a su interminable historial de lesiones, le convierte en un elemento muy difícil de incluir en un traspaso. Y los Pelicans, parte de un mercado minúsculo como Nueva Orleans, que atrae a pocos o a ningún agente libre, tienen que pensar en el mejor modo de empezar de cero. Y esto, antes o después, será sin Zion Williamson. Una estrella que nunca lo ha sido. Y un jugador en el que ya nadie cree.
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