Una hazaña imposible de repetir
Se cumplen 66 años de la mayor anotación de la historia de la NBA. Un récord que a día de hoy sigue siendo intocable, y que cada vez parece más imbatible.

El 2 de marzo de 1962, hace 66 años, Wilt Chamberlain hizo historia; anotó 100 puntos en un partido de la NBA, en un duelo entre Philadelphia Warriors (equipo del pívot) y New York Knicks. Un partido con un resultado tan abultado como elevado (169-147) quedó para el recuerdo como la única vez en la que un jugador sumó tres dígitos de puntos. Ese día, no contento con haber logrado el máximo registro histórico de anotación, Chamberlain capturó 25 rebotes. Nada de esto fue televisado, por lo que no existe un vídeo de la hazaña. Sin embargo, hay fotos, artículos y hasta un archivo de audio del último cuarto; el momento en el que se gestó el récord: “¡Lo hizo! ¡Lo hizo! ¡Anotó la canasta! ¡Los aficionados se tiran al suelo! El partido está parado; la gente está invadiento la pista. ¡100 puntos!”
La historia afirma que, en efecto, meter 100 puntos en un partido de baloncesto es posible; Wilt lo hizo. Pero, ¿es algo que se pueda repetir? Ahí la respuesta se vuelve más complicada. Las circunstancias del día de esta marca fueron únicas; la cantidad de casualidades que se tienen que dar para que algo así ocurra son extremadamente complejas y poco comunes. Muchos jugadores han logrado firmar partidos que iban, al menos, en camino de batir este récord, pero en algún punto del camino se cayeron completamente; los 100 puntos siguen siendo un mito inalcanzable. La pregunta es; ¿cuáles son dichas circunstancias y por qué no ha vuelto a ocurrir en casi siete décadas?
Esta temporada, el pasado 10 de febrero, Victor Wembanyama firmó un inicio digno de batir el récord. Dejó las pautas necesarias para lograrlo, pero la carrera de fondo fue (como siempre) el factor decisivo que le alejó de la hazaña. Wemby metió 25 puntos en los primeros ocho minutos del partido; claramente dentro del ritmo necesario para llegar a los 100. Si había una noche para lograr esta hazaña parecía ser esa: los Lakers contaban con muchísimas bajas y nadie podía parar al francés, verdaderamente parecía un adulto jugando contra niños. Sin embargo, J.J Reddick ajustó la defensa para evitar que el gigante siguiera apilando puntos; y al final, entre el ajuste y la gran diferencia en el marcador a favor de los Spurs, Wembanyama no jugó en el último cuarto y acabó (únicamente) con 40 puntos; 25 en los primeros ocho minutos y 15 en los cuarenta restantes. Además, jugó bajo una restricción de minutos (26) que de primeras impedía cualquier atisbo de esperanza de cara a superar el récord.
Para que los 100 puntos se acercan a la realidad, se deberían dar todas las siguientes circunstancias a la vez: un talento inconmesurable que sea capaz de meter tantas canastas, un inicio eléctrico, jugar los suficientes minutos para que de tiempo a meter todos los puntos, que la defensa sea incapaz de ajustar para parar al jugador, un partido igualado hasta el final y que el jugador acabe el encuentro igual que lo empezó; de forma imparable. Que pasen varias de estas cosas a la vez es algo rutinario en grandes explosiones de anotación, pero que se junten todos los factores es algo, como la propia historia dice, irrepetible; al menos por ahora. Aun así, sí ha habido partidos que se han acerdado en cierta medida a esta hazaña; al menos queda demostrado que está dentro del reino de posibilidades que abarca un partido.
