Una cita con la historia para Mara
Michigan y UConn juegan una final inédita en la que la máquina de triturar de los primeros pasa el examen definitivo contra la capacidad de supervivencia de los Huskies.


Aday Mara cumplirá mañana 21 años, y lo hará en el epicentro del deporte estadounidense, bajo un foco tan mediático que tiene poca comparación más allá de la intocable Super Bowl. Es, obviamente, todavía muy joven, pero ya ha hecho mucho camino: primero dejó su Zaragoza natal para irse a UCLA, la universidad de gigantes históricos como Kareem Abdul-Jabbar (entonces, todavía Lew Alcindor) y Bill Walton y en la que precisamente sus 221 centímetros fueron un problema: Mick Cronin, un entrenador tozudo, prefería otro tipo de jugador interior y no era capaz de encontrar una gran utilidad a un jugador con trazos de único, de unicornio: porque a su obvia capacidad de intimidación (2,31 de envergadura) suma un toque en ataque que tiene cosas de dulce vieja escuela, de pívot de los de antes. Y de los buenos: juego de pies, lectura rápida y visión para el pase, finura para finalizar…
Después de dos años frustrantes con Cronin, Mara hizo las maletas, para disgusto de muchos aficionados de UCLA que solían corear sus minutos en pista porque veían que ahí había algo. Un talento diferente: Mara saltó a Michigan, un bastión del Midwest, para jugar con un entrenador, Dusty May, que sí quería contar con él y, sobre todo, que sí sabía qué hacer con él. El resultado es que Mara ha sido titular (de 13 minutos de media la pasada temporada a más de 23 esta), con nivel de pívot estrella y una exhibición en el mejor momento, en la semifinal de la Final Four de Indianápolis, en el Lucas Oil Stadium de los Colts (NFL) que acoge, en su versión de recinto de baloncesto, a más de 70.000 aficionados. Allí, en pleno rugido del Midwest, Mara trituró a Arizona, para muchos la principal favorita. 26 puntos (11/16 en tiros), 9 rebotes, 3 asistencias y dos tapones para el primer español en una Final Four. Esta noche (02:50), el primero en una final por el sacrosanto título nacional universitario. Será contra UConn. Wolverines contra Huskies. Además, este es un caso perfecto de don de la oportunidad: la semifinal fue el primer partido de Mara en College con más de 25 puntos.
Michigan solo ha ganado un título en el March Madness, la locura de marzo; fue en 1989, y lleva desde 2018 sin jugar la final. Por el camino ha perdido ocasiones únicas, las más recordadas las dos que se les fueron al limbo (1992, 1993) a los Fab Five, el maravilloso equipo contracultural que lideraban Chris Webber y Jalen Rose. Ni siquiera su Conferencia, la Big Ten, se ha apuntado una Final Four desde que lo logró Michigan State en 2000, cuando no había cumplido cinco años un Mara que ahora sube como la espuma de cara al próximo draft. Si sus dos años en UCLA opacaron su futuro en la NBA, porque parecía un jugador de otro tiempo para una liga de mucho ritmo, mucho triple y constantes cambios defensivos que parecía no tener un rol protagonista ya para jugadores como él, este curso ha demostrado que siempre hay cosas que hacer con jugadores como él. Hace unos meses en el final de la primera ronda o el inicio de la segunda en muchas previsiones, ahora Mara ha dado zancadas hacia la zona de los lottery picks (top 14) en uno de los draft de más nivel, a priori, de la historia reciente.
Y todavía los expertos no han calibrado el efecto, tal vez en versión tsunami, que el torneo nacional, y esta Final Four, van a tener en su proyección. El top 10 es ahora una opción muy real: en las últimas horas, por ejemplo, Yahoo lo coloca en el 18 y NBA Draft Room, en el 13. Si juega en la final como contra Arizona, ese será seguramente su suelo y no su techo. Para muchos, hay pocos pívots mejores de cara al draft 2026. Y sus virtudes, las que le convierten en un jugador tan especial, merecen (sobre todo en elecciones más allá del top 5) una buena oportunidad mucho más de lo que deberían preocupar sus posibles limitaciones. Así que el top 15 parece un rango nada irreal para Mara, algo que solo han alcanzado para el baloncesto español Pau Gasol (3), Ricky Rubio (5), Fran Vázquez (11) y Juancho Hernangómez (15). La cosa va de pívots españoles: en unos días, Awa Fam puede reventar incluso el techo de Pau en un draft de la WNBA en el que tiene serias opciones de ser número 1.
Mara puede, además, salir en la foto de la mejor Michigan de siempre y uno de los equipos más dominantes de la historia reciente de la NCAA: sus Wolverines han ganado los cinco partidos del torneo por más de diez puntos y anotando en todos al menos 90. Algo nunca visto. En 36-3, han llegado ya al máximo número de victorias de su universidad, que ganó en 1989 con un equipo que no estaba entre los grandes favoritos pero entró en calor en el momento oportuno con Glen Rice como estrella. Pero queda una victoria, la principal para un equipo que ya patinó en la final de su Conferencia, una derrota fea contra Purdue, y que, en el gran torneo nacional, es experto en semifinales (7-1 ahora) pero un mal jugador de finales (1-6).
