NBA | Sacramento Kings

Un desastre de dimensiones épicas

Tras regresar a playoffs en 2023 y acabar con 16 años de ausencia, los Kings se vuelven a hundir sin remedio y pasan de la esperanza al pozo más hondo de la NBA.

Un desastre de dimensiones épicas
Jerome Miron
Alberto Clemente
Redactor de Baloncesto
Alberto Clemente es licenciado en Historia y Periodismo por la Universidad Rey Juan Carlos. Empezó su andadura en el periodismo en Cadena SER, donde estuvo de mayo de 2018 a enero de 2019, desempeñando sus funciones en la web, dentro de la sección de deportes. Tras dicha estancia, pasó a formar parte de As, siendo parte de la sección de baloncesto.
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En 2023, se puso punto y final a una de las peores rachas del deporte estadounidense. Los Kings regresaban a playoffs tras 16 años de ausencia, un récord negativo sin precedentes en la NBA. Con Mike Brown en el banquillo y Domantas Sabonis de epicentro de un sistema cortoplacista pero funcional, De’Aaron Fox lanzando sin pudor desde la línea de tres y una plantilla compensada y bien dirigida, la maldición de la franquicia llegó a su fin: 48-34, tercer puesto de la Conferencia Oeste. Cayeron en primera ronda de playoffs ante lo que quedaba de la dinastía de los Warriors, ganando cada equipo todos sus partidos en casa hasta que en el séptimo Stephen Curry se citó por enésima vez con la historia y anotó 50 puntos para escribir un capítulo más de su leyenda.

Fue, a pesar de ese final agridulce, una temporada que terminó con sensaciones más que positivas para la entidad californiana, siempre a la sombra de un estado que come y bebe de los interminables Lakers y las portadas que siempre copan, para bien o para mal. Los Kings había regresado por la puerta grande, Mike Brown fue elegido Entrenador del Año con justicia y se avecinaba una nueva era en Sacramento, de bonanza y esperanza, con la mirada puesta en un anillo cotizado por todos y conquistado sólo por uno. En una NBA tan abierta, que lleva siete campeones diferentes en siete años, cualquier proyecto podía ver la luz en un intento de emerger e hincar la zarpa. Pero de la historia se puede pasar a la histeria en un santiamén. Y es lo que le ha pasado a un equipo que se ha hundido en el averno cuando sólo empezaba a ver la luz. Algo que pasa mucho, pero que les afecta especialmente a ellos.

Echando la vista atrás

Los Kings son una franquicia tradicionalmente perdedora, casada siempre con los intentos constantes de resurgir, convirtiendo sus músculos en efímeros y sus fracasos en pantagruélicos. Queriendo e intentando, pero no pudiendo. Históricamente eran una franquicia nómada, pero el éxito no les había acompañado allí donde viajaban, más allá de ese solitario anillo conquistado en 1951, cuando eran conocidos como Rochester Royals, en la prehistoria de la NBA. Ni en Cincinnati ni en Kansas consiguieron igualar semejante éxito, y desde la disputa de las finales del Oeste de 1981 habían vivido una crisis que se tradujo en solo tres participaciones en playoffs en 17 temporadas, todas ellas con la primera ronda como tope y en una tendencia que se mantuvo con el último cambio de ciudad, esta vez a Sacramento, en 1985.

La llegada a los despachos de Geoff Petrie en 1995 vino acompañada de cambios que convirtieron a los Kings en aspirantes. Escaparon de la mediocridad con la llegada de Rick Adelman y Jason Williams en 1998, mismo verano que utilizaron para fichar a Vlade Divac y traspasar a Mitch Richmond (uno de los héroes de la franquicia) por Chris Webber. Estas adquisiciones coincidieron con la llegada del alero Peja Stojakovic, quien había sido seleccionado en el draft de 1996. Todos estos movimientos permitieron a Petrie ser nombrado Ejecutivo del Año en 1999 y 2001, justo antes del traspaso de Williams y el broche de oro para una plantilla que ya lo tenía todo para ganar. La violación de la política antidrogas del ingenioso base y sus problemas con Adelman, impulsor de su salida, hicieron que llegara Mike Bibby. Y el equipo permitió a la NBA volver a presumir del juego más cautivador del planeta.

Con Adelman, los Kings se convirtieron en un aspirante perenne y un asiduo a los playoffs, a los que llegaron en las ocho temporadas dirigidas por el mítico entrenador. Y tuvieron el anillo muy cerca: en 2002, en una temporada de 61 victorias, llegaron a las finales de Conferencia ante los Lakers de Shaquille O’Neal, Kobe Bryant, Phil Jackson y compañía. Fue una eliminatoria que marcó a una generación, con nombres propios, tiros ganadores, muchísima polémica y un séptimo partido con prórroga que los angelinos se llevaron en un Arco Arena repleto de cencerros. Las lesiones acabaron con el proyecto paulatinamente. Y, ni en su mejor momento de su estancia en la ciudad de Sacramento, los Kings consiguieron dar el salto a ese anillo con el que todo el mundo sueña pero que no todos consiguen.

Una resurrección efímera

Tras Adelman llegó una ausencia de 16 años, llegaron los playoffs de 2023 y la intención de que el proyecto fuera continuista y ascendente. Pero nada de eso: tras un inicio de 13-18, Mike Brown fue despedido y cogió las riendas Doug Christie, uno de esos históricos que jugó en su momento para Adelman. Pero las grandes figuras del pasado, como se descubrió con el nefasto p<aso de Vlade Divac por los despachos (en el que seleccionó a Marvin Bagley III y no a Luka Doncic ni a Trae Young) no valen para nada. Muchos se acuerdan también como salió por la puerta de atrás Tyrese Haliburton. Fox puso rumbo a los Spurs y los Kings llegaron a un 40-42 para caer en el segundo partido del play in ante (otra vez) los Warriors. Y las ínfulas de emerger se han enterrado definitivamente este curso.

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Los Kings tienen un récord de 14-49, son el peor equipo de la NBA y han tirado la temporada a la basura con media plantilla lesionada (el dubitativo Domantas Sabonis, el coleccionista de números Zach LaVine...). Son el segundo peor ataque de la competición, la tercera defensa más mala, los peores en porcentaje de triples, los quintos por la cola en rebotes, los sextos en asistencias y los novenos en porcentaje de tiros libres. Y el mayor atractivo del equipo consiste, tristemente, en ver los últimos coletazos y momentos de brillantez de jugadores que antaño eran referentes (en mayor o menor medida) de la competición, como DeMar Derozan (18,7 puntos por noche mientras roza el 50% en tiros de campo) o el infatigable Russell Westbrook (15,3+5,7+6,6 con 37 años), sin rendición en el ocaso. Poca cosa para una franquicia que pretendía emerger, pero cuya resurrección ha sido efímera. Y ha pasado a la nada. Un desastre de dimensiones épicas.

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