El 22 de enero de 2024, Karl-Anthony Towns se quedó a mitad de camino, pero por momentos, su viaje hacia los 100 fue mejor encaminado que el de Wilt. El pívot (por aquel momento jugador de los Timberwolves) firmó la mejor primera parte anotadora de la historia de la NBA; 44 puntos en los primeros 24 minutos. No se sabe el ritmo exacto al que Chamberlain progresó hacia su récord, pero sí se conoce con cuántos puntos acabó cada cuarto. Al descanso del mítico partido, Wilt había anotado 41 puntos, tres menos que Towns, que se mantuvo por delante de Wilt hasta mediados del tercer periodo. Sin embargo, se fue al banquillo con 18 minutos para acabar el partido y no volvió hasta que quedaron cuatro; acabó con 62. El tiempo en pista fue el factor decisivo. De hecho, los Wolves acabaron perdiendo el partido (128-125), por lo que Towns debió jugar más minutos, no solo por acercarse más al récord, si no por ayudar a su equipo a ganar. Al final, ni una cosa ni la otra.
Cuatro días después, el 26 de enero del mismo año, Devin Booker metió 31 puntos en los primeros 13 minutos del partido; tres cuartos enteros para anotar los otros 69. Sin embargo, se pasó los siete siguientes minutos en el banquillo y llegó al descanso con (solo) 37 puntos; acabó el partido igual que Towns, con 62. Pero hubo un inicio aún mejor. El 23 de noviembre de 2016, Kevin Love firmó el mejor primer cuarto de la historia de la liga; 34 puntos. Wilt solo había metido 23 en ese punto de su legendario partido. Sin embargo, la caída de Love fue estrepitosa, no volvió a meter un punto hasta mediados del tercer cuarto, y acabó con 40 puntos. Empezar un partido a ritmo de 100 puntos es algo extremadamente raro, pero mantener ese nivel durante todo el encuentro es, prácticamente imposible. A partir de mediados del tercer cuarto suele haber un punto de inflexión desde el cual el récord siempre se aleja más de lo que se acerca. Además, el ego del equipo contrario también aflora; nadie quiere ser la otra cara de un nuevo récord histórico de anotación.
La paradoja del récord
El 22 de enero de 2006, Kobe Bryant anotó 81 puntos; la cifra más cercana a la intocable marca de Wilt. Pero aunque el número final es el más similar, ‘la mamba’ solo llevaba 53 puntos al final del tercer cuarto. El factor diferencial que le hizo llegar a los 81 fue la necesidad de cada uno de los puntos para la victoria de los Lakers, que solo ganaban por seis puntos con 12 minutos por disputar. La realidad es que la mayoría de partidos que se pueden acercar mínimamente a los tres digitos de anotación individual se caen por su propio peso debido a que, casi siempre, el equipo del un jugador que lleva alrededor de 60 puntos tras tres cuartos tiene una ventaja tan grande que no hace falta que juegue el último. Es la paradoja del récord: cuántos más puntos lleva un jugador, más fácil es que su equipo tenga una ventaja amplia, y más difícil es que dicho jugador se mantenga en el partido para seguir anotando. Por eso Kobe se quedó tan cerca, porque su equipo necesitó todos sus puntos para poder ganar.
Tan solo un mes antes, el 22 de diciembre de 2005, los Mavericks habían anotado 60 puntos tras tres cuartos ante los Lakers; Kobe llevaba 62 en el mismo momento del partido. En la noche de su récord, Wilt había metido 69 al final del tercer periodo. Parecía un partido que le iba a acercar más al récord que su propio intento más cercano; los 81. Sin embargo, los Lakers ganaban por 34 puntos entrados al último cuarto, y Bryant no volvió a pisar la pista en lo que quedaba de partido. Otro caso similar ocurrió el 30 de noviembre de 2019. James Harden, quien promediaba 40 puntos por partido por aquel entonces, también llegó a la marca de los 60 tras tres cuartos. Pero la diferencia es aún más exagerada en este caso, los Rockets ganaban de 54 (73-127); era imposible que ‘la barba’ volviera a salir a la pista. Pero quizás el intento más cercano a nivel estadístico fue el de Klay Thompson el 5 de diciembre de 2016, que tras firmar el cuarto de mayor anotación en la historia (37 puntos) llegó a los 60 a falta de tres minutos para acabar el tercer cuarto. Klay solo había disputado 29 minutos; quién sabe lo que hubiera pasado si hubiera jugado los 48... Por todo esto, para lograr la hazaña imposible, haría falta romper una regla no escrita, que dice que un jugador no puede jugar el último cuarto si el partido está decidido con el único fin de perseguir un récord; está mal visto y simplemente no se hace.