Los Huskies de Hurley, la prueba definitiva
Arizona parecía un equipo tan bueno o mejor que Michigan hasta que fue triturada por, seguramente, el mejor frontcourt de América: Mara, el rocoso Morez Jonhson y Yaxel Lendeborg, la gran estrella que acabó la semifinal con problemas de tobillo y rodilla, asunto a tener muy en cuenta de cara al duelo decisivo de hoy. UConn, en cambio, es un tipo de rival distinto, un peligro reptante de la Big East (34-5 hasta ahora) que, por encima de todo, sabe cómo ganar este tipo de partidos: busca su tercer título en cuatro años, algo que no ha conseguido nadie desde la histórica UCLA de John Wooden hace seis décadas. El que la convertiría en la gran dinastía de esta era. Y el séptimo en total, con el que adelantaría a North Carolina y quedaría solo por detrás de Kentucky (8) y esa todavía intocable UCLA (11). Si se suele discutir el lugar de los Huskies, el equipo de una universidad antaño poco relevante y de espíritu agrícola, entre las llamadas blue bloods, las universidades de alcurnia histórica y sangre real, este partido puede cerrar definitivamente el debate.
UConn ha ganado sus últimos 19 partidos del Sweet 16 (los octavos de final) en adelante, su última derrota en uno de los últimos cuatro del torneo en la semifinal de 2009. Y está avanzando por atrición, a base de sufrimiento y competitividad, con finales increíbles como el que fulminó a la favorita Duke en la final regional (Elite 8). Y con un estilo idóneo para un partido por el título que contrasta con la maquinaria de aplastamiento de Michigan, que entre cuartos y semifinales ha apilado un +51 que es la mejor marca desde el +53 de UCLA en 1968. UConn no había ganado ningún título hasta 1999 pero ya tiene seis. Y es un caso único por ser capaz de tener uno de los mejores equipos del país de forma sostenida en categorías masculina y femenina: 33 Final Four y 18 títulos. Este año han vuelto los dos equipos a semifinales, pero el femenino encalló ahí, en su defensa del título de 2025, contra South Carolina.
Tarris Reed Jr (pívot de 22 años y 2,11) y Alex Karaban (forward de 23 y 2,03, campeón en 2023 y 2024) tendrán que frenar la superioridad en las zonas desde la que Michigan suele dinamitar los partidos. A partir de ahí, los Huskies lo fiarán todo a su tiro exterior, irregular pero letal en los días buenos: Solo Ball, Silas Demary, Karaban y un Braylon Mullen que es especialista en meter tiros decisivos; y a bajar el ritmo hasta lo reptante. De todas las universidades del país en esta temporada, el pace (volumen de posesiones) de Michigan era el número 22 y el de UConn no aparece entre los 300 primeros.
Así que definitivamente será una lucha de estilos entre dos tremendos equipos defensivos con dos líderes muy diferentes: Dusty May (49 años) es una aparición refrescante, un entrenador flexible e inteligente que está entrando en la elite del valoradísimo nivel College: su última extensión de contrato le da una media de 5,1 millones de dólares del año. Gigantes como North Carolina lo tienen en el radar, incluso para la próxima temporada aunque tiene contrato hasta 2030. Su homónimo en UConn es el mucho más mediático Dan Hurley (53), que firmó una extensión de 50 millones por seis años después de ganar los títulos de 2023 y 2024 y de airear una oferta de los Lakers, que intentaron ficharle antes de firmar a JJ Redick.
Hurley, un tipo de formas abrasivas en el banquillo y ante los micrófonos, confesó que el año pasado, cuando su equipo cayó en segunda ronda, le pudo el “ego” y el deseo de alcanzar el threepeat, algo improbable en el baloncesto universitario. Siente que eso ha quedado atrás y, ahora, reconoce que este grupo de 2026 no gana en “tardes felices” ni con “una máquina de aplastar”. No, estos Huskies sufren y encuentran formas de sobrevivir con un estilo de confección también opuesto al de Michigan. En su caso, con una línea más continuista, jugadores con más recorrido dentro del programa y altas bien seleccionadas. Michigan es, en cambio, el ejemplo perfecto de los nuevos tiempos: cuatro de los cinco titulares indiscutibles llegaron para esta temporada a través del transfer portal: Mara (desde UCLA). Lendeborg (UAB), Johnson Jr (Illinois) y el base Elliot Cadeau, que viene de North Carolina y se ha especializado en enviar alley oops a Mara.
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En todo caso, estos dos equipos son un perfecto ejemplo de adaptación a unos tiempos en los que la NCAA funciona, ya prácticamente a todos los efectos, como una competición profesional más y en la que lo jugadores eligen destino, muchas veces cada año, por ahora sin limitaciones a través del llamado transfer portal, el que usó Mara par ir de California a Michigan. Y que cobran salarios superiores en el caso de las grandes estrellas a los de los mejores jugadores de la Euroliga gracias a los derechos NIL (name, image, likeness: lo que produce su imagen a nivel de patrocinios y publicidad) y las cantidades (antes anatema) que ya pueden pagar de forma legal y directa las universidades. Entre todas, se estima que en esta temporada de baloncesto se han invertido más de 932 millones en jugadores a través de los NIL. Michigan ha pagado unos 10 por su plantilla (Mara se lleva más o menos un millón y Lendeborg, probablemente más de tres) y UConn pone unos 32 para sus equipos masculino y femenino. ¿Funciona? Eso parece, aunque la histórica Kentucky ha invertido 22 y se estrelló en segunda ronda, muy lejos de la final que hoy decidirá el nuevo campeón en un duelo inédito en el torneo nacional. La gran irrupción o la nueva dinastía: Wolverines contra Huskies.
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