El superhombre
El cansancio, demasiado tiempo en el banquillo y ciertos momentos en los que los tiros no entran son factores suficientes para prevenir una barbaridad de esta magnitud. Para lograrlo, absolutamente todo tiene que ser perfecto, algo muy poco humano. Pero Wilt era un superhombre; un jugador único en la historia. El día del récord jugó todos y cada uno de los minutos del partido. Es más, esa temporada jugó prácticamente todos los minutos de todos los partidos; disputó 3.882 minutos de los 3.890 posibles, solo ocho minutos se quedaron por el camino. Estaba más que preparado para una hazaña de este calibre; ese día no se cansó porque nunca estaba cansado. Además, todo el resto de factores entraron en juego. El pívot titular de aquellos Knicks, Phil Jordan, no disputó el partido por enfermedad, y el suplente, Darral Imhoff, fue eliminado por faltas en los primeros 20 minutos del choque. El único interior que quedó para defender a Wilt fue Cleveland Buckner, un novato de apenas 2,05 metros de altura que afrontaba su partido número 57 como profesional. El joven estaba tan desesperado que tras una falta a Wilt se giró hacia los árbitro y gritó: “¿Por qué no le apuntáis ya los 100 (puntos) y nos vamos todos a casa?”
Antes de llegar a la marca de las marcas, Wilt ya se había quedado relativamente cerca. El 8 de diciembre de 1961, el pívot metió 78 puntos (con tres prórrogas de por medio) pero perdió ante los Lakers (151-147). Aun así, quedaban 22 para los 100 puntos; solo se podía llegar con ciertas circunstancias creadas de forma artificial. En el partido de los tres dígitos, los Warriors ganaban por 19 puntos a los Knicks entrados al último cuarto; Wilt llevaba 69 puntos. Si ese partido ocurriera hoy, probablemente el pívot no podría acercarse a su marca debido que pasaría varios (o todos) los minutos del último periodo en el banquillo. Pero este no fue el caso de Chamberlain; no solo disputó todos los minutos del último cuarto, sino que su único objetivo (y el de todo el equipo) era hacerle llegar a los 100 puntos. Durante el descanso (Wilt llevaba 41), Guy Rodgers, base de aquellos Warriors, insistió en una frase: “Vamos a darle el balón cada jugada, a ver a cuántos (puntos) llega”.
En un intento desesperado para evitar la marca, los jugadores de los Knicks comenzaron a hacer faltas de forma intencionada a cualquier jugador que no fuera Chamberlain, además de extender lo máximo posible cada jugada en ataque, con el único objetivo de quemar el reloj del partido; perder parecía un mal menor comparado con recibir 100 puntos de un jugador rival. Sin embargo, el entrenador de los Warriors, Frank McGuire, optó por replicar la táctica: mandó a sus jugadores hacer faltas a los Knicks en cada jugada; parar el tiempo lo máximo posible para que Wilt tuviera más posesiones. Un cuarto completamente surrealista; 12 minutos de faltas constantes de unos y otros con un objetivo totalmente contrario. Joe Ruklick, jugador de los Warriors, llegó a pensar en fallar un segundo tiro libre a propósito para que Chamberlain pudiera coger el rebote y llegar a 102 puntos. Pero al final, tras nueve minutos con el partido parado por la hazaña, Wilt no tocó el balón durante los 46 segundos restantes, porque, en palabras del protagonista: “100 sonaba mejor que 102″. Una hazaña legendaria, única, y por lo que la historia ha demostrado, al menos por ahora, imposible de repetir.
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